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La obeja perdida escribió:Dicen que antes los años eran mas cortos, poreso octubre ahora es el mes 10l pero antes era el 8tabo, de ahi su nombre.
La obeja perdida escribió:Yo no se si somos hechos a imagen y semejanza de Dios, o solo Adan y Eva lo fueron, luego, su desendencia al estar manchada de pecado, ya no seriamos hechos a imagen y semejanza, porque Dios no tiene mancha.
La obeja perdida escribió:El australupitecus, quiza no era un hombre, quiza solo era un australupeticus.
Dani88 escribió:Dice el libro del Génesis que fueron creados, pero no dice nada de seres anteriores a Adán y Eva, entonces; ¿cuándo creó Dios al Austrolopitecus y seres anteriores al Homo Sapiens? ¿Cómo es posible que viviera Adán 930 años? ¿Son simples alegorías?
Saludos en Cristo y María.



sgssergio escribió:La Biblia si bien es la Palabra de Dios no debe considerarse un libro histórico y mucho menos literal. Tengo entendido que el antiguo testamento fue transmitido por vía oral durante siglos, y recién cerca del 100 AC se escribieron los libros que ahora conocemos. Lo que querían lso escribas de ese momento era registrar para la posteridad la historia del publo de Israel y su relación con el Diós Yavé , dando mucho enfásis en las multiples infedelidades del pueblo de Israel (el judaísmo se creo después en la époda de Edras (500 AC prox)). Son muchas las historias de idolatrias al dios Baal, la diosa Asera y otros idolos paganos de los pobladores de la región de el actual medio oriente.
Dios creo el mundo en 6 días, coincido con un forislta que esos días, en realidad fueron eras o épocas de tiempo de larguisima extensió. He leído atónito escritos de gente que considera a la Biblia como literal y tratan de justificar de forma injustificables que el mundo se creó en 6 días, la inundación de Noé fue en todo el mundo (no solo en el conocido de la época), que Adán y Eva fueron realmente solo un hombre y una mujer etc.
El primero de los escritos no puden ser en 6 días de 24 horas, extensisimas pruebas cientificas lo refuntan de que el mundo tienen miles de millones de años.
El segundo, tampoco, porque no existen registro de ningún tipo de inundaciones de esa magnitud en zonas como America, Africa del sur, o Asía oriental.
El tercero tamposo es posible porque sino todos absolutamente todos los seres humanos seríamos hermanos de sangre y no en Cristo. Un simple calculo no podría justificar la población actual considerando una tasa de crecimiento anual por 12. Tampoco e podría justificar la diferentes razas humanas etc.
De todas formas a mi criterio la biblia es un libro muy importante que tiene que ser leído a diario pues tiene enseñanzas vigentes ahora en el siglo XXI. Principalmnte Salmso, Probervios, y todo el nuevo testamento.
Bendiciones.
Así llegó a ser tan superior a los ángeles, cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es el Nombre que recibió en herencia.
¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy"? ¿Y de qué ángel dijo: "Yo seré un padre para él y él será para mí un hijo"?
...
Pero a aquel que fue puesto por poco tiempo debajo de los ángeles, a Jesús, ahora lo vemos coronado de gloria y esplendor, a causa de la muerte que padeció. Así, por la gracia de Dios, él experimentó la muerte en favor de todos.
Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación.
Porque el que santifica y los que son santificados, tienen todos un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: "Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea".
Y también: "En él pondré mi confianza". Y además: "Aquí estamos yo y los hijos que Dios me ha dado".
Y ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, él también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte.
Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham.
Hebreos 1, 6-5 ; 2, 9-16

Hay una tendencia entre los nuevos teólogos a negar el monogenismo o poner en tela de juicio esta doctrina por cuanto ven que últimamente no se ha reafirmado en forma explícita. Con todo, el hecho de que el Magisterio no se haya pronunciado últimamente sobre el tema no implica una abrogación de la doctrina. Se presume que una enseñanza de la Iglesia (aún no declarada irreformable) subsiste mientras no se modifique explícitamente. Podríamos preguntarnos por qué estos teólogos tienden a apoyar el poligenismo.
Tal vez no quieren estar rezagados en relación con los descubrimientos científicos. Sin embargo, hasta ahora la ciencia no ha podido demostrar el poligenismo ni el monogenismo. Algunos hombres de ciencia han planteado el origen monogenético del cuerpo humano basándose en conocimientos genéticos. Las diferencias de color y forma del cuerpo humano podrían explicarse en términos de adaptación evolutiva de acuerdo con las condiciones de los distintos lugares del planeta. Suponiendo que la evolución tuvo un rol en la preparación del protohumano antes de la introducción del alma, y suponiendo incluso que la ciencia pudiera detectar un poligenismo en estos seres inferiores, la revelación parece indicar que Dios introdujo el alma únicamente en una pareja elegida entre esos diversos protohumanos hipotéticos.
La introducción del alma directamente por Dios otorga al ser humano una condición esencialmente distinta de los animales. Esta acción está fuera de la competencia de la investigación científica, como afirmó recientemente el Papa Juan Pablo II: “Las ciencias de la observación describen y miden las múltiples manifestaciones de la vida con precisión cada vez mayor y establecen una correlación entre ellas y la línea temporal. El momento de la transición a lo espiritual no puede ser objeto de este tipo de observación, que no obstante puede descubrir a nivel experimental una serie de señales muy valiosas indicadoras del carácter específico del ser humano”.
En otras palabras, las ciencias empíricas no tienen competencia para medir el acto de introducción por Dios de la primera alma humana y luego de todas las almas posteriores, y se ocupan únicamente de mediciones de los estados sucesivos de carácter material.
Por consiguiente, siendo los orígenes monogenéticos de la humanidad una elección divina, no son puramente producto del proceso evolutivo, de tal manera que es discutible la posibilidad de obtener una prueba científica definitiva en favor del monogenismo o el poligenismo.
Si bien la ciencia de la paleontología ciertamente puede indicar qué fósiles son humanos y cuáles no lo son, la determinación de fechas de dichos materiales con el fin de ubicar a los primeros seres humanos no es siempre muy precisa. Este problema subsiste aun cuando exista la posibilidad de distinguir científicamente entre restos humanos y prehumanos. La dificultad reside en establecer el vínculo entre lo prehumano y lo humano, sobre todo porque en la actualidad ya no es posible encontrar una gran cantidad de restos. Es sumamente dudoso que la ciencia alguna vez realmente esté en condiciones de refutar el origen monogenético de la persona humana. Por otra parte, es posible que sobre la base de consideraciones genéticas se determine efectivamente el origen de los seres humanos a partir de una sola pareja.
La afirmación más fundamental que debe hacerse contra el reduccionismo de los enfoques darwinianos de la antropología es que el dogma de la Encarnación garantiza la verdadera naturaleza del hombre. El propósito dentro del universo es reforzado por Cristo, cuya venida despliega en forma total y definitiva la economía de la salvación. Al margen de esta visión cristiana, el concepto de propósito está en peligro, y además de visualizarse con frecuencia el universo como producto del azar o el caos, también se expresa en estos términos la vida humana en el interior del mismo. El Concilio Vaticano II nos enseñó claramente que el misterio del hombre puede interpretarse a la luz del misterio de Cristo:
En realidad, únicamente en el misterio de la Palabra encarnada se aclara el misterio del hombre, porque Adán, el primer hombre, era uno como Aquel que vendría, Cristo el Señor. Cristo, el Nuevo Adán, en la revelación misma del misterio del Padre y Su amor, revela plenamente el hombre a sí mismo e ilumina su más alto llamado[23].
La doctrina del alma humana inmortal de Cristo es fundamental al respecto, por cuanto “sobre esa alma, inseparablemente unida con su naturaleza divina y su persona divina, la Escritura y los Credos predican el descenso de Cristo a los infiernos”. La creencia en el alma humana de Cristo refuerza el hecho de que el hombre es “radicalmente diferente del resto de la creación e incluso del resto del proceso evolutivo”
POR PAUL HAFFNER
De conocereís de verdad.org

Por tanto el hecho del poder del mal en el corazón humano y en la historia humana es innegable. La cuestión es: ¿cómo se explica este mal? En la historia del pensamiento, prescindiendo de la fe cristiana, existe un modelo principal de explicación, con variaciones diversas. Este modelo dice: el ser mismo es contradictorio, lleva en sí tanto el bien como el mal. En la antigüedad esta idea implicaba la opinión de que existían dos principios igualmente originarios: un principio bueno y un principio malo. Este dualismo sería insuperable: los dos principios están al mismo nivel, y por ello existirá siempre, desde el origen del ser, esta contradicción. La contradicción de nuestro ser, por tanto, reflejaría solo la contrariedad de los dos principios divinos, por así decirlo. En la versión evolucionista, atea, del mundo, vuelve de nuevo una visión semejante. Aunque, en esta concepción, la visión del ser es monista, se supone que el ser como tal desde el principio lleva en sí el bien y el mal. El ser mismo no es simplemente bueno, sino abierto al bien y al mal. El mal es tan originario como el bien. Y la historia humana repetiría solamente el modelo ya presente en toda la evolución precedente. Lo que los cristianos llaman pecado original sería en realidad sólo el carácter mixto del ser, una mezcla de bien y mal que, según esta teoría, pertenecería a la misma materia del ser. Es una visión en el fondo desesperada: si es así, el mal es invencible. Al final solo cuenta el propio interés. Y todo progreso habría que pagarlo necesariamente con un río de mal, y quien quisiera servir al progreso debería aceptar pagar este precio. La política, en el fondo, se basa sobre estas premisas: y vemos los efectos de ellas. Este pensamiento moderno, al final, sólo puede traer tristeza y cinismo.
Y así preguntamos de nuevo: ¿qué dice la fe, atestiguada por san Pablo? Como primer punto, ésta confirma el hecho de la competición entre ambas naturalezas, el hecho de este mal cuya sombra pesa sobre toda la creación. Hemos escuchado el capítulo 7 de la Carta a los Romanos, pero podríamos añadir el capítulo 8. El mal existe, sencillamente. Como explicación, en contraste con los dualismos y los monismos que hemos considerado brevemente y encontrado desoladores, la fe nos dice: existen dos misterios de luz y un misterio de noche, que, sin embargo, está rodeado de los misterios de la luz. El primer misterio de la luz es éste: la fe nos dice que no hay dos principios, uno bueno y uno malo, sino que hay un solo principio, el Dios creador, y este principio es bueno, sólo bueno, sin sombra de mal. Y por ello también el ser no es una mezcla de bien y de mal; el ser como tal es bueno y por ello es bueno existir, es bueno vivir. Éste es el alegre anuncio de la fe: sólo hay una fuente buena, el Creador. Y por esto vivir es un bien, es algo bueno ser un hombre, una mujer, es buena la vida. Después sigue un misterio de oscuridad, de noche. El mal no viene de la fuente del mismo ser, no es igualmente originario. El mal viene de una libertad creada, de una libertad abusada.
¿Cómo ha sido posible, cómo ha sucedido? Esto permanece oscuro. El mal no es lógico. Sólo Dios y el bien son lógicos, son luz. El mal permanece misterioso. Se le representa con grandes imágenes, como hace el capítulo 3 del Génesis, con aquella visión de los dos árboles, de la serpiente, del hombre pecador. Una gran imagen que nos hace adivinar, pero que no puede explicar lo que es en sí mismo ilógico. Podemos adivinar, no explicar; ni siquiera podemos narrarlo como un hecho junto a otro, porque es una realidad más profunda. Queda como un misterio oscuro, de noche. Pero se le añade inmediatamente un misterio de luz. El mal viene de una fuente subordinada. Dios con su luz es más fuerte. Y por eso, el mal puede ser superado. Por eso la criatura, el hombre, es curable. Las visiones dualistas, también el monismo del evolucionismo, no pueden decir que el hombre sea curable; pero si el mal procede solo de una fuente subordinada, es cierto que el hombre puede curarse. Y el libro de la Sabiduría dice: "las criaturas del mundo son saludables" (1, 14). Y finalmente, el último punto, el hombre no sólo se puede curar, está curado de hecho. Dios ha introducido la curación. Ha entrado personalmente en la historia. A la permanente fuente del mal ha opuesto una fuente de puro bien. Cristo crucificado y resucitado, nuevo Adán, opone al río sucio del mal un río de luz. Y este río está presente en la historia: vemos a los santos, los grandes santos pero también los santos humildes, los simples fieles. Vemos que el río de luz que procede de Cristo está presente, es fuerte.
El manual de teología dogmática del P. Aurelio Fernandez (creo que el más reciente y completo que se publica en la BAC) dice textualmente que el monogenismo no es doctrina de fe.
29. Por todas estas razones, el Magisterio de la Iglesia no prohíbe el que —según el estado actual de las ciencias y la teología— en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes de entrambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente —pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios—. Mas todo ello ha de hacerse de manera que las razones de una y otra opinión —es decir la defensora y la contraria al evolucionismo— sean examinadas y juzgadas seria, moderada y templadamente; y con tal que todos se muestren dispuestos a someterse al juicio de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y defender los dogmas de la fe [11]. Pero algunos traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los datos e indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados; y ello, como si nada hubiese en las fuentes de la revelación que exija la máxima moderación y cautela en esta materia.
30. Mas, cuando ya se trata de la otra hipótesis, es a saber, la del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, porque los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio [12].
31. Y como en las ciencias biológicas y antropológicas, también en las históricas algunos traspasan audazmente los límites y las cautelas que la Iglesia ha establecido. De un modo particular es deplorable el modo extraordinariamente libre de interpretar los libros del Antiguo Testamento. Los autores de esa tendencia, para defender su causa, sin razón invocan la carta que la Comisión Pontificia para los Estudios Bíblicos envió no hace mucho tiempo al arzobispo de París [13]. La verdad es que tal carta advierte claramente cómo los once primeros capítulos del Génesis, aunque propiamente no concuerdan con el método histórico usado por los eximios historiadores grecolatinos y modernos, no obstante pertenecen al género histórico en un sentido verdadero, que los exegetas han de investigar y precisar; los mismos capítulos —lo hace notar la misma carta—, con estilo sencillo y figurado, acomodado a la mente de un pueblo poco culto, contienen ya las verdades principales y fundamentales en que se apoya nuestra propia salvación, ya también una descripción popular del origen del género humano y del pueblo escogido.
32. Mas si los antiguo hagiógrafos tomaron algo de las tradiciones populares —lo cual puede ciertamente concederse—, nunca ha de olvidarse que ellos obraron así ayudados por la divina inspiración , la cual los hacía inmunes de todo error al elegir y juzgar aquellos documentos. Por lo tanto, las narraciones populares incluidas en la Sagrada Escritura, en modo alguno pueden compararse con las mitologías u otras narraciones semejantes, las cuales más bien proceden de una encendida imaginación que de aquel amor a la verdad y a la sencillez que tanto resplandece en los libros Sagrados, aun en los del Antiguo Testamento, hasta el punto de que nuestros hagiógrafos deben ser tenidos en este punto como claramente superiores a los escritores profanos.
Hay una tendencia entre los nuevos teólogos a negar el monogenismo o poner en tela de juicio esta doctrina por cuanto ven que últimamente no se ha reafirmado en forma explícita. Con todo, el hecho de que el Magisterio no se haya pronunciado últimamente sobre el tema no implica una abrogación de la doctrina. Se presume que una enseñanza de la Iglesia (aún no declarada irreformable) subsiste mientras no se modifique explícitamente. Podríamos preguntarnos por qué estos teólogos tienden a apoyar el poligenismo.

ignaciodeantioquia escribió:hay dos textos claves:
[i]Entonces dijo el Señor: "No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean 120 años."(Gen 6, 3)
30. Mas, cuando ya se trata de la otra hipótesis, es a saber, la del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, porque los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, [u][b]pues no se ve claro[/b][/u] cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio [12]31. Y como en las ciencias biológicas y antropológicas, también en las históricas algunos traspasan audazmente los límites y las cautelas que la Iglesia ha establecido. De un modo particular es deplorable el modo extraordinariamente libre de interpretar los libros del Antiguo Testamento. Los autores de esa tendencia, para defender su causa, sin razón invocan la carta que la Comisión Pontificia para los Estudios Bíblicos envió no hace mucho tiempo al arzobispo de París . La verdad es que tal carta advierte claramente cómo los once primeros capítulos del Génesis, aunque propiamente no concuerdan con el método histórico usado por los eximios historiadores grecolatinos y modernos, no obstante pertenecen al género histórico en un sentido verdadero, que los exegetas han de investigar y precisar; los mismos capítulos —lo hace notar la misma carta—, con estilo sencillo y figurado, acomodado a la mente de un pueblo poco culto, contienen ya las verdades principales y fundamentales en que se apoya nuestra propia salvación, ya también una descripción popular del origen del género humano y del pueblo escogido.

tito escribió:Aparte de comentarios heterodoxos, racistas.
No existe una raza primigenia, todos tenemos el mismo origen y es de Doctrina católica el monogenismo.
¿Eres católico?, pues a aceptar lo que te dice la Iglesia en cuestiones de fe.
El tema ya lo movieron para aca...
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