 |
| La mujer en el mundo de la empresa |
Hoy en día son muchas las mujeres que trabajan.
Hay mujeres para todos los trabajos, y para todas las
profesiones. Y la mujer ha demostrado ser capaz de desempeñarlos
todos, o «casi» todos. Claro que cada una destaca y
se desarrolla en un determinado trabajo, aquel para el que
posee más talentos, cualidades y preparación. La mujer, hoy en
día, elige carrera y profesión como lo hace el varón.
Escoge determinados estudios según sus intereses, sean académicos o económicos.
Así hay mujeres en la banca y en la bolsa
de valores. Mujeres ingenieras químicas, técnicas de telecomunicaciones o especialistas
en informática. Mujeres en el mundo de las finanzas y
en el de los servicios públicos. Mujeres arquitectas y diseñadoras,
etc. Actualmente es difícil encontrar una profesión que no sea
mixta.
Sin embargo, la mujer muchas veces llega al mundo
del trabajo por necesidad, pero sin estar segura si, además
de recibir dinero, ella tiene algo que aportar a ese
trabajo, no como una simple empleada de una empresa sino
como «mujer». Muchas mujeres acaban experimentando que su trabajo no
les realiza. Con frecuencia le «echan la culpa» a los
varones, al sistema, al estado, pues no han logrado todavía
las oportunidades que desean para su propia realización. En algunos
aspectos que analizaremos después, tienen razón. Sin embargo, también puede
ser que la mujer no se realice en su trabajo
porque no lo desempeña con toda su persona, es
decir, no lo desempeña «según su feminidad», no es en
el trabajo «ella misma». La mujer se presiona, se tensa,
en un terreno nuevo para ella, tantas veces tan
exigente y hostil. Piensa entonces que debe comportarse como los
que tienen éxito, como los que se sienten «a sus
anchas» en ese medio. Piensa que debe imitar el modo
de trabajar de los varones.
La clave de su éxito
está en que descubra que ella no necesita cambiar, no
necesita renunciar a sí misma. Ella puede ser una profesional
sí, responsable, inteligente, despierta, eficiente, pero como mujer. Y su
empresa, su equipo de trabajo, se enriquecerá por un lado
con lo que hace, su «obra bien hecha», pero, sobre
todo con su persona, ese «cómo» hace las cosas que
es su modo «femenino». Hoy en día circulan en
abundancia libros sobre la eficacia profesional, el liderazgo empresarial, la
excelencia y el éxito directivo. Normalmente estos libros destacan unas
cuantas virtudes y modos de ser de la persona que
hacen que la empresa tenga más éxito, y suelen poder
aplicarse a todas las profesiones. También se habla mucho de
la «inteligencia emocional», esa «parte» de la persona hecha de
emotividad encauzada, entusiasmo, fortaleza, seguridad personal y que apoya grandemente
a la razón en la consecución de los propios objetivos.
En esta línea, queremos destacar algunos rasgos femeninos que pueden
constituir su aportación enriquecedora y eficaz en el campo profesional
si la mujer los sabe vivir y aprovechar con libertad,
seguridad personal e iniciativa.
Tendremos en mente una situación profesional «tipo»
en la que la mujer desarrolla su trabajo: una empresa
en la que la mujer tiene una serie de empleados
a su cargo, un equipo de trabajo a su mismo
nivel, y una serie de directivos de quienes depende, aunque
lo dicho se aplicaría igualmente en caso de no tener
empleados a su cargo, y, con mayor razón si es
un alto directivo de la empresa.
1. Motivación y entusiasmo por un
ideal
La mujer, con facilidad, se entrega generosamente, incondicionalmente a un
proyecto si le convence. Ella cuenta con grandes recursos de
motivación y, por lo tanto, es capaz de vivir de
manera espontánea este entusiasmo por el ideal.
Este rasgo es indispensable
para una persona que quiere alcanzar con éxito sus objetivos.
Si la mujer está polarizada en toda su persona por
un objetivo, esto le proporciona un gran liderazgo y seguridad
personal. Su sensibilidad, percepción, intuición la lleva a captar la
importancia y conveniencia del proyecto que la empresa trae entre
manos. Esta percepción, no sólo la llevará «en la cabeza»
cuando trabaje sino que la trasladará al corazón y a
toda su persona.
Un grupo humano necesita fortalecerse con el
entusiasmo y el empeño de cada uno de sus miembros.
La mujer podrá ayudar de manera especial a incrementar esta
fuerza del grupo pues será capaz de contagiar con facilidad
a los demás compañeros este entusiasmo por el objetivo común.
2. Trabajo en equipo
La mujer está especialmente dotada para aprovechar las
energías de un equipo de trabajo en vistas a un
objetivo común. Esto, siempre y cuando se encuentre en una
actitud madura y positiva de buscar no sólo recibir su
salario o lanzarse a una carrera competitiva contra otros compañeros.
La mujer puede ayudar a unir esfuerzos, tender puentes, crear
lazos, lograr una relación estrecha entre los miembros de un
equipo que facilite la consecución de los objetivos comunes. Esto
es necesario en el ambiente de empresa dadas las dificultades
naturales que se dan en las relaciones humanas.
Todos somos conscientes
de los mil frenos y problemas que se dan en
los equipos de trabajo. En un mundo individualista como el
nuestro, cada cual quiere vivir tranquilo haciendo lo suyo sin
que los otros le invadan, le molesten o le comprometan
más de la cuenta. Así, se vive a la defensiva,
desconfiando con facilidad de aquellos que trabajan con uno, guardando
distancia prudencial para evitar perder los propios éxitos y logros
o verse comprometido. En otros casos, este individualismo hace que
el que trabaja se lance en solitario en busca de
su éxito profesional al precio que sea, incluso si eso
supone dañar a los demás compañeros de trabajo. Falta trabajo
en equipo, falta un ambiente de colaboración y ayuda, falta
coordinar esfuerzos para lograr un objetivo común.
Pero esto no
quita que la mujer pueda esforzarse por hacer que las
cosas mejoren. De hecho, no pueden mejorar si alguien no
toma la iniciativa. Si se trata de «romper estructuras» y
«cambiar sistemas», hay que comenzar con los propios compañeros de
trabajo. ¿Qué puede aportar una mujer, entonces, a un equipo
de trabajo?
a) Conocer a las personas
La mujer tiene una especial
capacidad de influir «persona a persona» y desde dentro. De
ahí el dicho tan conocido “detrás de un gran hombre,
hay una gran mujer”. Detrás de muchas decisiones políticas, profesionales,
diplomáticas, tomadas por varones, hubo la labor paciente, constante, persuasiva
de una mujer.
Tiene una buena capacidad de observación y perspicacia
para conocer a su equipo. Puede conocer muy bien los
puntos fuertes, las debilidades, los móviles y motivaciones de cada
uno. Es capaz de entablar una relación de amistad con
cada uno, interesarse por su familia, sus aficiones. La mujer
entra en el mundo de sus compañeros de trabajo y
sabe comprenderlos en su realidad (aquí hablamos de un equipo
mixto, no sólo de varones). En la medida que sus
compañeros perciban esto, se sentirán en un clima de confianza
para trabajar y la mujer adquirirá un ascendiente positivo sobre
ellos que le permitirá influirles.
b) Saber escuchar
Pero la clave de
la relación personal está en su capacidad de escucha. Una
escucha que no consiste únicamente en hacer preguntas y que
el otro hable. Es una escucha del corazón por la
que se va «recibiendo» a la otra persona y se
logra comprenderla y aceptarla tal como es.
La escucha es siempre
una fuente de beneficio para un equipo de trabajo porque
permite captar los puntos de vista de los demás y
entender sus modos de ser y de trabajar. La apertura
y la escucha permiten que se superen muchos pequeños contrastes.
Hay personas que tienden a pensar que siempre es el
otro el que está equivocado. Cuando se fomenta un ambiente
y una actitud de escucha, se es capaz de comprender
que el otro no está necesariamente «mal» sino que, simplemente,
es diferente, y ve las cosas de distinto modo.
c) Coordinar esfuerzos
Un
equipo tendrá éxito en la medida que logre coordinar todos
los esfuerzos en pro del objetivo común. Se dice que
la fuerza de una cadena se mide por su eslabón
más débil. Cada persona dará fuerza a su equipo en
la medida que aporte lo mejor de sí, su entusiasmo,
su dedicación, su iniciativa. Para esto es necesario que cada
uno se haga útil al equipo desarrollando al máximo sus
cualidades. Y que cada uno a su vez potencie la
fuerza de los demás apoyándolos, valorándolos, dejándoles margen para que
florezcan sus cualidades en bien de la empresa común.
Aquí
la mujer puede aportar su capacidad de relación y de
atención a la persona para valorar positivamente a cada uno
en lo que es capaz de hacer y buscar que
realice aquello que mejor se le da según sus cualidades.
A veces la falta de coordinación de esfuerzos proviene de
la falta de flexibilidad. Predomina en las oficinas el apego
rígido a la burocracia, los sistemas, lo que dicen «los
papeles» y los contratos, las reglas. Y se desperdician muchas
oportunidades y energías que aportarían los empleados ofreciendo, si tuvieran
más espacio para ofrecer, su colaboración, o si se tuviera
flexibilidad para realizar los oportunos cambios de funciones que beneficiarían
a la empresa en su conjunto. Algo como lo que
sucede en el mundo del deporte en equipo: en el
transcurso de un partido se cambian cuadros, entran y salen
jugadores, se introducen cambios de posiciones y nuevas jugadas para
conseguir la victoria. Para esto se echa mano de una
gran flexibilidad, apertura, lo que podríamos llamar «espíritu de cuerpo».
En
este sentido, la verdadera aportación de la mujer será crear
un clima de autoestima y de confianza que facilite la
iniciativa y la disponibilidad en los compañeros de trabajo de
manera que, más allá de los márgenes de lo encomendado,
o de lo que «les toca» sepan aprovechar oportunidades para
proponer soluciones, ideas, colaboración con los demás en bien del
objetivo de todos. La mujer contribuirá también a crear toda
una corriente positiva de estima entre los miembros del grupo
que los lleve a valorarse y estimularse unos a otros.
Por otro lado, es importante que capte también la calidad
de relaciones que hay entre los miembros del equipo, percibiendo
los frenos, prejuicios, actitudes a la defensiva de unos para
con otros. Las afinidades, la complementariedad de unos con otros,
las actitudes de cara a la empresa, la satisfacción o
insatisfacción en el trabajo. De esta manera, ella podrá tener
en su mano «los hilos» para organizar el equipo de
manera que, en la medida de lo posible, todos se
sientan a gusto trabajando y esto les ayude a rendir
al máximo como conjunto.
El resultado que puede lograr es
un ambiente de trabajo positivo, en confianza, abierto, donde haya
mayor transparencia, colaboración, ayuda mutua. Una cierta identificación y unión
del equipo de trabajo que da fuerza para la consecución
de los objetivos comunes. Así colabora a la sinergia, y
se obtienen resultados en una medida que supera con mucho
la suma de las posibilidades de cada miembro.
Pero la
mujer deberá cuidar el usar estas mismas capacidades en sentido
negativo. Si no está satisfecha, puede influir negativamente en el
resto de los empleados, desanimar, desmotivar y darse a ese
vicio femenino tan común: la intriga. Por eso es necesario
que su opción por el trabajo sea madura, tanto si
ella escoge trabajar como si se ve obligada a hacerlo,
para sacar, tanto para ella como para los demás, el
mayor bien de la experiencia. 3. Observación, intuición, comunicación, iniciativa
La
mujer es capaz de percibir los detalles humanos del entorno
que le rodea e intuir con facilidad y penetración lo
que «funciona» y lo que «no funciona» en las personas
. Ella puede ser una gran ayuda en su puesto
de trabajo, siempre y cuando ponga esta cualidad al servicio
del bien de la empresa y de las personas que
la componen. Ella enseguida se dará cuenta si los clientes
se están alejando porque un empleado no los trata bien,
o porque hay un simple detalle decorativo que les causa
mala impresión. Su facilidad para captar al vuelo estos detalles
humanos puede aportar un gran beneficio si ella va
recogiendo ideas e iniciativas que se conviertan en propuestas enriquecedoras.
La mujer puede utilizar su capacidad de comunicación para entablar
una amplia red de relaciones interpersonales que potencien a la
empresa, ya sea entre las distintas áreas de la misma
o en la relación con otras empresas. Ahí la mujer
se puede lanzar con grandes posibilidades y puede ofrecer una
ayuda y consejo muy útil a los varones. Es un
hecho que hoy en día se valoran de modo especial,
en el mundo profesional, las cualidades humanas de los empleados.
Dada la falta de valores en la que vivimos, muchas
empresas están buscando contar con un personal formado en las
relaciones sociales, la calidad en el trato, el protocolo. Necesitan
este estilo de ser para abrirse puertas tanto en grandes
grupos empresariales como para lograr negociaciones exitosas y positivas para
ambas partes con los clientes competidores. Estas cualidades son comunes
a la mayoría de las mujeres.
Las empresas podrán recurrir a
la mujer para colaborar en la formación del personal a
estos niveles, preparar y supervisar el protocolo de los eventos
públicos y velar por la calidad del trato que ofrezca
el personal a los clientes.
4. Delegar y saber potenciar a
las personas
Ya hemos visto cómo la mujer tiende a tomar
en cuenta primero a la persona pasando las cosas a
un segundo plano. Quizás puede ser una tendencia masculina en
el campo de la empresa el buscar los resultados a
toda costa y exigir el producto bien hecho aunque los
empleados sufran a veces peor trato. La mujer puede actuar
ahí de «amortiguador» y, sin disminuir la eficacia en el
trabajo, añadir el necesario trato humano para que los empleados
no se sientan desvalorados como personas. Es cierto que también
la mujer, si su actitud es individualista, puede herir mucho
a las personas. Para cuidar su imagen es capaz de
deshacer la ajena por la crítica, divulgando sus errores sean
reales o no, y disminuyendo sus éxitos. Pero si la
mujer está en una actitud constructiva, es ella la que
puede levantar y motivar mucho a aquellos con quienes trabaja.
La
mujer es muy sensible al trato que se le da
y fácilmente se siente utilizada. Por eso también es más
consciente del trato que se ofrece a los demás y
percibe con finura cuando pueden sentirse utilizados. A veces es
necesario pedir a un empleado que haga determinado trabajo que
no le va a gustar. Otras veces, es necesario decirle
que haga de nuevo una cosa pues no quedó bien.
O indicarle que otro hará lo que se le había
pedido a él. En ocasiones hay que solicitar una inversión
extra de esfuerzo o de trabajo. O es necesario corregir
lo que no se hizo bien. Se puede ignorar la
sensibilidad humana, decir las cosas tal como son y adelante.
Total, está uno en ambiente de trabajo y para algo
se paga.
Sin embargo, este camino es muchas veces cómodo
para el que actúa como «jefe» pero hiriente, humillante y
hasta inhumano de cara a los que reciben las indicaciones,
además de que a la larga no produce resultados positivos.
Ahí la mujer puede hacer mucho. Tanto si es ella
la que directamente se va a encargar de decir a
los interesados este tipo de cosas como si puede, indirectamente,
aconsejar a un varón la forma de decirlo para que
sea bien recibido. El jefe puede decir que «no está
para perder el tiempo en susceptibilidades». Quizás tenga razón, pero
somos humanos. A veces, la forma como se dice algo
no agradable puede cambiar totalmente la actitud del que lo
recibe. Si percibe que se le ha dicho con respeto,
con comprensión, con confianza y aprecio, seguramente será capaz de
agradecer la indicación y resolverá la situación positivamente. Eso traerá
a la larga grandes beneficios para la empresa ya que
el empleado no sólo mejorará el detalle que se le
ha hecho notar, sino que se sentirá más motivado a
superarse en todo su trabajo por haberse sentido importante, tratado
como persona, valorado por quien es.
El mejor «jefe» es
aquel que sabe sacar lo mejor de sus súbditos haciendo
que se sientan valorados como personas, capaces de aportar con
libertad lo mejor de ellos mismos. La mujer puede colaborar
en este ámbito descubriendo en cada empleado aquella riqueza que
puede desarrollar como persona en su campo laboral.
5. Cuidar las relaciones
humanas: delicadeza, cordialidad, buen trato
Además de lo dicho, baste añadir
que la mujer, en la oficina, en el ambiente de
trabajo, puede elevar mucho la calidad de las relaciones humanas,
no sólo por lo que ve a la corrección, educación,
cortesía, «diplomacia», sino a nivel de amistad y aprecio real.
Esto ella lo vive en su familia y sabe que,
para mantener la intimidad y buena comunicación con su marido,
tiene que cuidar mucho los «detalles»: un gesto de escucha,
un favor hecho antes de que se lo pidan, un
preparar las cosas como al otro le gusta. Todo esto
cultiva el amor y la unión.
Igualmente sucede con los
hijos. Ella debe procurar no desahogar con ellos las tensiones
a base de gritos y regaños, escuchar sus interminables historias
y aventuras y, sin dejar de educar, debe tener paciencia
y flexibilidad para «tapar los agujeros» cuando sea necesario: sus
desórdenes, estropicios, errores.
La mujer puede trasladar esto a su
equipo de trabajo. En cierto sentido es también como «su»
familia. A sus compañeros de trabajo, ella los ve todos
los días, comparte la jornada entera. Se ven en los
días buenos y en los días malos; cuando la empresa
funciona y cuando hay problemas. Cuando, por el éxito de
uno, todos han tenido éxito. O cuando, por el fracaso
de uno, todos se han visto afectados. Cuando hay cansancio
y cuando llega el día de la paga.
Ella, en
la oficina, sigue siendo aquella llamada al «don sincero de
sí». Puede ver a su equipo de trabajo, también, desde
su condición materna, como personas, en medio de su eficiencia,
llenos de necesidades humanas, de seguridad, de afecto, de aprecio,
de acompañamiento. En cierto modo, ellos también le han sido
confiados a la mujer para que, en el trabajo diario,
crezcan y sean felices. Así, la mujer podrá ofrecerles a
lo largo del día, detalles de atención o de ayuda.
Se interesará por sus tareas, celebrará sus éxitos, disimulará sus
fracasos o, más bien, en esos casos podrá ofrecer motivación
y aliento porque, más allá de la materialidad de las
cosas, sabrá descubrir el valor de una persona.
6. Humanizar el
ambiente laboral
En el ambiente laboral, la mujer está llamada a
ser como la levadura en la masa; esto es, un
fermento de valores auténticamente humanos. Esto lo hará a partir
de las relaciones que entable con los compañeros de trabajo,
tal como las hemos descrito. Así, al conocer personalmente a
cada uno, sabrá si están casados o no, si tienen
hijos. Sabrá si tienen dificultades en su matrimonio, si lo
aprecian como opción de vida, si están abiertos a la
vida y a formar una familia o ven a la
familia como una carga y una responsabilidad penosa. Si ella
misma vive en plenitud su entrega esponsal y con su
marido está construyendo una vida de pareja en la que
se apoyan y dan fuerza el uno al otro, ella
podrá comunicar esta fuerza en su lugar de trabajo. La
estabilidad contagia estabilidad.
Así mismo, si ella va sacando adelante
a sus hijos, con gozo, con sencillez, en medio de
las dificultades, y se siente plena y entregada en su
maternidad, contagiará esta plenitud en su trabajo. La plenitud de
entrega en su matrimonio y familia se convierte en su
ambiente de trabajo en un elemento de fuerza para ella.
Adquiere ascendiente y liderazgo sobre los demás. Ahora, este influjo
no es exclusivo de la mujer, igualmente lo puede ejercer
su marido en su profesión, aunque con un lenguaje «masculino»,
si vive la misma experiencia de plenitud en su matrimonio
y en su labor de padre.
Con estas actitudes y comportamientos
la mujer colabora a que el trabajo no se viva
solamente en un plano de eficiencia y productividad sino que
cada uno de los trabajadores, como nos enseña la doctrina
social de la Iglesia, en su lugar de trabajo «se
haga más hombre» (Laborem Excercens No. 9).
|
|