Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Anillos que valen
Porque el anillo, para los esposos, indica un proyecto y una aventura, un amor que une y que crece con el paso de los años
Anillos que valen
El valor de cada anillo depende del amor que une
a los esposos.
Esta anécdota ocurrió en el año 1987, en
la zona centro de México. Dos esposos viajaban de regreso
a casa. En la carretera, se reventó una llanta y
hubo que cambiarla, entre los nervios y las prisas de
las circunstancias.
La esposa escuchó un ruido metálico, pero no le
dio mayor importancia. Cuando la nueva llanta estaba en su
sitio, el coche se puso nuevamente en camino.
Tras llegar a
Morelia (Michoacán), el esposo descubrió que le faltaba el anillo
de bodas.
Ella no tuvo la menor duda: ¡a buscar el
anillo! Amaneció el nuevo día, y los esposos recorrieron 400
kilómetros de carretera hasta llegar al lugar del accidente.
Allí cerca
había una escuela. Una persona del lugar les aconsejó que
desistieran: seguramente alguno de los muchos niños que pasaban por
allí habría visto el anillo y lo habría tomado.
Los esposos
no se resignaron. Gracias a la buena memoria de la
esposa, por fin encontraron el anillo. Un anillo que valía
mucho, porque esos esposos, que en aquel entonces llevaban 15
años de casados, lo veían como símbolo de un amor
llamado a madurar cada día un poco más.
Desde entonces han
pasado casi 20 años. Pero el anillo sigue allí, entre
las manos de esos esposos, como señal de un amor
bello y fiel.
En una obrita publicada en 1960, “El taller
del orfebre”, Karol Wojtyla habló de la belleza del amor
esponsal precisamente a través del anillo. Uno de los protagonistas,
el orfebre que vendía anillos a las parejas, era capaz
de descubrir el peso y el valor de cada anillo:
el mismo valor del amor que reinaba en cada pareja
que entraba a su taller.
Vale la pena recorrer 400 kilómetros
para buscar algo que es mucho más que un símbolo.
Porque el anillo, para los esposos, indica un proyecto y
una aventura, un amor que une y que crece con
el paso de los años. Por eso, su presencia en
la mano, su brillo continuo y sereno, dice mucho. Especialmente
si hay corazones enamorados y frescos, que conservan, a pesar
de los golpes de la vida, la ilusión de amar
y ser amados para siempre.
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