La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Ignacio León | Fuente: Catholic.net De corazón a corazón
No has dejado de hablarme a mi corazón con tu bello ejemplo de ser mi madre
De corazón a corazón
¡Te lo mereces todo! ¿Cómo poderte festejar? ¡Busco algo
original para ti! Mariachis… con un pastel… organizarte una comida…
una serenata… ¡Con todo lo que has hecho por mí,
todo queda corto! Así que opté por lo más
sencillo y lo que más te gusta. “Hacerme niño”.
Hablarte como tu niño. Hablarte de corazón a
corazón.
¡Mamita, muchas gracias! Porque supiste aguantarte durante nueve meses
en medio de dolores y sufrimientos, con tal de darme
a luz y brindarme el calor eterno de tu primer
abrazo.
¡Gracias mami! Porque me mostraste como dar mi “primer pasito”,
sabiendo de antemano que un buen día usaría tus enseñanzas
para alejarme de tu lado y tomar mi propio camino.
¡Gracias
mamá! Por toda la cantidad de horas que pasaste a
mi lado en mi mesa de estudio. Sacrificando fiestas
y salidas en compañía de papá. Tu afán fue
siempre convertirme en un hombre capaz y de mucho bien.
Especialmente
por dirigir mi manita durante mis “primeras planas”, trazando
palitos y letritas. Jamás lo planeaste y así me
diste tu tiempo, sin pensar que me convertiría en escritor
y dedicaría estas líneas de amor. ¡Entrega desinteresada la tuya!
¡Discúlpame si en algún momento te causé dolor y
lágrimas con mis travesuras de niño y las no tan
inocentes de mayor! Solo un corazón de madre, como el
tuyo, es capaz de transformar esos tragos amargos en una
dulce caricia de educación.
¡Gracias mamá! Por enseñarme a conocer y
querer a Dios. ¡Qué precioso momento aquél cuando dirigiste
mi mano para persignarme! ¡Por qué nunca me dejaste
salir de casa sin darme la bendición! En esos
momentos no lo entendía y hasta buscaba escabullirme. ¡Con
la gracia de Dios, permíteme agradecerte con mi bendición en
el día de mi ordenación sacerdotal!
Gracias a ti conocí el
calor de un abrazo maternal y el deseo de sentirme
siempre protegido por tus brazos. Esos abrazos fueron la cuna
de lo que ahora es mi filial relación con Nuestra
Madrecita del cielo. A ella le hablo como a ti,
a ella le pido su bendición como tú siempre me
la has procurado.
Yo nunca sabré todos los sinsabores y
las horas gastadas por mí durante mi vida. Nunca seré
madre para experimentar lo que tú ya has vivido.
Pero me alegro mucho de poder ser hijo y saber
lo hermoso que es tener una madre.
¡Bien lo sabías! Que
tenerme en tu seno significaría vivir de Amor y de
dolor. Más amor que dolor, por que tus sufrimientos los
has convertido en escalones hacia un tierno amor. No te
importó y así levantaste con orgullo tu bandera de Madre.
Lo
sé mamá. Comencé este artículo procurando que se convirtiera
en un diálogo de corazón a corazón y tú no
has dicho ni una palabra. No te preocupes. Te
adoro, por que no has interrumpido tus palabras desde hace
veinticuatro años. No has dejado de hablarme a mi
corazón con tu bello ejemplo de ser mi madre.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR