Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net La fidelidad, un valor a descubrir
La verdadera fidelidad está en crisis, parece que ser fieles es cosa de tontos o de débiles
La fidelidad, un valor a descubrir
Se habla muchas veces del valor de la fidelidad. No
siempre se comprende bien por qué es algo importante, por
qué vale tanto.
Conviene recordar que los valores pueden dividirse en
dos grupos: unos son aquellos valores que son buscados y
queridos por sí mismos, no por algo distinto de ellos.
Son de este grupo, por ejemplo, la amistad, el amor,
la alegría profunda y sincera, la eternidad. Otros valores, en
cambio, sólo son medios o instrumentos o consecuencias de valores
más importantes. En este segundo grupo se encuentran el dinero,
la salud, la fuerza, muchas clases de trabajo, etcétera.
¿Dónde se
coloca la fidelidad? ¿En qué grupo podemos situarla? La fidelidad
no es un valor que se mire a sí misma,
que se quiera porque sí, sin más: es un valor
instrumental. Se es fiel a un amigo, a la esposa
o esposo, a la empresa donde uno trabaja, a la
patria, a la humanidad.
La fidelidad acompaña a muchos valores que
definen al hombre en su núcleo central, para el bien
o para el mal. Porque también hay personas que son
“fieles” a su jefe criminal, al chantajista que pide negocios
deshonestos, a la cita puntual para vender droga o para
gastar el dinero de la familia en unas cuantas cervezas
de más. En estos casos la “fidelidad” queda deformada, dramáticamente,
hacia vicios y males que son capaces de dañar a
los demás y de destruirnos, poco a poco, a nosotros
mismos.
Así que existen dos fidelidades. O, mejor, una fidelidad auténtica,
al servicio del bien, y una caricatura de la fidelidad,
siempre manchada por la mentira, la avaricia, el robo o
el crimen.
¿Y cómo se construye la fidelidad auténtica? Todo depende,
sencillamente, de la fuerza del amor que reina en el
propio corazón. Si uno ama de verdad a su familia,
a sus amigos, a sus compañeros de trabajo, sabrá ser
fiel a sus compromisos. No quiere ser fiel porque sí.
Quiere ser fiel para dar una respuesta de amor a
aquellos a los que debe algo, a los que quiere
ayudar, a los que aprecia y venera en lo más
profundo de su corazón. Conforme más débil es el amor,
menor es la fidelidad. Las traiciones matrimoniales responden de un
modo bastante exacto a esta ecuación.
Por eso hay que evitar
el error de querer ser fieles a toda costa, incluso
sometiendo el amor como un medio para lograr la fidelidad.
No se ama para ser fieles: se es fiel para
amar más y mejor. El amor construye la fidelidad para
incrementar el amor. Podríamos decir que la fidelidad es sólo
un momento de paso del amor hacia el amor. Cuando
llega la prueba, cuando se asoma otro hombre u otra
mujer, cuando uno se cansa de sus hijos pequeños o
de sus padres ancianos, es entonces cuando el pequeño amor
que tengamos nos ayuda a decir no a la deslealtad
y sí a la fidelidad. Superada la prueba, el amor
puede crecer, hacerse luminoso, limpio, radiante, capaz de suscitar envidia
en quienes observan las vidas de tantos hombres y mujeres
que no ceden a la tentación de una trampa, porque
en su corazón hay algo mucho más grande y más
fuerte que la búsqueda de un placer provisional y despreciable.
La
verdadera fidelidad está en crisis porque quizá hemos dejado de
vivir a fondo el amor. Notamos el síntoma de una
enfermedad profunda, que nos hiere un poco a todos, que
nos carcome, debilita y empobrece. Parece que ser fieles es
cosa de tontos o de débiles. Parece que ser constantes
en los valores verdaderos es señal de fracaso y de
falta de realismo.
Mientras unos siguen viviendo “felices” con sus trucos,
sus engaños y sus placeres de ocasión; otros, los que
son fieles, los que aman, dejan una huella que no
nos puede dejar indiferentes. Seguirla es el deseo que nace
en quienes quieren ser felices de verdad, en los que
buscan amar en serio, romper con la mediocridad y el
oportunismo, vivir aquí, en esta tierra, con los ojos puestos
en el cielo, donde el amor brilla con tal fuerza
que no hay lugar para ser infieles. ¿Es posible traer
un poco de ese cielo a nuestra tierra hambrienta de
amor y de fidelidad?
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Un articulo lleno de esperanza! con un mensaje
claro, que nos llama a reflexionar, que nos muestra
que la vida sin valores esenciales como la fidelidad
es mediocre, incompatible con el amor, porque este
justamente se nutre de la confianza y la fidelidad!
yo tambien lo comparti en mi face! porque creo en el
amor y creo en la fidelidad!
bello y bastante didatico que llega a la conciencia nos deja meditando y deseosos de ser autenticos y fieles con Dios y el projimo .Que Dios lo bendiga
Si Dios es amor y la fidelidad es parte de este Gran Dios , no como instrumento sino como signo que el emplea para demostrarnos su amor,en el hombre actual(la humanidad),que no ama (agapao) sino que quiere saber amar(filia), como cuando nusrstro Señor Jesucristo interrogo a Pedro ,tambien tendra una caritatura de fidelidad, la cual no se le puede identificar como tal