Autor: Mr. Scott y Mrs. Cheryl Gilman | Fuente: Libro: Secretos del Amor El más importante eres tu
Testimonios de un matrimonio
Por la gracia de Dios, nos unimos en santo
matrimonio hace tan sólo 6 años.
Los momentos más felices y
agradables como esposos son cuando estamos juntos en la cama
al final del día. Scott y yo hablamos de
los eventos del día, de los hijos, de cómo vamos
alcanzando, conociendo y amando a Cristo en nuestras vidas, de
cómo nos vamos conociendo más entre sí.
No dejamos que la
puesta del sol nos sorprenda en nuestro enojo. Nuestra
meta es reconciliarnos y estar en paz antes de dormirnos.
Muchas veces cerramos el día con un tiempo de
oración.
Y, por supuesto, pasamos nuestros mejores momentos al lado de
nuestros pequeños. Nuestros hijos son el regalo más precioso que
Dios nos ha dado -cada día con ellos es una
verdadera bendición-.
Así es, los momentos más alegres como padres son
los ratos pasados con ellos, jugando con ellos, paseando con
ellos, comiendo con ellos. Además, no podría ser de otro
modo, yo disfruto mucho los ratos que paso con mi
esposa. Nos apoyamos y nos animamos mutuamente en esos minutos
que juntos gozamos todos los días.
¿Momentos difíciles? Sí, claro que
los ha habido. Con tres hijos pequeños -uno de 4
años, otro de 3, y el pequeño de año y
medio- los últimos doce meses han sido extremadamente difíciles porque
compramos una casa nueva, salimos de la casa antigua, que
estuvo sin venderse por un mes, nuestro segundo hijo tuvo
una operación de apéndice de emergencia, compramos un nuevo negocio,
y por si fuera poco, unos adolescentes con pistolas robaron
nuestra casa. Todavía hay un poco de caos, pero nuestra
meta es mantener nuestros ojos fijos en Jesucristo y no
dejar que las situaciones externas afecten nuestra seguridad en la
vida con Cristo.
¿Cuál ha sido nuestra clave para mantenernos unidos
hasta el día de hoy? Nuestra clave es Cristo. Él
es nuestra roca. Leemos a menudo la Biblia para renovar
nuestras mentes con los pensamientos de Jesús e intentamos hacer
oración de manera constante -solos o juntos-.
Algo que nos ayuda
enormemente es hablar con nuestros amigos cuando necesitamos ánimo y
compresión. Tenemos una fabulosa comunidad de amigos en Cristo,
que están siempre disponibles para todo aquello que se nos
ofrece, y esto es un gran consuelo y ayuda para
nosotros.
Y algo muy importante: hablamos mucho entre nosotros. Platicamos de
las dificultades que encontramos en la vida, del sentido de
la vida, del valor de nuestros hijos, del significado de
la muerte, de la felicidad de esta vida, del gozo
inmenso del cielo. ¿Qué es lo que no cambiaríamos? No cambiaríamos
el hecho de que ambos fuimos vírgenes antes de nuestro
matrimonio. No dejaríamos de compartir nuestras vidas con nuestros
amigos y con la comunidad.
-Como madre, mejoraría, eso
sí, el tiempo que pasamos con nuestros hijos; intentaría ser
más entusiasta por estar con ellos y no sólo preocuparme
tanto del trabajo que conlleva el cuidar y educar a
los hijos.
También, me gustaría seguir meditando las palabras de Jesucristo,
con la esperanza de que mi vida sea un reflejo
del amor de Dios hacia mí y hacia todo el
mundo. De este modo, yo me entregaría a amar
más a mi marido y a mis hijos.
-Yo tan sólo
deseo añadir una cosa más. Creo que la fuerza de
nuestro matrimonio se fundamenta en el compromiso personal que mi
esposa y yo hemos hecho a Jesucristo. Sin una visión
más grande que nuestras mismas vidas es imposible tener un
matrimonio íntimo. Muchas parejas, sobre todo hoy en día, buscan
elementos externos para su propia satisfacción y enriquecimiento. En su
corazón ven que la persona, que esperaban podría llenar su
alma de felicidad, es también egoísta, tiene sus errores, y
se decepcionan. Entonces, se vuelcan ansiosos sobre cosas y actividades
más absorventes. Nada de todo eso, por supuesto, les ayuda
a construir su matrimonio.
Jesucristo nos ofrece una nueva visión: darse
a sí mismo, entregarse, construir, y no exigir lo mismo
a cambio. Paradójicamente, uno recibe mucho más de lo que
da. Sin este ideal, el matrimonio muere un poquito cada
día, sufre una muerte lenta. Sin embargo, cuando dos personas
se entregan a Jesucristo, brota un ambiente inigualable de ternura,
de felicidad y de verdad.
¡Jesucristo! Él es el más
importante, más que ninguna otra idea, cosa o persona, para
un matrimonio feliz.
Reflexión:
Confieso que no me esperaba un testimonio de
este estilo de un matrimonio tan joven y, además, americano
-dicho sea con todo respeto y admiración-. Pero me ha
llenado de esperanza saber que en medio de ese gran
país, la levadura del cristianismo sigue fermentando la sociedad, que
en medio de tantas riquezas y atracciones los cristianos siguen
siendo la luz del mundo, y que Jesucristo sigue reinando
en el corazón de familias enteras.
Sí, Jesucristo, el gran ausente,
pero el gran necesitado. ¡Qué insulsa debe ser la vida
sin Cristo! Un poco de tiempo inflado de pasiones, paladas
de diversión y de sexo -cuando no de dolor y
de sufrimiento-, dejando en el alma un extraño sabor a
polvo.
Por el contrario, ¡qué diferente es la vida con Cristo!
¡Qué seguridad, qué paz y qué gozo tan profundos! Realmente
es muy fácil ser feliz. A veces me dan pena
los hombres y mujeres que corren como locos, hambrientos de
felicidad sin encontrarla.
La felicidad la encontrarás en Jesucristo. No dudes,
no dudes nunca del amor de Cristo. No te engañes.
No pierdas tiempo. Sea cual sea el camino que tomes
en la vida, trata de conocer a Jesucristo, de amarlo
-con pasión, con locura-, de imitarlo. De verdad, ¡es maravilloso,
es inefable!
Este artículo es parte del libro "Secretos del Amor"
del Juan Ramón de Andrés, si estás interesado en adquirirlo
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