El derecho canónico establece garantías de que los bienes que posee se usarán para el cumplimiento de sus fines. Para ello, arbitra requisitos para su venta y para imponer gravámenes.
El derecho canónico distingue entre bienes eclesiásticos y los demás bienes, a veces llamados bienes laicales, para mejor adecuar el uso de los bienes a los fines de la Iglesia.