LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
Introducción
La intención de dar una breve y motivante
explicación de las diferentes partes de la Misa es lograr
que al menos algunos de los que lean comprendan, se
sientan profundamente motivados a asistir a la celebración eucarística de
los domingos y fiestas y que no vuelvan a decir:
“Me aburro en Misa”.
La Celebración Eucarística tiene en su textura
una introducción que va desde el inicio hasta la primera
oración hecha por el sacerdote. Luego siguen las dos partes
principales:
Primera: La Liturgia de la Palabra, que comienza con
la primera lectura y concluye con la oración universal de
los fieles.
Segunda: La Liturgia Eucarística que comienza desde el ofrecimiento
del pan y el vino hasta la oración que dirige
el sacerdote después de la comunión.
Por último una conclusión que
consiste en el último saludo, bendición y despedida. Me propongo como
metodología el ir explicando parte por parte de la Celebración
Eucarística:
INTRODUCCIÓN
Consta de las siguientes partes:
Saludo Rito penitencial Gloria y
primera oración. Oración
Se comienza todo con estas solemnes palabras: “En el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Algo
muy importante va a ser, pues se realiza en el
nombre de la Santísima Trinidad. Efectivamente la Celebración Eucarística es la
actualización sacramental de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo,
consiste en hacer presente la Última Cena y la pasión,
muerte y resurrección de Jesús en forma sacramental, es decir
de una manera representada por signos y señales, y al
mismo tiempo realizada de verdad.
La redención que Jesús realizó
en Calvario y el domingo de Pascua con la resurrección
se repite, se actualiza en cada Eucaristía. Jesús dijo a los
apóstoles en la última cena: “Este es mi cuerpo que
se entrega por vosotros. Éste es el cáliz de mi
sangre derramada por vosotros y por todos los hombres.” Y
añadió: “haced esto en memoria mía, en recuerdo mío”. Entonces,
cada sacerdote, cuando celebra, repite lo que Jesús hizo en
la Última Cena: convertir el pan en su cuerpo, cuerpo
que se sigue entregando por los hombres, y el vino
en su sangre, sangre derramada por los hombres. Y esto
en obediencia al mandato de Cristo: “Haced esto en
memoria mía.” Al mismo tiempo que les ordenaba repetir lo
que Él acababa de hacer, les daba el poder de
realizarlo, convirtiéndolos en sacerdotes de la Nueva y Eterna Alanza.
Jesús, en efecto, dijo: “Éste es el cáliz de mi
sangre, sangre de la Nueva y Eterna Alianza”. Con esto
queda claro que nosotros no inventamos la Misa, sino Jesús
mismo, y Él quiso con su poder divino que sus
sacerdotes realizaran la misma consagración del pan y del vino
que Él había hecho. Por eso el pan consagrado y
el vino consagrado contienen el Cuerpo y la sangre de
Jesús, contienen a Jesús mismo. Por eso, adorar la Eucaristía
es un acto de amor y reverencia debidos a Dios.
Nosotros adoramos, no las especies de pan y vino sino
al Dios que está presente en ellas.
Suele leerse o cantarse
la antífona de entrada, que es una píldora breve de
lo que va a ser la misa.
Saludo
“La gracia de Nuestro
señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del
Espíritu Santo estén con todos vosotros”
Es un saludo muy cordial,
pero muy profundo, nada superficial. No es el simple ¡Hola,
¿cómo están?! Significa que estén con cada uno estas tres
cosas
- La gracia de nuestro Señor Jesucristo: Que vivas en
gracia, con todos los elementos maravillosos que conlleva: ser hijo
de Dios, heredero del cielo, capaz de ganar méritos etc.
-
El amor del Padre : Que tengas, que sientas el
amor del Padre, como hijo, hija de Dios. Según la
expresión hermosa de san Juan: “Ved qué amor nos ha
tenido el Padre que no sólo nos llamamos sino que
somos hijos de Dios”.
- Y la comunión del Espíritu Santo.
Que el Espíritu santo viva en ti como en su
templo.
La respuesta: “Y con tu espíritu”. Que también tú, sacerdote
del Señor, lo tengas.
Acto penitencial
¿Por qué un rito penitencial, de
arrepentimiento de los pecados? Porque vamos a asistir al sacramento,
a la actividad litúrgica que realiza nuestra redención; la liberación
de nuestros pecados. Debemos reconocerlos. Pero, además, de forma pública.
En voz alta digo y aseguro que soy un pecador.
Por eso me arrepiento de mis pecados también públicamente.
Igual que
si alguien va a un hospital o al doctor es
porque está enfermo y quiere curarse, vamos a la misa
como pecadores que necesitamos ser perdonados. La fórmula que se
utiliza es la siguiente:
-Yo (se podría decir Fulanito
de Tal) -confieso (declaro, acepto) -ante Dios todopoderoso (reconozco
ser un hijo pródigo ante Él) -y ante vosotros, hermanos
(fíjate en lo que vas a decir y delante de
quién, delante de todos los que asisten a la Celebración
Eucarística) -que he pecado mucho (aquellas personas que piensan y
dicen que comente pecadillos y faltas chiquitas no saben lo
que dicen. Podrían ser de la clase del fariseo que
rezaba así: “Te doy gracias, porque no soy como los
demás hombres: adúlteros, ladrones…”) -de pensamiento, palabra, obra y omisión
(se especifica en qué soy un gran pecador. Si uno
pudiera ver, medir y pesar todo lo que ha pecado
en su vida con el pensamiento, la lengua y las
obras, quedaría abrumado. Se añade: Y de omisión. Antiguamente no
salía esta expresión. Pero se vio la necesidad de añadirla
porque por la omisión cometemos miles de faltas y pecados.
Omisión es igual a no hacer lo que debo. Omitir
actos de cariadad, de bondad, omitir hacer apostolado, omitir el
buen ejemplo a los hijos, omitir tantas y tantas cosas.) -Por
mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa (Tres
veces y en ascenso “mi gran culpa”. Y golpeándose el
pecho en señal de arrepentimiento. Ya sólo falta decir la
clase de pecados que he hecho. Imagínate que dices esto
en un supermercado…Bien no lo dices en el supermercado, pero
lo dices…en la Iglesia.) -Por eso ruego… (que interceda por
mí) -a Santa María siempre Virgen (que ruegue por mí
a Dios. Cierto que lo hará con mucho gusto por
tratarse de su hijo) -A los ángeles (a nuestro
ángel de la guarda, a los arcángeles, como san Miguel,
san Gabriel y san Rafael y a todos los ángeles
que son muchos y muy buenos.) -A los santos (a todos,
a tu santo patrón o patrona y a todos: A
san Pablo, san, Pedro, san Pío, santa María Madgdalena…) -Y a
vosotros, hermanos (estoy solicitando muy en serio, porque la
necesito, la oración de mis hermanos...A todos los que están
en la Iglesia) -Que intercedáis por mí ante Dios nuestro
Señor (cuando uno pide sólo por sí, su oración des
de corto alcance. Pero cuando todos piden por todos esa
plegaria es infinitamente más rica)
Como conclusión. El sacerdote refuerza este
acto de penitencia, con estas palabras. Pide tres cosas:
Que
Dios Todopoderoso:
Primero: Tenga misericordia de nosotros, según la petición de
Jesús: "Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen.
Segundo: Que
perdone nuestros pecados. Esos muchos pecados que he cometido por
mi gran culpa.
Tercero: y nos lleve a la vida eterna.
En
realidad a eso venimos a la celebración Eucarística. No a
fijarnos en cómo va vestida tal persona, no a murmurar
de algo que no salió tan bien, ni siquiera a
poner peros p.e. a la predicación del sacerdote. Yo no
voy a eso a la misa. Tengo tanto de qué
arrepentirme que no me animo a tirar piedras a mi
prójimo, como un fariseo más. Sí vengo a esto, a pedir
misericordia a Dios, a que me perdone mis pecados y
los de mi familia y a que me lleve y
nos lleve a la vida eterna. Claro, no asistir a
la Celebración Eucarística casi nunca o enojarse si alguien amablemente
te invita, significaría que no me interesa mi salvación eterna,
que me vale, que ni el cielo me apasiona ni
el infierno me asusta.
Se termina el acto penitencial diciendo en
voz alta, tres veces, alternando con el sacerdote:
“Señor, ten piedad” “Cristo,
ten piedad” “Señor, ten piedad”
Tres gritos del corazón dirigidos a Cristo,
el Señor. Deberíamos decirlos con la emoción con que se
lo decían lo pobres enfermos y pecadores del Evangelio, Como
el ciego Bartimeo: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de
mí” Como la sirofenicia, como el leproso, como Jairo, porque
estamos ciegos, leprosos, enfermos del alma.
El gloria a Dios en
el cielo
Se suele decir o cantar (Si se canta mucho
mejor) En realidad está hecho para cantarse. Y ojalá que
no sólo por un coro, sino por todo el pueblo
o alternando coro y pueblo porque es un himno muy
hermoso y muy rico. Es oración de alabanza, de agradecimiento,
de petición de perdón y de petición de gracias. Tenemos
que recordar que hay cuatro clases o formas de hacer
oración: En el gloria se dan las cuatro:
- Alabanza: Gloria
a Dios en el cielo - Pedir perdón: Ten piedad de
nosotros. - Acción de gracias: Te damos gracias… - Petición de dones:
Atiende a nuestra súplica.
El inicio del gloria lo cantaron los
ángeles en el nacimiento de Jesús, cuando se aparecieron a
los pastores, cuando se daba el inicio de la redención
con el nacimiento del Redentor. El gloria, por tanto, nos
recuerda la encarnación y el nacimiento de Jesús. Si en
la misa se realiza la redención, viene al caso ese
recuerdo del momento en que el Verbo se hizo carne
y nació en Belén.
¿Cómo hay que cantarlo? Con el mismo
entusiasmo y amor con que los ángeles lo cantaron la
primera vez. Digresión: ¿Aburrirse en misa? Si uno llega a tiempo
y vive profundamente estos primeros momentos, comprenderá que no es
posible aburrirse. El gloria suele cantarse en los domingos, fiestas. Se
omite en las épocas de penitencia como Cuaresma y Adviento.
Oración
Sigue
la primera oración formal, que reza el sacerdote. Hay tres
oraciones especiales, con el mismo esquema: Una invocación al Padre,
una petición, una conclusión: Por nuestro Señor Jesucristo….
¿Qué es lo
que se pide? Casi siempre es lo mismo: Lo único
necesario, la salvación eterna o cosas relacionadas con ella. También
se pueden pedir cosas humanas necesarias: la lluvia, la fidelidad
al amor humano, la salud, la paz etc. Las tres oraciones
tienen lugar ahora, justo antes de la primera lectura antes
del prefacio y antes de la bendición final. Las tres
se dirigen casi siempre al Padre, pocas a Jesucristo o
al Espíritu Santo. Concluye casi siempre así: Por nuestro Señor
Jesucristo, Por Cristo Nuestro Señor”. No es por casualidad. Estamos
pidiendo al Padre que nos obtenga la redención, el perdón
de los pecados, el cielo. ¿Quién nos ha conseguido la
redención? Jesús. Lo lógico es, pues, pedirla al Padre por
medio de Jesucristo, su Hijo muy amado en quien tiene
todas sus complacencias.
LITURGIA DE LA PALABRA
Suelen ser tres lecturas
en los domingos y fiestas. Las dos primeras del antiguo
y del nuevo testamento y la tercera del Evangelio. Conviene leerlas
con claridad y entonación, pero sin rebuscamiento. En señal de
respeto y aceptación.
La intervención de la gente: El pueblo interviene
en el salmo responsorial que es alternado por un lector
y la gente. Se debe intervenir con la palabra y
el corazón. Es una oración, no un rollo. El salmo
responsorial es como una respuesta a la palabra de Dios:
una frase de alabanza, de petición, de acción de gracias.. Aleluya:
Alegría. Decirlo, cantarlo con su pequeño texto.
Aquí como en otras
oraciones podemos hablar o cantar distraídos o enriquecer el alma;
hablar y cantar con el corazón.
Lecturas
Esas lecturas narran algún
pasaje de la Escritura o también ofrecen algún texto explicativo
o de la palabra de Dios en sus más variadas
formas. Hay que leerlo como parte de una carta
larga, hermosa, escrita con amor por Dios para cada uno
de nosotros, pues eso es la Biblia.
Evangelio
El Evangelio es leído
por el diácono o por el sacerdote para darle realce.
De hecho el Libro de los Evangelios es llevado en
procesión por un diácono o por un seglar elegido en
la procesión de entrada. Y el sacerdote o diácono lo
lleva del altar al ambón antes de leerlo. La
parte más importante de la Biblia son los cuatro Evangelios.
¿Por qué? Porque nos cuentan los hechos y enseñanzas
del Hijo de Dios, de Jesucristo.
Homilía
Ojalá que siga una buena
homilía, una buena explicación, clara, jugosa, motivante, aplicada a la
vida de los fieles, de esa palabra de Dios.
Credo
Los
domingos y fiestas suele decirse o cantarse el credo. Es
el resumen de nuestra fe. Se está de pie en
señal de aceptación. ¿Cómo se debe rezar? Con la mente
y el corazón, es decir con atención y adhesión.
Oración universal
de los fieles
Sobre todo en domingos y fiestas. Ningún momento
mejor que la Misa para orar por el mundo
y por todas las necesidades de la Iglesia. Es una
oración universal, prevalece, por tanto las peticiones generales por la
Iglesia y el mundo: Papa, familias, vocaciones, los enfermos, inmigrantes,
gobernantes… Pedir con el corazón.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Consiste en
La ofrenda
del pan y el vino La plegaria eucarística: Desde el
prefacio hasta antes del padre nuestro Rito de la comunión
Ofrecimiento
del pan y el vino
Se ofrecen pan y vino
que se convertirán en el cuerpo y sangre de Jesucristo.
La
gota de agua unida al vino: representa nuestra participación, nuestra
ofrenda. Sola no sirve de nada. Unida a la ofrenda
de Cristo, sí vale.
Debemos colaborar con nuestro ofrecimiento: la vida,
los buenos propósitos, los sacrificios, oraciones, actos de caridad..." Lo
que falta a la Pasión de Cristo."
El sacerdote, inclinado, dice
en privado : “Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro
espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que
sea agradable en tu presencia”.
Lava las manos, diciendo en
secreto: “Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado”.
Todos deberían tener esta misma actitud. Por eso, el sacerdote invita
al pueblo con estas palabras: “Orad, hermanos, para que este
sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre Todopoderoso”. Respuesta:
El Señor reciba de tus manos…”
Oración sobre las ofrendas:
Es la segunda oración formal que se hace. Se pide
específicamente que Dios Padre acepte las ofrendas: pan y vino
y nuestras oraciones, sacrificios… Por Cristo, Nuestro Señor. Dios lo acepta
sin duda. “Este es mi hijo muy amado en quien
tengo todas mis complacencias”.
La Plegaria Eucarística
El prefacio: Es
un himno de alabanza con un inicio y una conclusión
dialogada del pueblo con el sacerdote. Hace alusión a la
fiesta o al tiempo litúrgico: cuaresma, Pascua, adviento etc. Termina con
el Sanctus: un pequeño himno de alabanza al tres veces
Santo.
Recuerdo de la última Cena Y consagración del pan y
el vino. Con las mismas palabras de Jesús. Es lo
más importante. La esencia de la Misa. “Tomad y comed todos”:
Debieran todos. Pero no hay que tomarlo en otro sentido:
Como Dios N. S. manda a todos, voy a comulgar.
Debe uno preguntarse humildemente: ¿Estoy preparado, en gracia de Dios?
Esto
es mi cuerpo que será entregado por vosotros: Donación, regalo;
entrega en forma de alimento del alma. Será entregado a la
muerte, al dolor, a la cruz por amor a cada
uno de nosotros. La Eucaristía es el darse de Dios
a cada hombre.
“Tomad y bebed todos”: El hecho de que
se dé materialmente a beber el cáliz no es
necesario. Porque en cualquiera de las dos especies está Cristo
entero. El que comulga bajo las dos especies no recibe
más a Cristo que el que lo recibe sólo bajo
una. Sangre derramada: Sangre que será extraída violentamente de su cauce
normal: las venas. Implica desangramiento, tortura, muerte. Por vosotros: Por cada
uno. Por mí. Por ti. “Cristo me amó y se
entregó a la muerte por mí”.
Razón: Para el perdón de
los pecados. Derramar la sangre es una acción impresionantepara borrar
los pecados.
Este es el sacramento de nuestra fe. Recalcar
ente el pueblo qué es lo que se está realizando
en el altar: la pasión, muerte y resurrección de Jesús
de forma incruenta. Por eso, asistir a Misa es asistir
a lo esencial de la religión católica, a lo más
importante.
Respuesta: Sí lo sabemos “Anunciamos tu muerte… proclamamos tu
resurrección…Ven, Señor, Jesús. Ven, Señor Jesús, A mi vida, a
mi familia…” No es necesario decir en voz alta
“Señor y Dios mío”, pero sí con el corazón; con
la fuerza del primero que lo dijo: Santo Tomás. Contarlo…
Luego se ofrece al Padre el cuerpo y la sangre
de Cristo: Te ofrecemos el pan de vida y el
cáliz de salvación. En plural: lo ofrece toda la Iglesia:
sacerdote y pueblo de Dios.
Se piden cosas muy importantes - La
unidad de todos los que comen y beben la
Eucaristía. Hermanos separados. “Que todos sean uno”. - Se pide por
toda la Iglesia, hoy tan necesitada: Unidad, fe, fidelidad, obediencia,
vocaciones, santidad, almas apóstoles… - Por el Papa. Ha pedido oración
por él mismo. Por el obispo del lugar y por
todos los demás obispos y sacerdotes. - Se pide que la
Iglesia vida la caridad, la esencia del cristianismo, el mandato
de Cristo. Estas peticiones están en la narración
de la Ultima Cena por san Juan. - Se pide por
la Iglesia purgante, por los difuntos que están en el
purgatorio en espera de ir al cielo. - Por último, se
pide por nosotros. Ten misericordia de todos nosotros…Por intercesión de
María, los apóstoles y todos los santos, pero sobre todo
por medio de Jesucristo, la vida eterna.
Se levanta la
patena con la hostia y el cáliz diciendo esto:
Por Cristo Con
Cristo En Cristo
Y en la unidad del Espíritu Santo todo honor y
toda gloria por los siglos de los siglos. Por siempre.
Respuesta: Amén. Sí. Responde todo el pueblo.
Rito de la comunión
Se
introduce la oración de Jesús Enséñanos a orar, Padre nuestro. El sacerdote
y los fieles lo recitan juntos. Hay la costumbre de
extender las manos, de juntar las manos. Creo que puede
ayudar este gesto si se hace con devoción. - Padre nuestro:
(No padre mío. Sin dejar de ser mi padre, es
también tu padre y de todos los hermanos. En ese momento
todos deberían sentirse eso, hermanos, y rezar juntos a nuestro
Padre celestial como nos enseñó nuestro Hermano mayor, Jesús.) - Santificado
sea tu nombre: (El nombre es la persona misma. Él
ya es santo. Significado: Que todos los hombres reconozcan, acepten
y alaben tu santidad, te alaben a Ti, Dios santísimo.) -
Venga a nosotros tu Reino: (Venga a mi corazón, a
mi alma tu gracia, tu vida divina, los frutos de
tu Pasión y resurrección. Sé nuestro Rey y nosotros tus
soldados, por la gracia, y tus apóstoles.) - Hágase tu voluntad:
(En el cielo, perfecto En la tierra no tanto. En mi
vida cristiana ¡quién sabe! Lo más importante que tenemos que
hacer es cumplir la voluntad de Dios) -Danos hoy nuestro pan
de cada día. (Con el pan, todo lo humano y material:
sustento, casa, vestido, transporte, salud, etc.…) -Perdona nuestras ofensas así como…:
(Ésta es la expresión más difícil.) - No nos dejes
caer en la tentación (Tentaciones tendremos y tenemos. Son necesarias, útiles.
Que no caigamos. No es lo mismo sentir que consentir.) -
Y líbranos del mal: (Todo mal: físico, sobre todo moral.
El pecado. Y líbranos del padre de la mentira.)
Sigue una
oración que amplía la petición de “Líbranos del mal”. Y
aprovechando el momento se pide por la paz y unidad
en la Iglesia.
Y en este contexto se desea la paz
a los presentes. “La paz del Señor” esté siempre con
vosotros”…Daos fraternalmente la paz. Sin aspavientos, de forma sencilla y sincera.
Sabiendo que nadie da lo que no tiene. Tampoco es necesario
querer dar la paz a todo el mundo: a los
de mi alrededor es suficiente. Se parte un pedacito de
la hostia en el cáliz. Significado: la resurrección.
Cordero de Dios:
Un acto de humildad repetido tres veces. No somos dignos.
El
sacerdote hace en privado una oración humilde de preparación. Luego
levanta la Hostia y hace la invitación de San Juan
Bautista a sus discípulos, en particular a Andrés y a
Juan Evangelista. Y lo siguieron. Dichosos los invitados. Son
todos. Pero dichosos los que pueden recibirlo. Debería doler tanto…
que todos entonces irían a la misa confesados, en gracia
de Dios.
Señor, yo no soy digno… ¿Quién dijo estas hermosas palabras?
Un pagano, un centurión romano que tenía tanta fe que
Jesús dijo de Él: “No he encontrado tanta fe en
Israel”.
Comulga primero el sacerdote. Luego el sacerdote y diácono dan
la comunión. Si es mucha gente, y de ordinario suele
estar llena la Iglesia, es muy conveniente que ayuden algunos
ministros extraordinarios de la Eucaristía. Mientras se canta o se
lee la antífona de la comunión que es una píldora
breve sobre la Eucaristía.
“El cuerpo de Cristo”. Amén.: Creo. ¿En la
boca o en la mano? Según lo determine el obispo
del lugar. Ambos están permitidos. No importa si es en
la boca o es en las manos. Lo que importa
es el respeto y el amor.
Tercera oración: Alude a la
misa celebrada, a la comunión recibida y pide que mantengamos
los frutos para el futuro.
Rito de conclusión
El Señor esté con
vosotros: Un saludo final, semejante al del principio. Y se
da la bendición en nombre de la santísima Trinidad. Se cierra
esta acción litúrgica con solemnidad: Como si uno entrara a
través de un gran arco a la Misa y saliera
por otro arco hermoso.
Podéis ir en paz.
Ojalá sea cierto. Razones
tienen porque han estado en una convivencia de
hermanos, han escuchado la palabra de Dios, han recibido a
Dios mismo en su alma. Han rezado y cantado juntos
las alabanzas de Dios. Debieran salir con otra cara y
otra alma de aquella que con la que entraron.
Preguntas o comentarios al autor P. Mariano de Blas LC
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