Autor: Sr. F y Sra. G | Fuente: Libro: Secretos del Amor Necesita sentirse amada
Dificultades en la afectividad a los 10 años de matrimonio.
14 de abril de
1997
Esta historia no empezó “érase una vez...” sino hace 27
años, cuando nos casamos en el monasterio benedictino de Poblet,
una de las joyas del románico catalán.
Nuestra historia matrimonial consta
de varios capítulos. Unos breves y otros largos. Muchos dichosos,
algunos no tanto. Pero todos vividos juntos, muy unidos el
uno al otro, como nos prometimos ante el altar.
Pronto llegó
el primer hijo, al que le seguirían dos más con
pocos años de diferencia. Los nacimientos, este don de tres
hijos buenos, inteligentes y sanos, son quizá los momentos de
mayor felicidad en nuestro matrimonio. Con ellos hemos ido recorriendo
el camino esmerándonos por educarles con la palabra y con
el ejemplo. También con ellos hemos celebrado nuestras bodas de
plata matrimoniales, a las que hemos llegado juntos con amor
y bienestar.
Otro capítulo es aquél que recoge algunas dificultades que
nos han ayudado a incrementar y madurar nuestro amor de
esposos. Después del nacimiento del tercer hijo, cuando habíamos andado
ya diez años de matrimonio, llegó una pequeña crisis. Tan
pequeña que se cuenta rápido: crisis afectiva de la esposa
que se infravalora y necesita un poco más de afecto.
Con paciencia, se dio tiempo al tiempo, el mejor medio
para probar el auténtico amor.
En casa siempre han estado los
abuelos, primero maternos, luego paternos. Cierto que ha dificultado a
veces nuestra intimidad, pero esto habrá sido un buen testimonio
para los hijos, porque tristemente la sociedad de hoy, a
los ancianos, se les deja egoísticamente en el asilo, cuando
no en la calle. Ha sido necesario un gran esfuerzo
de generosidad y sacrificio para que la convivencia resultara armoniosa,
pero lo hemos logrado.
Los fundamentos de nuestro matrimonio han
sido siempre el amor y la fidelidad. Sí, las dificultades
han estado presentes, ¿y dónde no las hay?, pero nosotros
nos queremos y confiamos plenamente el uno en el otro.
Hemos
dedicado nuestro mejor tiempo a los demás, a padres e
hijos, de manera sacrificada, pero feliz. Ha sido y es
nuestro modo de presentarnos con las manos llenas al final
de nuestra vida.
Nuestra historia no ha terminado. Faltan muchos capítulos
que esperamos escribir juntos esperando disfrutar serenamente de nuestro acrecentado
amor, compartir el descanso en la madurez de nuestras vidas
y, sobre la marcha, seguir planteándonos nuevos retos en común.
Reflexión:
No
es que sea matemático, pero a varias parejas a los
10 años, la dificultad de la afectividad toca a su
puerta. Lo importante no es si llega a los 10,
a los 5 o a los 20 años de casados.
Creo que lo importante es saber, primero, que puede llegar,
y segundo, cuando llegue, saber cómo hacerle frente.
Respecto a lo
primero, el asunto es sencillo. Ya lo sabes: puede llegar.
No es que sea obligatorio, pero puede llegarte esa crisis
de afectos que consiste, esencialmente, en “no sentir” el amor
-aunque lo tengas entre tus dedos-, “no sentir” el aprecio
-aunque realmente se te reconozca incluso públicamente-, “no sentir” lleno
el corazón -aunque no te falte nada-, “no sentir” que
eres amada -aunque de verdad lo seas-.
Esta crisis, esta
sequía de afectos, si bien en cada persona presenta múltiples
rostros, con sus peculiaridades específicas y personales, puede ser una
campana de alarma de que el amor ha deslizado poco
a poco en la rutina o en el aburrimiento. No
debe extrañarnos.
El corazón humano no es de oro macizo,
es un corazón de carne, vivo y palpitante. A veces
no basta con que esté vivo, ha de saberse amado.
No basta que tú la ames de verdad, ella necesita
sentirse amada.
¿Qué hacer, entonces, ante esta crisis? Considero importante, ante
todo, estar alerta, poner atención, y no despreciar dicha situación
como si de nube pasajera se tratara. Y…, ¿me permites
un consejo práctico?: “Te amo”. Díselo siempre que puedas; al
despertarte con un rayo de sol, a mediodía antes de
sentarte a comer, al anochecer, antes de apagar la lámpara
de noche. Susúrraselo al oído, escríbeselo en una nota, incluso
si tienes buena voz, ¡cántaselo!
Es una frase mágica. No
basta pensarlo, hay que decirlo, repetirlo, gritarlo. No seas avaro,
tímido, orgulloso, frío. Ninguna persona, y menos una mujer, se
cansará de sentirse amada y de escuchar: “¡Te amo!”
Este artículo
es parte del libro "Secretos del Amor" del Juan Ramón
de Andrés, si estás interesado en adquirirlo haz clic en
Contenidos Formación Integral
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR