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Autor: Carlos Aguiar Retes, Obispo de Texcoco, Presidente de la CEM y José Leopoldo González González Obispo Auxiliar de Guadalajara | Fuente: Zenit.org - El Observador Mensaje de los obispos de México: «Servidores del Evangelio y testigos de la esperanza»
Al concluir los trabajos de la 83 Asamblea de la Conferencia del Episcopado Mexicano, los obispos de este país han emitido un comunicado en el que enfatizan la necesidad de diálogo, reconciliación, paz y justicia para México. A continuación, el texto comp
Mensaje de los obispos de México: «Servidores del Evangelio y testigos de la esperanza»
LAGO DE GUADALUPE, sábado, 21 abril 2007 (ZENIT.org-El Observador).-
*
* * 1. Los Obispos de México saludamos con gozo pascual
al pueblo de Dios y queremos compartirles nuestras esperanzas al
estar reunidos en la LXXXIII Asamblea Plenaria. Nuestra tarea pastoral
es la evangelización, porque hemos sentido la urgencia del Reino
y la llamada a ser testigos y apóstoles con nuestra
propia vida. Esta esperanza crece con la celebración de la
V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, a celebrarse
el próximo mes de Mayo, en Aparecida, Brasil, y nos
ayudará a fortalecer nuestra misión de ser discípulos y misioneros
de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.
En esta Asamblea, una
de las metas que nos hemos propuesto es iluminar la
nueva estructura pastoral de la CEM con la Carta Pastoral
del 2000, «Del Encuentro con Jesucristo a la solidaridad con
todos», la cual insiste de manera reiterada, en la conversión
y en la comunión eclesial.
2. Es claro que vivimos
un cambio de época donde los valores que sustentan el
modelo cultural vigente son cuestionados con diferentes argumentos y aparecen
antivalores como opciones que se presentan al ciudadano sin alternativas
y muchas veces violentando su libertad. Este cambio de época
trae consecuencias negativas como la ambigüedad y confusión al presentar
los valores del modelo cultural vigente, el abuso de la
libertad personal que conduce al libertinaje, y el debilitamiento de
las instituciones por el embate de la opinión pública. La
responsabilidad actual de los cristianos es lograr que los valores
del reino de Dios sean levadura en el proceso de
gestación del cambio de época o nuevo modelo cultural.
3.
Sin duda que muchos de los cambios que se han
dado en numerosos órdenes de la sociedad civil y política
han sido positivos y algunos dignos de elogio, como son
los signos mas expresivos en favor de la democracia. En
la Carta pastoral señalábamos nuestro aprecio por el sistema democrático,
aprecio que mantenemos firme, si bien no pocos manifiestan sus
dudas y hasta su desencanto. Sabemos que la democracia no
se agota en el proceso electoral, que exige la participación
activa de todos los ciudadanos y una recta concepción de
la persona humana, de su dignidad y de sus valores.
La Iglesia ofrece su colaboración en la conformación de un
verdadero estado democrático mediante la promoción y defensa de la
dignidad de la persona humana y sus derechos inviolables; en
la defensa de la libertad fundamentada en la verdad y
en el respeto mutuo, en la tolerancia y en la
solidaridad con justicia social.
4. Como actores relevantes en la
construcción de la democracia señalábamos a los jóvenes, a las
mujeres y a los pobres, quienes siguen esperando ocupar su
lugar propio y activo en la sociedad. A los jóvenes
se les debe ofrecer una educación rica en conocimientos y
principios que ordenan los valores hacia el desarrollo integral de
su persona. Las mujeres son merecedoras «del mayor reconocimiento de
la comunidad y de sus pastores… ellas han preservado y
consolidado la institución familiar apoyadas en su fe en Jesucristo
y el amor a la Iglesia, que han sabido transmitir
a sus hijos» (Carta, No. 411). Los hermanos pobres «no
son una minoría que deba tratarse bajo condiciones de excepción,
sino la gran porción de nuestro pueblo que anhela y
requiere condiciones dignas para su pleno desarrollo» (o.c. No. 415).
Entre los rostros del pobre hay que señalar con particular
énfasis a los hermanos migrantes de ambas fronteras y a
los indígenas, que están exigiendo un trato justo y humano,
respetuoso de sus derechos y de su dignidad.
5. En
el campo intraeclesial, queremos señalar la necesidad de «hacer de
la Iglesia la casa y la escuela de la comunión»
(NMI, No. 43) donde fieles laicos, consagrados, presbíteros y Obispos
se unan en estrechos vínculos de caridad y de acción,
mediante una nueva evangelización. Es además nuestro deber impulsar la
toma de conciencia de los fieles laicos acerca de su
vocación específica como «hombres y mujeres de Iglesia en el
corazón del mundo y hombres y mujeres del mundo en
el corazón de la Iglesia». Cuanto mayor empeño requiere la
participación social de un fiel laico católico, mayor es su
responsabilidad cristiana y las exigencias de su santificación. Este es
el «rostro laical» que necesita nuestra Iglesia.
6. El anuncio
del Evangelio es una invitación constante a la conversión, una
exigencia de toda la Iglesia -pastores y fieles-, que tiene
su centro en la santa Eucaristía, especialmente en la misa
dominical. La «iniciación cristiana» es un proceso de encuentro personal
con Cristo, mediante un itinerario de la formación en la
fe e integración a la vida de la comunidad. La
fe recibida por tradición que sostenía a los católicos de
antaño, no es ya suficiente. Los miembros de la Iglesia
deben saber dar razón de lo que esperan, de lo
que aman y de lo que creen, actuando en la
promoción de la verdad, la justicia y la paz en
la sociedad.
7. Los Obispos, como pastores del Pueblo de
Dios, compartimos nuestra preocupación sobre el tema de la vida
y recordamos que «una obligación primaria del Estado consiste en
velar y defender el derecho natural de todo ser humano
a la vida y a la integridad física desde la
concepción hasta la muerte. Si una ley positiva ‘priva a
una categoría de seres humanos de la protección que el
ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de
todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su
poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y
particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos
mismos del estado de derecho’» (o.c. No. 283). Ningún hombre
o mujer, profese la religión católica o no, debe apoyar
las propuestas sociales o políticas que favorezcan acciones contra la
vida como el aborto o la eutanasia. Debe constar con
toda claridad que «el aborto directo, es decir, querido como
fin o como medio, es un desorden moral grave, en
cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Ninguna circunstancia,
ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito
un acto que es intrínsecamente ilícito» (Juan Pablo II, Evangelio
de la Vida, 62).
8. En este mensaje quisimos sólo
señalar algunos de los graves problemas que tenemos pendientes, tanto
ustedes fieles hijos de la Iglesia como nosotros sus Pastores.
La tarea, para nadie es fácil, pero nos consuela siempre
la Palabra del Señor que, al despedirse de los suyos,
les dijo: «En el mundo tendrán tribulaciones. Pero ¡ánimo!: yo
he vencido al mundo» (Jn 16,33). Nosotros, los creyentes en
Cristo, nunca estamos solos. Tenemos la fuerza del Señor resucitado
que acompaña siempre a su Iglesia. Con esta confianza y
gozo pascual en nuestro corazón de pastores los saludamos con
afecto y les ofrecemos, en comunión con nuestra Madre, Santa
María de Guadalupe, nuestra plegaria y bendición. Por los Obispos
de México,
+ Carlos Aguiar Retes Obispo de Texcoco Presidente
de la CEM
+ José Leopoldo González González Obispo Auxiliar de
Guadalajara Secretario General de la CEM
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