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Autor: Gloria Conde, del libro Mujer Nueva, editorial Trillas
La mujer en el mundo de la empresa
Ella puede ser una profesional sí, responsable, inteligente, despierta, eficiente, pero como mujer.
 
La mujer en el mundo de la empresa
La mujer en el mundo de la empresa



Hoy en día son muchas las mujeres que trabajan. Hay mujeres para todos los trabajos, y para todas las profesiones. Y la mujer ha demostrado ser capaz de desempeñarlos todos, o «casi» todos. Claro que cada una destaca y se desarrolla en un determinado trabajo, aquel para el que posee más talentos, cualidades y preparación. La mujer, hoy en día, elige carrera y profesión como lo hace el varón. Escoge determinados estudios según sus intereses, sean académicos o económicos. Así hay mujeres en la banca y en la bolsa de valores. Mujeres ingenieras químicas, técnicas de telecomunicaciones o especialistas en informática. Mujeres en el mundo de las finanzas y en el de los servicios públicos. Mujeres arquitectas y diseñadoras, etc. Actualmente es difícil encontrar una profesión que no sea mixta.

Sin embargo, la mujer muchas veces llega al mundo del trabajo por necesidad, pero sin estar segura si, además de recibir dinero, ella tiene algo que aportar a ese trabajo, no como una simple empleada de una empresa sino como «mujer». Muchas mujeres acaban experimentando que su trabajo no les realiza. Con frecuencia le «echan la culpa» a los varones, al sistema, al estado, pues no han logrado todavía las oportunidades que desean para su propia realización. En algunos aspectos que analizaremos después, tienen razón. Sin embargo, también puede ser que la mujer no se realice en su trabajo porque no lo desempeña con toda su persona, es decir, no lo desempeña «según su feminidad», no es en el trabajo «ella misma». La mujer se presiona, se tensa, en un terreno nuevo para ella, tantas veces tan exigente y hostil. Piensa entonces que debe comportarse como los que tienen éxito, como los que se sienten «a sus anchas» en ese medio. Piensa que debe imitar el modo de trabajar de los varones.

La clave de su éxito está en que descubra que ella no necesita cambiar, no necesita renunciar a sí misma. Ella puede ser una profesional sí, responsable, inteligente, despierta, eficiente, pero como mujer. Y su empresa, su equipo de trabajo, se enriquecerá por un lado con lo que hace, su «obra bien hecha», pero, sobre todo con su persona, ese «cómo» hace las cosas que es su modo «femenino».

Hoy en día circulan en abundancia libros sobre la eficacia profesional, el liderazgo empresarial, la excelencia y el éxito directivo. Normalmente estos libros destacan unas cuantas virtudes y modos de ser de la persona que hacen que la empresa tenga más éxito, y suelen poder aplicarse a todas las profesiones. También se habla mucho de la «inteligencia emocional», esa «parte» de la persona hecha de emotividad encauzada, entusiasmo, fortaleza, seguridad personal y que apoya grandemente a la razón en la consecución de los propios objetivos. En esta línea, queremos destacar algunos rasgos femeninos que pueden constituir su aportación enriquecedora y eficaz en el campo profesional si la mujer los sabe vivir y aprovechar con libertad, seguridad personal e iniciativa.

Tendremos en mente una situación profesional «tipo» en la que la mujer desarrolla su trabajo: una empresa en la que la mujer tiene una serie de empleados a su cargo, un equipo de trabajo a su mismo nivel, y una serie de directivos de quienes depende, aunque lo dicho se aplicaría igualmente en caso de no tener empleados a su cargo, y, con mayor razón si es un alto directivo de la empresa.

1. Motivación y entusiasmo por un ideal

La mujer, con facilidad, se entrega generosamente, incondicionalmente a un proyecto si le convence. Ella cuenta con grandes recursos de motivación y, por lo tanto, es capaz de vivir de manera espontánea este entusiasmo por el ideal.

Este rasgo es indispensable para una persona que quiere alcanzar con éxito sus objetivos. Si la mujer está polarizada en toda su persona por un objetivo, esto le proporciona un gran liderazgo y seguridad personal. Su sensibilidad, percepción, intuición la lleva a captar la importancia y conveniencia del proyecto que la empresa trae entre manos. Esta percepción, no sólo la llevará «en la cabeza» cuando trabaje sino que la trasladará al corazón y a toda su persona.

Un grupo humano necesita fortalecerse con el entusiasmo y el empeño de cada uno de sus miembros. La mujer podrá ayudar de manera especial a incrementar esta fuerza del grupo pues será capaz de contagiar con facilidad a los demás compañeros este entusiasmo por el objetivo común.

2. Trabajo en equipo

La mujer está especialmente dotada para aprovechar las energías de un equipo de trabajo en vistas a un objetivo común. Esto, siempre y cuando se encuentre en una actitud madura y positiva de buscar no sólo recibir su salario o lanzarse a una carrera competitiva contra otros compañeros. La mujer puede ayudar a unir esfuerzos, tender puentes, crear lazos, lograr una relación estrecha entre los miembros de un equipo que facilite la consecución de los objetivos comunes. Esto es necesario en el ambiente de empresa dadas las dificultades naturales que se dan en las relaciones humanas.

Todos somos conscientes de los mil frenos y problemas que se dan en los equipos de trabajo. En un mundo individualista como el nuestro, cada cual quiere vivir tranquilo haciendo lo suyo sin que los otros le invadan, le molesten o le comprometan más de la cuenta. Así, se vive a la defensiva, desconfiando con facilidad de aquellos que trabajan con uno, guardando distancia prudencial para evitar perder los propios éxitos y logros o verse comprometido. En otros casos, este individualismo hace que el que trabaja se lance en solitario en busca de su éxito profesional al precio que sea, incluso si eso supone dañar a los demás compañeros de trabajo. Falta trabajo en equipo, falta un ambiente de colaboración y ayuda, falta coordinar esfuerzos para lograr un objetivo común.

Pero esto no quita que la mujer pueda esforzarse por hacer que las cosas mejoren. De hecho, no pueden mejorar si alguien no toma la iniciativa. Si se trata de «romper estructuras» y «cambiar sistemas», hay que comenzar con los propios compañeros de trabajo. ¿Qué puede aportar una mujer, entonces, a un equipo de trabajo?

a) Conocer a las personas

La mujer tiene una especial capacidad de influir «persona a persona» y desde dentro. De ahí el dicho tan conocido “detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”. Detrás de muchas decisiones políticas, profesionales, diplomáticas, tomadas por varones, hubo la labor paciente, constante, persuasiva de una mujer.

Tiene una buena capacidad de observación y perspicacia para conocer a su equipo. Puede conocer muy bien los puntos fuertes, las debilidades, los móviles y motivaciones de cada uno. Es capaz de entablar una relación de amistad con cada uno, interesarse por su familia, sus aficiones. La mujer entra en el mundo de sus compañeros de trabajo y sabe comprenderlos en su realidad (aquí hablamos de un equipo mixto, no sólo de varones). En la medida que sus compañeros perciban esto, se sentirán en un clima de confianza para trabajar y la mujer adquirirá un ascendiente positivo sobre ellos que le permitirá influirles.



b) Saber escuchar

Pero la clave de la relación personal está en su capacidad de escucha. Una escucha que no consiste únicamente en hacer preguntas y que el otro hable. Es una escucha del corazón por la que se va «recibiendo» a la otra persona y se logra comprenderla y aceptarla tal como es.

La escucha es siempre una fuente de beneficio para un equipo de trabajo porque permite captar los puntos de vista de los demás y entender sus modos de ser y de trabajar. La apertura y la escucha permiten que se superen muchos pequeños contrastes. Hay personas que tienden a pensar que siempre es el otro el que está equivocado. Cuando se fomenta un ambiente y una actitud de escucha, se es capaz de comprender que el otro no está necesariamente «mal» sino que, simplemente, es diferente, y ve las cosas de distinto modo.

c) Coordinar esfuerzos

Un equipo tendrá éxito en la medida que logre coordinar todos los esfuerzos en pro del objetivo común. Se dice que la fuerza de una cadena se mide por su eslabón más débil. Cada persona dará fuerza a su equipo en la medida que aporte lo mejor de sí, su entusiasmo, su dedicación, su iniciativa. Para esto es necesario que cada uno se haga útil al equipo desarrollando al máximo sus cualidades. Y que cada uno a su vez potencie la fuerza de los demás apoyándolos, valorándolos, dejándoles margen para que florezcan sus cualidades en bien de la empresa común.

Aquí la mujer puede aportar su capacidad de relación y de atención a la persona para valorar positivamente a cada uno en lo que es capaz de hacer y buscar que realice aquello que mejor se le da según sus cualidades. A veces la falta de coordinación de esfuerzos proviene de la falta de flexibilidad. Predomina en las oficinas el apego rígido a la burocracia, los sistemas, lo que dicen «los papeles» y los contratos, las reglas. Y se desperdician muchas oportunidades y energías que aportarían los empleados ofreciendo, si tuvieran más espacio para ofrecer, su colaboración, o si se tuviera flexibilidad para realizar los oportunos cambios de funciones que beneficiarían a la empresa en su conjunto. Algo como lo que sucede en el mundo del deporte en equipo: en el transcurso de un partido se cambian cuadros, entran y salen jugadores, se introducen cambios de posiciones y nuevas jugadas para conseguir la victoria. Para esto se echa mano de una gran flexibilidad, apertura, lo que podríamos llamar «espíritu de cuerpo».

En este sentido, la verdadera aportación de la mujer será crear un clima de autoestima y de confianza que facilite la iniciativa y la disponibilidad en los compañeros de trabajo de manera que, más allá de los márgenes de lo encomendado, o de lo que «les toca» sepan aprovechar oportunidades para proponer soluciones, ideas, colaboración con los demás en bien del objetivo de todos. La mujer contribuirá también a crear toda una corriente positiva de estima entre los miembros del grupo que los lleve a valorarse y estimularse unos a otros.

Por otro lado, es importante que capte también la calidad de relaciones que hay entre los miembros del equipo, percibiendo los frenos, prejuicios, actitudes a la defensiva de unos para con otros. Las afinidades, la complementariedad de unos con otros, las actitudes de cara a la empresa, la satisfacción o insatisfacción en el trabajo. De esta manera, ella podrá tener en su mano «los hilos» para organizar el equipo de manera que, en la medida de lo posible, todos se sientan a gusto trabajando y esto les ayude a rendir al máximo como conjunto.

El resultado que puede lograr es un ambiente de trabajo positivo, en confianza, abierto, donde haya mayor transparencia, colaboración, ayuda mutua. Una cierta identificación y unión del equipo de trabajo que da fuerza para la consecución de los objetivos comunes. Así colabora a la sinergia, y se obtienen resultados en una medida que supera con mucho la suma de las posibilidades de cada miembro.

Pero la mujer deberá cuidar el usar estas mismas capacidades en sentido negativo. Si no está satisfecha, puede influir negativamente en el resto de los empleados, desanimar, desmotivar y darse a ese vicio femenino tan común: la intriga. Por eso es necesario que su opción por el trabajo sea madura, tanto si ella escoge trabajar como si se ve obligada a hacerlo, para sacar, tanto para ella como para los demás, el mayor bien de la experiencia.

3. Observación, intuición, comunicación, iniciativa

La mujer es capaz de percibir los detalles humanos del entorno que le rodea e intuir con facilidad y penetración lo que «funciona» y lo que «no funciona» en las personas . Ella puede ser una gran ayuda en su puesto de trabajo, siempre y cuando ponga esta cualidad al servicio del bien de la empresa y de las personas que la componen.

Ella enseguida se dará cuenta si los clientes se están alejando porque un empleado no los trata bien, o porque hay un simple detalle decorativo que les causa mala impresión. Su facilidad para captar al vuelo estos detalles humanos puede aportar un gran beneficio si ella va recogiendo ideas e iniciativas que se conviertan en propuestas enriquecedoras.

La mujer puede utilizar su capacidad de comunicación para entablar una amplia red de relaciones interpersonales que potencien a la empresa, ya sea entre las distintas áreas de la misma o en la relación con otras empresas. Ahí la mujer se puede lanzar con grandes posibilidades y puede ofrecer una ayuda y consejo muy útil a los varones. Es un hecho que hoy en día se valoran de modo especial, en el mundo profesional, las cualidades humanas de los empleados. Dada la falta de valores en la que vivimos, muchas empresas están buscando contar con un personal formado en las relaciones sociales, la calidad en el trato, el protocolo. Necesitan este estilo de ser para abrirse puertas tanto en grandes grupos empresariales como para lograr negociaciones exitosas y positivas para ambas partes con los clientes competidores. Estas cualidades son comunes a la mayoría de las mujeres.

Las empresas podrán recurrir a la mujer para colaborar en la formación del personal a estos niveles, preparar y supervisar el protocolo de los eventos públicos y velar por la calidad del trato que ofrezca el personal a los clientes.

4. Delegar y saber potenciar a las personas

Ya hemos visto cómo la mujer tiende a tomar en cuenta primero a la persona pasando las cosas a un segundo plano. Quizás puede ser una tendencia masculina en el campo de la empresa el buscar los resultados a toda costa y exigir el producto bien hecho aunque los empleados sufran a veces peor trato. La mujer puede actuar ahí de «amortiguador» y, sin disminuir la eficacia en el trabajo, añadir el necesario trato humano para que los empleados no se sientan desvalorados como personas. Es cierto que también la mujer, si su actitud es individualista, puede herir mucho a las personas. Para cuidar su imagen es capaz de deshacer la ajena por la crítica, divulgando sus errores sean reales o no, y disminuyendo sus éxitos. Pero si la mujer está en una actitud constructiva, es ella la que puede levantar y motivar mucho a aquellos con quienes trabaja.

La mujer es muy sensible al trato que se le da y fácilmente se siente utilizada. Por eso también es más consciente del trato que se ofrece a los demás y percibe con finura cuando pueden sentirse utilizados. A veces es necesario pedir a un empleado que haga determinado trabajo que no le va a gustar. Otras veces, es necesario decirle que haga de nuevo una cosa pues no quedó bien. O indicarle que otro hará lo que se le había pedido a él. En ocasiones hay que solicitar una inversión extra de esfuerzo o de trabajo. O es necesario corregir lo que no se hizo bien. Se puede ignorar la sensibilidad humana, decir las cosas tal como son y adelante. Total, está uno en ambiente de trabajo y para algo se paga.

Sin embargo, este camino es muchas veces cómodo para el que actúa como «jefe» pero hiriente, humillante y hasta inhumano de cara a los que reciben las indicaciones, además de que a la larga no produce resultados positivos. Ahí la mujer puede hacer mucho. Tanto si es ella la que directamente se va a encargar de decir a los interesados este tipo de cosas como si puede, indirectamente, aconsejar a un varón la forma de decirlo para que sea bien recibido. El jefe puede decir que «no está para perder el tiempo en susceptibilidades». Quizás tenga razón, pero somos humanos. A veces, la forma como se dice algo no agradable puede cambiar totalmente la actitud del que lo recibe. Si percibe que se le ha dicho con respeto, con comprensión, con confianza y aprecio, seguramente será capaz de agradecer la indicación y resolverá la situación positivamente. Eso traerá a la larga grandes beneficios para la empresa ya que el empleado no sólo mejorará el detalle que se le ha hecho notar, sino que se sentirá más motivado a superarse en todo su trabajo por haberse sentido importante, tratado como persona, valorado por quien es.

El mejor «jefe» es aquel que sabe sacar lo mejor de sus súbditos haciendo que se sientan valorados como personas, capaces de aportar con libertad lo mejor de ellos mismos. La mujer puede colaborar en este ámbito descubriendo en cada empleado aquella riqueza que puede desarrollar como persona en su campo laboral.

5. Cuidar las relaciones humanas: delicadeza, cordialidad, buen trato

Además de lo dicho, baste añadir que la mujer, en la oficina, en el ambiente de trabajo, puede elevar mucho la calidad de las relaciones humanas, no sólo por lo que ve a la corrección, educación, cortesía, «diplomacia», sino a nivel de amistad y aprecio real. Esto ella lo vive en su familia y sabe que, para mantener la intimidad y buena comunicación con su marido, tiene que cuidar mucho los «detalles»: un gesto de escucha, un favor hecho antes de que se lo pidan, un preparar las cosas como al otro le gusta. Todo esto cultiva el amor y la unión.

Igualmente sucede con los hijos. Ella debe procurar no desahogar con ellos las tensiones a base de gritos y regaños, escuchar sus interminables historias y aventuras y, sin dejar de educar, debe tener paciencia y flexibilidad para «tapar los agujeros» cuando sea necesario: sus desórdenes, estropicios, errores.

La mujer puede trasladar esto a su equipo de trabajo. En cierto sentido es también como «su» familia. A sus compañeros de trabajo, ella los ve todos los días, comparte la jornada entera. Se ven en los días buenos y en los días malos; cuando la empresa funciona y cuando hay problemas. Cuando, por el éxito de uno, todos han tenido éxito. O cuando, por el fracaso de uno, todos se han visto afectados. Cuando hay cansancio y cuando llega el día de la paga.

Ella, en la oficina, sigue siendo aquella llamada al «don sincero de sí». Puede ver a su equipo de trabajo, también, desde su condición materna, como personas, en medio de su eficiencia, llenos de necesidades humanas, de seguridad, de afecto, de aprecio, de acompañamiento. En cierto modo, ellos también le han sido confiados a la mujer para que, en el trabajo diario, crezcan y sean felices. Así, la mujer podrá ofrecerles a lo largo del día, detalles de atención o de ayuda. Se interesará por sus tareas, celebrará sus éxitos, disimulará sus fracasos o, más bien, en esos casos podrá ofrecer motivación y aliento porque, más allá de la materialidad de las cosas, sabrá descubrir el valor de una persona.

6. Humanizar el ambiente laboral

En el ambiente laboral, la mujer está llamada a ser como la levadura en la masa; esto es, un fermento de valores auténticamente humanos. Esto lo hará a partir de las relaciones que entable con los compañeros de trabajo, tal como las hemos descrito. Así, al conocer personalmente a cada uno, sabrá si están casados o no, si tienen hijos. Sabrá si tienen dificultades en su matrimonio, si lo aprecian como opción de vida, si están abiertos a la vida y a formar una familia o ven a la familia como una carga y una responsabilidad penosa. Si ella misma vive en plenitud su entrega esponsal y con su marido está construyendo una vida de pareja en la que se apoyan y dan fuerza el uno al otro, ella podrá comunicar esta fuerza en su lugar de trabajo. La estabilidad contagia estabilidad.

Así mismo, si ella va sacando adelante a sus hijos, con gozo, con sencillez, en medio de las dificultades, y se siente plena y entregada en su maternidad, contagiará esta plenitud en su trabajo. La plenitud de entrega en su matrimonio y familia se convierte en su ambiente de trabajo en un elemento de fuerza para ella. Adquiere ascendiente y liderazgo sobre los demás. Ahora, este influjo no es exclusivo de la mujer, igualmente lo puede ejercer su marido en su profesión, aunque con un lenguaje «masculino», si vive la misma experiencia de plenitud en su matrimonio y en su labor de padre.

Con estas actitudes y comportamientos la mujer colabora a que el trabajo no se viva solamente en un plano de eficiencia y productividad sino que cada uno de los trabajadores, como nos enseña la doctrina social de la Iglesia, en su lugar de trabajo «se haga más hombre» (Laborem Excercens No. 9).


 
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