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Gustavo Daniel D'Apice
| colaborador de catholic.net
Profesor
Universitario de Teología graduado
en la Pontificia Universidad
Católica Argentina adscripta
a la Gregoriana de Roma. Enseña
en la Universidad Católica de
Cuyo, en un Instituto de Teología
y Catequesis, hace aportes periodísticos
gráficos y conduce programas
teológicos de radio y TV. Laico
consagrado y con dedicación
especial a la investigación
teológica, en comunión con el
Obispo Diocesano y, por supuesto,
el Magisterio de la Iglesia,
compartiendo lo descubierto
través de los distintos medios
mencionados (àulicos, gráficos,
TV, radio FM, Internet). Cuenta
con el Auspicio Cultural de
la Subsecretaría de Cultura
de la Provincia de San Juan,
Argentina.
Autor: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice Año Sacerdotal
En el año sacerdotal oramos por nuestros sacerdotes y obtenemos indulgencias que perdonan las penas que merecemos por nuestros pecados.
Año Sacerdotal
Indulgencias en el Año Sacerdotal en honor del Santo Cura
de Ars.
El Papa Benedicto XVI decidió convocar un Año
sacerdotal especial con ocasión del 150 aniversario de la muerte
de san Juan María Vianney, cura de Ars, modelo luminoso
de pastor, entregado completamente al servicio del pueblo de Dios,
quien partió al encuentro del Señor el 4 de Agosto
de 1859.
Durante este Año sacerdotal, que comenzó el 19 de
junio de 2009 y se concluirá el 19 de junio
de 2010, se concede el don de indulgencias especiales.
Dado que
su ejemplo ha impulsado a los fieles, y principalmente a
los sacerdotes, a imitar sus virtudes, el Sumo Pontífice Benedicto
XVI ha establecido que, con esta ocasión, desde el 19
de junio de 2009 hasta el 19 de junio de
2010 se celebre en toda la Iglesia un Año sacerdotal
especial, durante el cual los sacerdotes se fortalezcan cada vez
más en la fidelidad a Jesucristo, con piadosas meditaciones, prácticas
de piedad y otras obras oportunas de caridad y entrega
virtuosas.
Este sagrado tiempo comienza con la solemnidad del Sagrado Corazón
de Jesús, Jornada de santificación de los sacerdotes, cuando el
Sumo Pontífice celebra las Vísperas ante las reliquias de san
Juan María Vianney, traídas a Roma por el obispo de
Belley-Ars.
Benedicto XVI concluirá el Año sacerdotal en la plaza
de San Pedro, en presencia de sacerdotes procedentes de todo
el mundo, que renovarán su fidelidad a Cristo y su
vínculo de fraternidad y servicio a la comunidad humana.
El Papa
pide a los sacerdotes que se esfuercen, con oraciones y
obras buenas, por obtener de Jesús, sumo y eterno Sacerdote,
único mediador entre Dios y los hombres, la gracia de
brillar por la fe, la esperanza y la caridad, y
otras virtudes, y muestren con su estilo de vida, pero
también con su aspecto exterior, que están plenamente entregados al
bien espiritual del pueblo, que es lo que la Iglesia
siempre ha buscado por encima de cualquier otra cosa, principalmente
en la persona de los pobres, pero sin descuidar los
demás.
Para conseguir mejor este fin, ayudará el don de las
indulgencias que se otorgan durante el Año sacerdotal:
A
los sacerdotes realmente arrepentidos, que cualquier día recen con devoción
al menos las Laudes matutinas o las Vísperas de la
tarde ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, en el
Sagrario o expuesto en forma simple o solemne, y, a
ejemplo de san Juan María Vianney, se ofrezcan con espíritu
dispuesto y generoso a la celebración de los sacramentos, sobre
todo al de la Penitencia, se les otorga misericordiosamente de
parte de Dios indulgencia plenaria (remisión total de las penas
que merecen por sus pecados perdonados en cuanto a la
culpa por medio del arrepentimiento y la confesión sacramental), que
podrán aplicar también a los presbíteros difuntos, si además se
acercan a la confesión sacramental y al banquete eucarístico, y
oran según las intenciones del Sumo Pontífice.
A los sacerdotes se
les concede, además, la indulgencia parcial, (remisión parcial de la
pena que merecen por sus pecados perdonados en cuanto a
la culpa por el arrepentimiento y la confesión sacramental) también
aplicable a los presbíteros difuntos, cada vez que recen con
devoción oraciones aprobadas, para llevar una vida santa y cumplir
con amor casto las tareas a ellos encomendadas.
A todos
los fieles cristianos realmente arrepentidos que, en una iglesia u
oratorio, asistan con devoción a la Santa Misa y ofrezcan
por los sacerdotes de la Iglesia oraciones a Jesucristo, sumo
y eterno Sacerdote, único mediador entre Dios y los hombres,
y ofrezcan también cualquier obra buena realizada en ese día,
para que santifique a los sacerdotes y los modele
según su Corazón, se les concede la indulgencia plenaria, debiendo
estar en gracia de Dios por medio de la penitencia
sacramental, y también elevar a Dios oraciones según la intención
del Sumo Pontífice.
Esta indulgencia plenaria será:
En los días en que se abre y se
clausura el Año sacerdotal (19 de Junio), en el día
del 150° aniversario de la muerte de san Juan María
Vianney (4 de Agosto), en el primer jueves de mes
o en cualquier otro día establecido por el Obispo de
cada lugar para utilidad de los fieles. Será muy conveniente que,
en las iglesias catedrales y parroquiales, sean los mismos sacerdotes
encargados del cuidado pastoral quienes dirijan públicamente estas prácticas de
piedad, celebren la santa misa y confiesen a los fieles.
También
se concederá la indulgencia plenaria a los ancianos, a los
enfermos y a todos aquellos que por motivos legítimos no
puedan salir de casa, si con el espíritu desprendido de
cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto
les sea posible, las tres acostumbradas condiciones (confesión, eucaristía y
oración por el Papa), en su casa o donde se
encuentren a causa de su impedimento, en los días antes
determinados rezan oraciones por la santificación de los sacerdotes, y
ofrecen con confianza a Dios, por medio de María, Reina
de los Apóstoles, sus enfermedades y las molestias de su
vida. Por último, se concede la indulgencia parcial a todos los
fieles cada vez que recen con devoción en honor del
Sagrado Corazón de Jesús cinco padrenuestros, avemarías y glorias, u
otra oración aprobada específicamente, para que los sacerdotes se conserven
en pureza y santidad de vida.
Este Decreto comentado tiene
vigor a lo largo de todo el Año sacerdotal. Sepamos
aprovecharlo en beneficio nuestro y de nuestros sacerdotes.
Gustavo Daniel D´Apice
– Profesor de Teología – Pontificia Universidad Católica
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