Todo tiene su precio, ¡lo sabía! Y ahora ya lo estoy comprobando. Tenía el cielo en la tierra y lo perdí
"La conocí en mi oficina, era una muchacha con
unos años menos que yo; y sin ser una belleza,
no era fea; y además con un cuerpo muy bonito;
simpática, y muy sensual. También goza de gran inteligencia. Yo
la admiraba porque también era muy eficiente en su trabajo.
Nunca pasó por mi mente el tener algo que ver
con ella. Adicionalmente, nunca había sido infiel a mi esposa,
quizá porque siempre he sido del tipo hogareño, y más
bien tímido.
Sin embargo las circunstancias se dieron cuando la naturaleza
del trabajo giró, y lo que pareció un resbalón accidental
de ella, que ahora pienso no fue tan accidental, nos
obligó a afianzarnos uno al otro. De ahí en adelante
se abalanzaron ciertas ideas en mi mente que poco a
poco se fueron haciendo realidad, hasta que un día, cegados
por la pasión, ni yo ni ella nos detuvimos. Un par
de semanas más tarde me informó del posible de embarazo,
y poco después lo confirmábamos con los contundentes análisis clínicos.
Empezó la zozobra para determinar que hacer. Finalmente llegamos a
la decisión del aborto.
Me atreví a consultar solamente con dos
personas, un amigo, y un sacerdote; el amigo no apoyó
esa decisión pero me informó donde había un consultorio que
con menos riesgos podría efectuarse. El sacerdote me advirtió de
las consecuencias morales de tal medida, sin embargo, nos dimos
prisa y la decisión se llevó a la práctica.
Desconozco si
anteriormente ella ya había hecho lo mismo, pero lo dudo
porque vi y sentí lo tremendamente traumático que le resultó;
tardó en reponerse y yo contribuí en lo que
pude en su recuperación psíquica. Cuando acudí a confesarme el
sacerdote fue benévolo facilitando que se me levantara la excomunión,
pero claro, me hizo comprometerme a que ya no la
seguiría viendo.
De veras que lo intenté haciendo trámites para que
fuésemos trasladados profesionalmente alguno de los dos. En lugar de
cambiarnos, por las nuevas condiciones de trabajo, se nos dieron
mayores facilidades de estar juntos.
Por entonces investigué un poco, y
supe que ella se veía también con otra persona. Hablé con
ella para decirle que no nos veríamos más. Para mi
sorpresa no lo aceptó, al contrario, prometió dejar al otro
y expuso muchas razones; me dejé convencer. No estaba enamorado
de ella, ni siquiera sé como llamarlo, creo que estaba
apasionadamente enredado. De manera que verla y tratarla, era formidablemente
disfrutado por mi, pero en mi interior se desgarraba mi
mente y mi espíritu. Después de ella hubo otras mujeres:
el tabú se había roto. . .y parece que el
sexo es un vicio, igual que otros, difíciles de dejar.
Ahora
no sé qué decirme ni a mí mismo en mis
propias tribulaciones, que no son pocas. Estoy bastante seguro si
digo que no pasa un día sin que me acuerde
de esa decisión, y lo lamente, y me lo recrimine,
y pida perdón a Nuestro Señor. La relación con mi
esposa nunca fue peor; y aunque mis hijos me siguen
respetando y escuchando, sé que ahora lo hacen por lo
que les enseñamos antes y por su propia madurez. Son
escasas las personas que disfrutan de una conversación conmigo, sólo
lo ordinario. Y me pregunto ¿Porqué habrá quienes, incluso siendo
médicos, ven el engaño como algo perfectamente normal?
Cómo lamento que
ya no tenga yo la capacidad de dar consejos. Cómo
añoro esa tranquilidad interior que me hacía sentir tan bien
aun en las situaciones más difíciles. Cómo me duele haber
tenido y perdido esa paz interior que me hacía sentir
y gozar la intensidad de la vida y del amor.
¡Creo que estoy describiendo la pérdida de la gracia! Esto
equivale a perder una parte del corazón y de la
existencia. Y lo peor ¡aún no encuentro como reparar ese
daño! Todo tiene su precio, ¡lo sabía! Y ahora ya
lo estoy comprobando. Tenía el cielo en la tierra y
lo perdí".
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Estas secuelas de la infidelidad es el pago por
nuestros pecados, lo digo porque esta historia se
asemeja a la mía, a excepción del aborto, y estoy
pagando ese pecado, no cambiemos LA GRACIA por un
plato de lentejas, pedir a Dios mucha
templanza...DIOS LOS BENDICE.
CUANTO ME GUSTARIA QUE MI ESPOSO SE DIERA CUENTA DEL DAÑO QUE HACE AL SER INFIEL, TANTO A EL COMO A LA PERSONA CON QUIEN ESTA Y EN MI TODAS LAS SECUELAS QUE HA DEJADO.