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Autor: Emilio Avilés Cutillas | Fuente: Catholic.net Cuidar de la salud
Un buen entrenamiento, en tiempos de salud o de enfermedad, en la flor de la vida o en el ocaso de ésta, puede ser buscar la felicidad de quienes tenemos más cerca, evitando producir “anticuerpos” a nuestro alrededor
Cuidar de la salud
Un buen entrenamiento, en tiempos de salud o de enfermedad,
en la flor de la vida o en el ocaso
de ésta, puede ser buscar la felicidad de quienes tenemos
más cerca, evitando producir “anticuerpos” a nuestro alrededor Le decía
una señora distinguida a un médico sabio que los doctores
sabían muy poco de medicina. A lo que el prudente
médico respondió: “Bien, bien, pero lo poco que se sabe
lo sabemos nosotros”.
Saqué esta anécdota en la conversación reciente con
un buen amigo. Estaba él impaciente y nada conforme con
las explicaciones médicas sobre su repentina frágil salud. Comprendí sus
protestas, pues es cierto que el hombre más que padecer
la enfermedad, la sufre, se revela para salir de ella
y es normal que así sea. Es un misterio la
enfermedad, la ciencia no nos garantiza poder resolver siempre los
problemas que vengan en el futuro.
Reconozcamos que lo característico del
enfermo es no poder valerse por sí mismo, lo que
ya es un verdadero sufrimiento. Por eso, llama tanto la
atención que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, no apuesten
decididamente por unos hábitos de vida más saludables, lejos de
evasiones estupefacientes, conductas inhumanas o caprichos sinfín, que tanto nos
pueden despistar de las responsabilidades y las tareas personales de
cada uno, y tantas dependencias nos pueden crear.
Como todos nos
preocupamos por el bien de las personas que amamos, sería
un primer paso, y muy positivo, aplicarnos aquello del viejo
refrán “es mejor prevenir que curar”. Efectivamente, la salud corporal
necesita de la buena forma física, que es el resultado
de un ejercicio regular, de una nutrición adecuada y de
un descanso y un sueño suficientes.
Por otra parte, interesa recordar
que la experiencia de la enfermedad nos hace más comprensivos,
más humildes, más sinceros, más generosos y solidarios. En la
enfermedad entendemos mejor que nuestra existencia es gratuita y que
la salud es un inmenso don.
Luchemos, pues, por mantener
y mejorar nuestra salud, los demás nos necesitan en forma.
Para ello, contamos en el ámbito sanitario con la abnegación
de unos profesionales de inestimable valor en nuestra sociedad. Personas
que saben que quien sufre no sólo busca un alivio
a sus dolencias o limitaciones, sino también a alguien capaz
de comprender su estado de ánimo y que pueda ayudarle
a aceptarse a sí mismo y a superar las dificultades.
Sea
como sea, nos interesa a todos dar sentido al sufrimiento,
propio o ajeno. No nos veamos solos ante una incapacidad
física, ante la falta de energías para el trabajo o
cuando la enfermedad nos impida desarrollar una vida normal.
Un buen
entrenamiento, en tiempos de salud o de enfermedad, en la
flor de la vida o en el ocaso de ésta,
puede ser buscar la felicidad de quienes tenemos más cerca,
evitando producir “anticuerpos” a nuestro alrededor. Y es que, seguro
que lo sabemos bien, salir de nosotros mismos hace que
esponjemos el ambiente y mejore la convivencia. Eso también nos
facilita conseguir una buena forma física y mental.
Pues, ¡ea!, que
ni el tiempo ni la enfermedad nos desgasten, sino que
nos ayuden a “crecer”, un poco cada día.
Comentarios al autor:
emiliaviles@gmail.com Emilio Avilés es
especialista en educación familiar.
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