Autor: Guillermo Urbizu | Fuente: http://guillermourbizu.blogspot.com/ Postal a una mujer casada
Abraza a tu marido y dile: -“No entiendo nada, no puedo más y ni siquiera sé qué decirte, pero quiero seguir a tu lado para siempre
Postal a una mujer casada
Lloras. Y me dejas mudo. Siento en mí tu sufrimiento,
tu soledad tantas veces. No sé muy bien qué decirte.
Lloras y se me desmoronan las palabras en una densa
congoja. Te conocí de pequeña, y sigo viéndote así, como
una niña que sonríe, en la que aflora siempre un
alma limpia. Has crecido hacia adentro. Tus ojos son la
altura desde la que amas. Porque eres una mujer muy
enamorada. Tu corazón te precede. Por eso eres como eres.
Por eso te indignan tantas cosas, por eso callas muchas
otras, por eso lloras.
Es cierto que el matrimonio tiene momentos
muy duros. Pero no te dejes impresionar ni te sientas
vencida, como si ya no supieras qué hacer y una
sombra oscureciera la esperanza. Haz lo que sabes: ama y
reza. Ama y reza hasta que te salga sangre del
alma. Que no te tiente la desolación o la amargura.
Siempre habrá agoreros a tu alrededor. Pero tú fíjate en
la mirada de Dios que te mira desde los ojos
de tu marido. Fíjate bien. Él también sufre. Quizá esté
sufriendo desde hace mucho tiempo. Y te quiere. Con esa
forma de ser que tantas veces te enerva, él te
quiere.
Los hombres hacemos todo más difícil de lo que es.
Y en el matrimonio se sigue esa pauta. Ya sé
que el agotamiento nos puede, que un prolongado silencio nos
llena el corazón de dudas, que nos echamos en cara
demasiadas cosas. Y que cada palabra puede convertirse en un
latigazo. Pero cierra los ojos y piensa que en el
amor humano no estamos solos. Dios está a vuestro lado.
Los hijos son un signo evidente de esto que te
escribo.
No llores más. Abraza a tu marido y dile: -“No
entiendo nada, no puedo más y ni siquiera sé qué
decirte, pero quiero seguir a tu lado para siempre. Ámame
como soy y perdona mis errores, como yo perdono de
corazón los tuyos”. Eso es amor, y el amor lo
comprende todo, lo disculpa todo, lo puede todo. Piensa sólo
en él, en ese hombre que necesita de tus caricias
y detalles, aunque te encuentres a veces su respuesta muda
o una mala cara. Cada caricia es una catequesis. Cada
beso el secreto donde germina vuestra vida interior, y con
ella vuestra alegría.
Por favor no llores más. Ahora comienzas. Hoy.
Confía. Afina la fidelidad. Tu fuerza está en el amor,
tu paciencia está en el amor, tu esperanza está en
el amor. Y el amor tiene para ti un nombre
muy concreto. Métete dentro del alma de tu marido, siente
vuestra unión. Sois uno. Procura no dramatizar en exceso los
problemas o tus miedos. Haz de ellos materia de tu
oración, de tu abandono en Dios. Así descubrirás el milagro
del matrimonio cristiano, la ternura infinita que se encuentra después
del perdón.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR