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Autor: VIS | Fuente: VIS Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008
Mensaje de Benedicto XVI para la celebración de la XLI Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2008), cuyo tema es: "Familia humana, comunidad de paz"
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008
CIUDAD DEL VATICANO, 11 DIC 2007 (VIS).-Se ha publicado hoy
el Mensaje de Benedicto XVI para la celebración de la
XLI Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de
2008), cuyo tema es: "Familia humana, comunidad de paz". El
texto se ha publicado en inglés, francés, español, italiano, alemán
y portugués.
Ofrecemos a continuación un resumen del mensaje:
"La familia natural,
en cuanto comunión íntima de vida y amor, fundada en
el matrimonio entre un hombre y una mujer, es el
"lugar primario de "humanización" de la persona y de la
sociedad", la "cuna de la vida y del amor". Con
razón, pues, se ha calificado a la familia como la
primera sociedad natural, "una institución divina, fundamento de la vida
de las personas y prototipo de toda organización social".
Tras poner
de relieve que "la familia es la primera e insustituible
educadora de la paz", recuerda que "es también fundamento de
la sociedad porque permite tener experiencias determinantes de paz. Por
consiguiente, la comunidad humana no puede prescindir del servicio que
presta la familia".
"La familia, al tener el deber de educar
a sus miembros, es titular de unos derechos específicos. La
misma Declaración universal de los derechos humanos, que constituye una
conquista de civilización jurídica de valor realmente universal, afirma que
"la familia es el núcleo natural y fundamental de la
sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad
y el Estado. (...) La negación o restricción de los
derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el
hombre, amenaza los fundamentos mismos de la paz".
"Por tanto -continúa-,
quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que
la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea
frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal
"agencia" de paz. (...) Todo lo que contribuye a debilitar
la familia fundada en el matrimonio de un hombre y
una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad
para la acogida responsable de una nueva vida, lo que
se opone a su derecho de ser la primera responsable
de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo
para el camino de la paz".
El Santo Padre afirma que
"cuando la sociedad y la política no se esfuerzan en
ayudar a la familia (...) se privan de un recurso
esencial para el servicio de la paz". Además, "los medios
de comunicación social, por las potencialidades educativas de que disponen,
tienen una responsabilidad especial en la promoción del respeto por
la familia, en ilustrar sus esperanzas y derechos, en resaltar
su belleza".
"No vivimos unos al lado de otros por casualidad;
todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por
tanto, como hermanos y hermanas. (...) Sobre la base de
este principio supremo -que somos hijos de Dios- se puede
percibir el valor incondicionado de todo ser humano y, así,
poner las premisas para la construcción de una humanidad pacificada.
Sin este fundamento trascendente, la sociedad es sólo una agrupación
de ciudadanos, y no una comunidad de hermanos y hermanas,
llamados a formar una gran familia".
El Papa señala que la
tierra es la casa de la familia humana y en
este contexto subraya la necesidad de "cuidar el medio ambiente",
que "ha sido confiado al hombre para que lo cuide
y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio
orientador el bien de todos. Obviamente, el valor del ser
humano está por encima de toda la creación. Respetar el
medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o
animal sea más importante que el hombre".
"Hoy la humanidad teme
por el futuro equilibrio ecológico. Sería bueno que las valoraciones
a este respecto se hicieran con prudencia, en diálogo entre
expertos y entendidos, sin apremios ideológicos hacia conclusiones apresuradas y,
sobre todo, concordando juntos un modelo de desarrollo sostenible, que
asegure el bienestar de todos respetando el equilibrio ecológico. Si
la tutela del medio ambiente tiene sus costes, éstos han
de ser distribuidos con justicia, teniendo en cuenta el desarrollo
de los diversos países y la solidaridad con las futuras
generaciones".
Tras hacer hincapié en que hay que "adoptar la vía
del diálogo en vez de tomar decisiones unilaterales" al respecto,
el Santo Padre afirma que "un ámbito en el que
sería particularmente necesario intensificar el diálogo entre las Naciones es
el de la gestión de los recursos energéticos del planeta:
(...) por un lado, hay que revisar los elevados niveles
de consumo debidos al modelo actual de desarrollo y, por
otro, predisponer inversiones adecuadas para diversificar las fuentes de energía
y mejorar la eficiencia energética". Los países pobres, añade, "por
la insuficiencia de sus infraestructuras y tecnología, se ven obligados
a malvender los recursos energéticos que tienen".
"Al mismo tiempo, es
preciso comprometerse en emplear acertadamente los recursos y en distribuir
la riqueza con equidad. En particular, las ayudas que se
dan a los países pobres han de responder a criterios
de una sana lógica económica, evitando derroches que, en definitiva,
sirven sobre todo para el mantenimiento de un costoso aparato
burocrático. Se ha de tener también debidamente en cuenta la
exigencia moral de procurar que la organización económica no responda
sólo a las leyes implacables de los beneficios inmediatos, que
pueden resultar inhumanas".
Benedicto XVI escribe que "una familia vive en
paz cuando todos sus miembros se ajustan a una norma
común: esto es lo que impide el individualismo egoísta y
lo que mantiene unidos a todos, favoreciendo su coexistencia armoniosa
y la laboriosidad orgánica. (...) Para alcanzar la paz se
necesita una ley común, que ayude a la libertad a
ser realmente ella misma, en lugar de ciega arbitrariedad, y
que proteja al débil del abuso del más fuerte. (...)
La fuerza ha de estar moderada por la ley, y
esto tiene que ocurrir también en las relaciones entre Estados
soberanos".
El Santo Padre recuerda que "la norma jurídica que regula
las relaciones de las personas entre sí, encauzando los comportamientos
externos y previendo también sanciones para los transgresores, tiene como
criterio la norma moral basada en la naturaleza de las
cosas".
"El conocimiento de la norma moral natural no es imposible
para el hombre que entra en sí mismo y, situándose
frente a su propio destino, se interroga sobre la lógica
interna de las inclinaciones más profundas que hay en su
ser. (...) Por encima de las diferencias culturales, permite que
los seres humanos se entiendan entre ellos sobre los aspectos
más importantes del bien y del mal, de lo que
es justo o injusto. (...) La humanidad no está "sin
ley". Sin embargo, es urgente continuar el diálogo sobre estos
temas, favoreciendo también la convergencia de las legislaciones de cada
Estado hacia el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales. El
crecimiento de la cultura jurídica en el mundo depende además
del esfuerzo por dar siempre consistencia a las normas internacionales
con un contenido profundamente humano, evitando rebajarlas a meros procedimientos
que se pueden eludir fácilmente por motivos egoístas o ideológicos".
El
Papa afirma que "la humanidad sufre hoy, lamentablemente, grandes divisiones
y fuertes conflictos que arrojan densas nubes sobre su futuro"
y en este sentido señala que "el peligro de que
aumenten los países con armas nucleares suscita en toda persona
responsable una fundada preocupación"; mientras en Àfrica "quedan todavía muchas
guerras civiles. El Medio Oriente sigue siendo aún escenario de
conflictos y atentados, que influyen también en naciones y regiones
limítrofes, con el riesgo de quedar atrapadas en la espiral
de la violencia. En un plano más general, se debe
hacer notar, con pesar, un aumento del número de Estados
implicados en la carrera de armamentos".
"En tiempos tan difíciles, es
verdaderamente necesaria una movilización de todas las personas de buena
voluntad para llegar a acuerdos concretos con vistas a una
eficaz desmilitarización, sobre todo en el campo de las armas
nucleares. En esta fase en la que el proceso de
no proliferación nuclear está estancado, siento el deber de exhortar
a las autoridades a que reanuden las negociaciones con una
determinación más firme de cara al desmantelamiento progresivo y concordado
de las armas nucleares existentes".
Benedicto XVI termina recordando tres aniversarios
especiales: "hace sesenta años la Organización de las Naciones Unidas
hacía pública de modo solemne la Declaración universal de los
derechos humanos", y este año se celebra "el XXV aniversario
de la adopción por parte de la Santa Sede de
la Carta de los derechos de la familia, así como
el 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada
Mundial de la Paz".
"A la luz de estas significativas efemérides,
invito a todos los hombres y mujeres a que tomen
una conciencia más clara sobre la común pertenencia a la
única familia humana y a comprometerse para que la convivencia
en la tierra refleje cada vez más esta convicción, de
la cual depende la instauración de una paz verdadera y
duradera. Invito también a los creyentes a implorar a Dios
sin cesar el gran don de la paz".
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