Carta de unos padres a su hija que está ahora en el cielo
Querida hija María..
Te escribo unas líneas mientras en la otra mitad
de la pantalla del ordenador veo tu carita en una
foto de este verano con tus hermanos y tu madre.
Ya hace tiempo que la tengo como salvapantallas y hoy,
que he vuelto al trabajo, ahí estabas, mirándome con tus
enormes ojos oscuros que siempre han parecido que preguntaban más
que los ojos de otros niños. Y es que, claro,
tú tenías que aprender más deprisa, porque tenías menos tiempo.
17 meses y diez días has vivido fuera del vientre
de tu madre. 17 meses y 10 días maravillosos. Sí,
ya sé que no han estado exentos de problemas y
de momentos duros (sobre todo para ti): 3 operaciones a
torax abierto, 3 cateterismos con anestesia total,, dos bronquiolitis,
un par de infecciones, y la última breve y maldita
intervención que quizás fue el desencadenante físico que se te
acabó llevando de mi lado, de nuestro lado. Quizás tu
cuerpecito se cansó de aguantar y prefirió descansar donde ya
no hay más operaciones ni más agujas, ni más vías
que coger, ni más gafitas de oxígeno, ni más sondas
para alimentación, ni más batas blancas y azules que tú
ya te conocías de memoria y que no te gustaban
nada.
Cómo olvidar las veces que, recién salida de una
operación, tenías 6 ó 7 cosas clavadas en tu
cuerpo, entre drenajes, vías y sondas. A veces eras lo
más parecido a un niño Jesús crucificado, pues encima estabas
atadita de pies y manos para que no te tocaras
nada.
Pero quien no te haya conocido o quien sólo
te haya visto en alguna de las malas rachas, se
ha perdido mucho de ti. No voy a decir que
eras la niña más lista del mundo, pues eso sería
una exageración provocada por el cariño en la que caemos
todos los padres. Pero sí diré que eras una niña
de 17 meses normal en lo intelectual, evidentemente retrasada en
la motricidad, y, sin duda, muy, muy alegre y vivaracha.
Y si no, ahí están tus hermanos para contar cómo
te hacían reír a carcajadas, cómo te gustaba pedir que
te pusiéramos música a todas horas, o cómo bailabas hasta
con la música de los anuncios de la radio o
con la de cualquier juguete. Revisando estos días fotos tuyas
he constatado que, básicamente, eras una niña feliz y normal,
como cualquier otra.
En fin, 17 meses y 10 días
por los que sólo podemos dar gracias a Dios por
el préstamo, aunque éste haya sido a tan corto plazo.
No hay palabras
para describir el dolor que produce tu ausencia. No hay
palabras para describir lo vacía que se ha quedado
la casa a pesar de tus hermanos, o lo silenciosa
y larga que es la noche sin escucharte en toda
ella. ¡Cuántas noches me habré quejado de que no nos
dejabas dormir, y ahoraŠ! En fin, no se puede explicar
la soledad que tu madre y yo sentimos, siendo a
la vez los más acompañados del mundo.
Sí, ya sé,
estás en el cielo, con Jesús, con los santos, con
los ángeles, con la Virgen María.
Sí, ya sé, estás
en el cielo, con tu abuelo José María, con el
abuelo de Pablo Sada, con el de Juan Romero, con
el abuelo capitán, y con tantos y tantos que nos
han precedido
Sí, ya sé, estás en el cielo, esperándome,
preparando un sitio para tu madre, para tus hermanos y
para mi si Dios tiene a bien en su infinita
misericordia, permitirnos ir con vosotros algún día.
Sí, ya lo
sé, estás en el cielo y muy, muy cerquita del
jefe, puesto que no tenías ningún pecado. Y sé que
ahora puedes interceder por los que aquí estamos de una
manera muy especial y muy eficaz. Y sé que debemos
rezarte a ti, como santa que eres para que nos
consigas las gracias que necesitamos.
Sí, ya sé que estás
en el cielo, y que cuando un santo sube al
cielo, o simplemente cuando alguien se muere, los cristianos debemos
estar contentos.
Y todo esto es verdad y así lo
creo, pero, hija mía, duele tanto
Ayúdame tú a que el
dolor se mitigue, porque lo que no es justo es
que dejemos que el dolor empañe la verdad. A mí
siempre me ha gustado pensar en una frase acerca de
que lo que se ha visto en la luz no
se debe negar en la oscuridad. Y la luz, lo
que sé, en lo que creo, es todo lo que
te he dicho hace un momento, aunque el dolor sea
tan intenso. Y tendré que aprender a convivir con el
dolor porque estas cosas son para siempre, pero ojalá sea
un dolor sereno, seguro en la fe y en la
esperanza de que un día nos encontraremos y ya será
para siempre.
Me cuesta rezarte, porque te sigo viendo como
un bebé, indefenso y necesitado, y no acabo de darme
cuenta que ahora ya eres otra cosa y que estás
en el cielo de otra manera.
Bueno, dame tiempo. Dame
tiempo para conseguir rezarte como a lo que eres, un
alma santa al ladito de Dios Padre. Dame tiempo para
que la razón y la fe se consigan imponer a
este dolor tan grande que aún me empaña el alma.
Dame tiempo para aprender a amar, sí, amar, esto que
Dios ha permitido en tu vida y en la mía.
Sólo Él es, ha sido y seguirá siendo, Señor de
tu historia, Señor de mi historia, Señor de la Historia.
Supongo hija mía que ya aquí viste la calidad de
la gente que nos rodea. Sé que ahora además conoces
de primera mano lo que hay en sus corazones. Verdaderamente
hemos tenido una suerte inmensa de tener alrededor nuestro las
personas que tenemos, tanto la familia, Yuly incluida, como
los amigos. Todos son un regalo de Dios para los
que no se han inventado palabras que describan mínimamente el
agradecimiento que tú y yo sentimos. Ojalá algún día se
invente la comunicación de corazón a corazón, de alma a
alma, para poder decir cosas que hoy no se pueden
decir con palabras. Cuídales a todos.
Cuida especialmente de tus
abuelas. Supongo que ver morir a un nieto cuando uno
ya ha vivido muchas cosas tiene que ser doloroso.
Confórtalas.
Una palabra solamente acerca de tu madre. ¡Qué te
voy a contar yo a ti que no sepas de
lo que te quiere tu madre y lo que te
echa de menos! ¡Qué decirte de las noches sin dormir
por tu tos o de las noches de hospital, o
de la diaria toma entre cinco y siete de la
mañana! Y te cantaba y jugaba contigo para que comieras
a esas horas. ¡Qué dura pelea paraŠ sólo Dios sabe
para qué! Cuida mucho de tu madre, del hermanito que
viene y de Ignacio y Leticia. Por cierto, el otro
día Ignacio te dejó un regalito encima de tu tumba
que seguro que ya has visto. Leti dice que te
lo dará en mano cuando os volváis a ver. Y
a esto Ignacio le contesta que al cielo se va
desnudo. En fin, un lío.
Por mi parte vivo en
un doble sentimiento. Amo esta vida que Dios me ha
dado. Tengo una vida plena y feliz. Sí, profundamente feliz
aunque no todos los momentos sean de carcajada. Tengo una
familia y unos amigos que jamás soñé tener. Tengo una
fe y una esperanza que me sostienen y me indican
el camino a seguir y la meta que me espera
al final del mismo si corro bien mi carrera. Y
tengo un grupo que me ayuda a vivir en comunidad
todo en lo que creo. Jamás he merecido nada de
todo esto. Todo me ha sido dado gratuitamente por Dios
Nuestro Señor. Y me gusta.
Pero por otra parte tengo muchas
ganas de llegar a la meta prometida, de dejar de
especular, de dejar de vivir de fe, y, por fin
conocer el otro lado, de entender todo lo que por
mi condición humana no puedo comprender. De volver a verte
a ti y darte un abrazo muy fuerte sin miedo
a hacerte daño en la herida de tu última operación.
De conocer a los hermanitos que de la tripa de
tu mamá se fueron directamente arriba sin que pudiéramos ni
siquiera verles. De volver a ver a tantos seres queridos
que seguro que están contigo, empezando por tu abuelo José
María. Pero sobre todo, de encontrarme cara a cara con
Dios, Padre amoroso, mi Hacedor, mi Creador, mi Señor, de
quien he recibido tanto, sin merecer nada.
Esto, sin duda,
será cuando Dios quiera y si su misericordia lo permite,
pero como esa es infinita, esperamos que lo permita. Ojalá
el día que me toque a mí, seas tú quien
venga a buscarme de la mano de Jesucristo, con quien
ya has compartido no sólo su Pasión y su Cruz
(nunca mejor dicho en tu caso), sino también su Resurrección.
Hasta entonces, te quiere mucho,
Papá
Querida María:
... Cuánto
hemos aprendido de ti, tan pequeña y tan maestra...
...
Tan pequeña y tan maestra... porque Dios te escogió a
ti para enseñarnos, que nuestros planes a veces no son
los de Dios, y que de vez en cuando hemos
de mirarle a Él para preguntarle si acaso estamos en
lo que a Él le agrada
... Tan pequeña y
tan maestra... porque Dios te escogió a ti para enseñarnos
de cuántas cosas vanas nos quejamos cada día; cuánto nos
complicamos la existencia corriendo hacia no sabemos muy bien dónde...
... Tan pequeña y tan maestra... porque Dios te escogió
a ti para enseñarnos cómo nos quejamos de los dolores
físicos, cómo nos complicamos la existencia cuando nos duele algo.
Cuando te encontrabas mal, lo decías, sin más, lo llorabas,
... pero en cuanto pasaba el dolor o el malestar,
buscabas los brazos de quien te quería, descansabas y volvías
a sonreír con toda tu alma, como si no hubiera
pasado nada...
... Tan pequeña y tan maestra... porque Dios
te escogió a ti para sacarnos de nuestros munditos y
abrirnos un horizonte de entrega y renuncia, que jamás hubiéramos
imaginado... a los que estuvimos en la avanzadilla y a
los que apoyaron en la retaguardia, con todo tipo de
iniciativas para ayudarnos...
... Tan pequeña y tan maestra... porque
Dios te escogió a ti para, por primera vez en
el caso de muchos de los aquí presentes, aprender que
los hijos sois un préstamo que Dios nos hace para
que os guiemos hacia Él, durante el tiempo que Él
permita paséis con nosotros...
Alguno pensará que Dios podía haber
escogido a otro... pero, ya lo dijo el P. Florencio
el pasado 28 de diciembre: no sabemos por qué, ni
pretendamos saberlo, es un misterio que esperamos resolver algún día
cuando nos volvamos a ver, cara a cara, y podamos
abrazarnos ya por toda la eternidad. Esta es nuestra esperanza,
esta es nuestra fe... Ahora que estás muy cerca de
Dios, pequeña María, pídele que nos ayude a todos a
vivir de cara a la eternidad, sin amarrarnos a las
cosas de este mundo, con la mirada puesta en Él
y con la seguridad de que, en su infinita misericordia
y a pesar de nuestra debilidad, podremos volver a
vernos un día y para siempre.
Sabemos que te quieres
unir al agradecimiento de tus padres hacia todas aquellas personas
que te han querido y cuidado en este año y
medio: a los médicos, a las enfermeras; a la abuela
y las tías que han pasado largas horas a tu
lado en el hospital; al P. Florencio por su apoyo
humano y espiritual constante; a todos los amigos y familiares
que han rezado por ti y por tus padres; a
los que se han volcado proponiendo planes para que descansáramos
en fines de semana y vacaciones; a las amigas de
la Farmacia que tanto se han preocupado por encontrar tus
medicinas; a tus hermanos por las cosas que te han
enseñado y las veces que te han hecho reír y
pasarlo bien; a tantas y tantas personas que han llamado
para interesarse por ti y por todos nosotros; y finalmente,
a Dios por todo lo que hemos dicho al principio
y por habernos regalado estos maravillosos y misteriosos diecisiete meses
de tu vida.
Querida María: te enviamos esta carta con
todos nuestros besos desde esta Eucaristía, Acción de Gracias, para
que te llegue muy directa, de manos de Jesús y
la compartas con Él y con la Virgen, con quienes
ya tienes la suerte de pasar toda la eternidad. Amén
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Esta carta me hizo mucho sentido.Pienso que lejos
de la pena que ...me transmite.Me permite valorar
como nunca la vida y la maravillosa oportunidad de
ser mamá y de tener hijos sanos.A veces uno se
queja por estupideces,En vez de prestar atención a
lo importante.Soy afortunada de haber podido leer
está hermosa carta...sinceramente sólo puedo decir
que María es un angelito ..y sin duda esta con
nuestro Señor.....gracias por .....enseñarme ....a
travez de tu sobrecogedora experiencia..q Dios los
acompañe...hoy y siempre.
Ayer falleció el hermanito de una compañerita de escuela de mi hija, su nombre Pablo Sada, buscando información en internet encontré esta hermosísima carta no encuentro palabras, nunca antes había escuchado el sentir de un padre ante la pérdida de un hijo expresado en una forma tan hermosa, no puedo compartir su dolor pero aún sin conocerlo, pido a Dios que lo llene a usted y a su familia de esa fe y amor que parecen no abandonarlos, estoy segura que María, desde su cielo los está acompañando...