Autor: Miguel y Charo | Fuente: Libro: Secretos del Amor Llenos de Ternura
Testimonio. Importancia de la ternura en el matrimonio.
Cádiz, España 25 de mayo de 1997
Hace 32 años que
estamos casados y cuando uno mira hacia atrás ve cuánto
más provecho podía haber sacado del matrimonio como sacramento y
misión que tienen los esposos, tanto como pareja como siendo
responsables de ayudar a los hijos en su formación humana
y religiosa.
Quisiera, a modo de introducción, resaltar mucho la
importancia de conocerse muy bien, y conocerse sólo se consigue
cuando ambos son sumamente sinceros en el trato, cuando se
muestra uno tal como es. Esto facilitará luego el aceptar
al otro como es, pues tú sabes ya cómo es
realmente el otro.
Yo creo que el momento más dichoso para
nosotros fue el día de nuestra boda. ¡Momento tan deseado...!
Después de cinco años de noviazgo con más de mil
kilomentros que nos separaba, por fin se hizo realidad. Y
después, los momentos de mayor gozo han sido los nacimientos
de nuestros hijos. Aquí pienso que también debe ser una
decisión bien meditada, siendo conscientes de que ser padres requiere
de una gran dosis de generosidad. No quiero decir que
no se tengan hijos -esto es absurdo para el verdadero
amor-, sino que ese amor, maduro y sacrificado no se
improvisa, y es necesario prepararlo.
Otro gran motivo de felicidad en
nuestra vida es tener un hijo preparándose para el sacerdocio,
aunque en un principio nos resultase muy difícil la separación
-sólo tenía once años cuando se fue al centro vocacional-.
Y, como es lógico, en aquella tierna edad, tener que
vivir sin su compañía fue duro. Pero cuando ese dolor
se lo ofrecimos a Jesús para que perseverase en su
vocación, Él supo endulzar aquel trago amargo. Y además se
lo encomendamos a la Santísima Virgen -lo hacíamos constantemente-, de
modo que yo, como madre, tenía una gran paz interior
y la certeza de que la Virgen, mucho mejor que
yo, lo confortaría en todo momento.
Han sido varios los momentos
difíciles en nuestra familia: la enfermedad de otro hijo con
sólo doce años de un tumor en el maxilar superior.
Por un momento creíamos que podríamos perderlo... y luego tuvimos
la alegría de que, gracias a Dios, se recuperara del
todo (llega uno a pensar que el Señor cuenta con
él para algo importante... hacen falta buenos cristianos).
Otro momento, muy
difícil para todos en la familia, fue la caída de
nuestro hijo mayor - aunque sólo era un adolescente- en
el mundo de la droga. Ha sido lo más duro
que nos ha podido pasar, es como si a todos
los que formamos la familia nos faltase algo. Parece que
ha muerto pero sabes que está vivo... ¡Duele mucho! Hace
falta mucha fe en “Quien todo lo puede” para que
te ayude a asumir este gran problema y sólo cuando
somos capaces de no desesperarnos sino de confiar en Dios,
esperando en su misericordia -siempre presente de alguna forma con
nosotros-, es así cuando podemos darle muchas gracias porque nunca
nos abandona. Nosotros le agradecemos infinitamente a Dios que nuestro
hijo superase la drogadicción y le hemos ofrecido nuestro sufrimiento
junto con nuestras oraciones constantes por esta gracia tan especial.
Dichas
dificultades, como digo, las hemos superado con mucha confianza en
Jesús y rezando mucho. Mantenerse unidos ante las dificultades es
la mejor manera para afianzarse en la fuerza del sacramento
del matrimonio. Muchas veces me pregunto cómo después de tantos
años de matrimonio aún seguimos buscando la forma de darle
sentido a nuestra unión, superando dichas dificultades, y la respuesta
sólo la encuentro en el amor de Dios hacia nosotros.
Creo que Él ve nuestro intento de superación y nos
compensa con su ayuda.
Ahora nos une Dios, y también la
fuerza que da el haber sido capaces de superar momentos
personales de desaliento, habiendo tenido que renunciar a uno mismo
en muchas circunstancias, cosa que -dicho sea de paso- hay
que hacer continuamente.
Si volviera a empezar cuidaría más la preparación
al matrimonio, concientizándome que dicho matrimonio tiene que ser siempre
cosa de tres: sin Jesucristo en medio no es igual.
Dejaría
de lado toda superficialidad que tanto daña a la pareja,
pues cuando uno mira hacia atrás y ve tanto tiempo
no aprovechado a tope, al menos a mí me entristece.
Un matrimonio bien vivido tiene que ser algo precioso, pero
esto sólo se consigue en la medida en que los
esposos sean capaces de darse, de amarse en todo el
sentido de la palabra, como dice San Pablo a los
Corintios. Claro que es difícil, pero si fuésemos capaces de
ser humildes y generosos y descrubiéramos las ventajas de ello,
estaríamos más dispuestos para luchar por ello.
Sólo si buscamos
al Señor como centro de nuestras vidas, tendrá sentido el
matrimonio.
Los años que nos queden de matrimonio desearíamos que fuesen
lo más provechosos posibles, llenos de ternura y de paz,
dándonos cuenta que Dios nos ama tanto que nos ha
unido para que encontremos el uno en el otro toda
la ternura y comprensión que nos haga darle gracias por
habernos conocido.
Reflexión:
Estos esposos quieren vivir su matrimonio a tope, y
lo lograrán, sin duda alguna, en la medida en que
“sean capaces de darse, de amarse”.
Pero, ¿qué es el
amor? Millones de páginas se han escrito sobre esta maravillosa
y terrible experiencia. El amor se presenta con miles de
rostros. Por lo pronto, deseo ahora fijarme tan sólo en
uno, que esta pareja menciona en el último párrafo dos
veces: la ternura.
La ternura es una de esas llamas que
se elevan misteriosas en una gran hoguera. Es hermosa, suave,
en ocasiones invisible... Pero cuando la ternura es fruto del
amor, el corazón es un volcán de iniciativas; cuando la
persona amada está en el centro –¡en el centro!- de
tu corazón, tu corazón no envejece. Es entonces cuando tu
corazón, rebosante de calor, vuela de mil maneras al amado,
y corre a su encuentro de modos esquisitamente insospechados.
Y
no solamente evitas todo aquello que pueda herir a la
persona amada (una mirada escurridiza, un comentario hiriente o negativo,
una discusión inútil, un silencio orgulloso, un pensamiento de duda...),
sino que buscas complacerle en todo: le dices una frase
hermosa, le felicitas por la sabrosa comida, le agradeces su
duro trabajo, le alabas por lo guapa que está, le
sorprendes con un regalito, etc. Buscarás complacerle en todo y
con todos tus actos, con suavidad, como los copos de
nieve que besan la tierra.
¿Quieres un termómetro para medir, en
cierto modo, tu ternura por la persona amada? Pregúntate si
sus deseos son órdenes para ti. Sí, ¡los deseos, órdenes!
Este
artículo es parte del libro "Secretos del Amor" del Juan
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