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| Sonríe, mujer |
Todos soñamos con el día en el que no haya
prisa para...llegar al trabajo, evitar el tráfico, entregar el trabajo
de universidad o el informe mensual en el plazo previsto,
pagar las deudas que nos presionan, llegar a la cita
del médico... Todo se hace con prisa y si no,
da la impresión de que lo que hacemos no es
importante. Y en este acelere de vida, donde el tiempo
corre delante de nosotros sin que nunca lo alcancemos, no
podemos permitirnos el lujo de sonreír a los otros, porque
tenemos... prisa.
Pero
el tiempo es la vida, y solo tenemos una. Vivirla
entre seres humanos serios, y siempre con prisa, es una
triste vida.
Todas
las mujeres conocemos por experiencia personal, el poder de una
sonrisa. La hija sonríe al padre para pedir un permiso;
la esposa al marido para sugerir una iniciativa diferente; la
joven para disculparse por su impuntualidad; la anciana para ocultar
su dolor. Hay mujeres que sonríen por imagen, otras para
anunciar una pasta de dientes. Algunas sonríen cuando se adula
su vanidad, otras cuando necesitan un favor. Yo no sé
si antes las mujeres sonreían más, pero tengo claro que
nos ayudaría mucho, ahora, que lo hiciéramos más a menudo.
Una sonrisa femenina,
a tiempo, evita el desahogo del malhumorado compañero y la
posible discusión; otras veces destensa la reunión de trabajo, y
hasta puede mudar un enojo en carcajada. La sonrisa de
una mujer conquista personas, serena a los niños, da seguridad
al anciano, motiva al marido indeciso. Leon Tolstoi decía que
el niño reconoce a la madre por la sonrisa, porque
el hombre agradece desde niño la amabilidad.
La mujer tiene una especial capacidad
para empatizar con el otro. Entiende mejor el corazón humano.
Lo llaman intuición femenina. Su sensibilidad le permite “sufrir” con
el otro, ponerse en lugar, compadecerse de verdad. Y cuando
la mujer descubre al hombre indefenso, no puede evitar que
ese sentimiento de ternura que le viene dado por su
natural afectivo, la invada. Entonces, sonríe, como una forma de
decir al otro: no te preocupes, apóyate en mí. Esa
sonrisa es un abrazo que acoge y da seguridad. La
fortaleza de la mujer empieza cuando sonríe en los momentos
tristes.
Para que
la mujer sonría tiene que aprender a vivir “despacio”, sin
dejarse atropellar por el torbellino de las circunstancias. Necesita tiempo
para estar atenta a los otros, a los suyos... Cuando
los vea, descubrirá sus necesidades; y si las descubre, se
entregará a remediarlas. La mujer es madre siempre. Entonces sonreirá
pero lo hará desde dentro y su sonrisa tendrá luz.
Por eso, si
alguien tiene que sonreír mucho, en el claroscuro mundo de
hoy, es la mujer. Todos se lo vamos a agradecer. |
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