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El Congreso _Eucarístico Nacional.
Sabemos que la Eucaristía es la fuente
y la cumbre de toda vida espiritual cristiana, y que
junto con el Pan de la Palabra son y
han sido veneradas siempre con el mismo fervor (DV 21;
CEC 103).
La Iglesia Católica en Argentina ha convocado, desde el
2 al 5 de septiembre del año 2004, el décimo
Congreso Eucarístico Nacional, a celebrarse en la ciudad de Corrientes.
Puede
llamarnos la atención el lugar, suponiendo otros mucho más importantes,
pero se ha dado una muestra, entre otras cosas, de
federalismo nacional sin exclusiones ni marginaciones a priori.
Hubo un lema,
que está tomado de las Palabras de Jesús en los
Evangelios, cuando los apóstoles les dicen que la multitud que
Lo sigue está hambrienta y la despida, para que vaya
a saciar su hambre en sus casas. “Denles ustedes de
comer”, fue la respuesta de Jesús (Mt 14,16; Mc 6,37;
Lc. 9, 13), y ahora lo es como lema para
el Congreso Eucarístico.
Jesús se lo dijo a los Apóstoles,
y ahora los Obispos nos lo dicen a todo bautizado:
Nosotros tenemos que saciar el hambre, tanto de la Palabra
de Dios como de las necesidades materiales de nuestros hermanos,
multiplicando la solidaridad y la justicia social, así como Jesús
multiplicó los panes en ese momento, anticipando el gesto eucarístico
de la Última Cena con sus discípulos.
Pero el Lema no
es lo más importante en un Congreso.
Lo más importante
y lo que más desvela al momento de colocarlo, consultando
aquí y allá a peritos y especialistas y a todo
el Pueblo Santo de Dios, es el TEMA. Los Obispos
argentinos han decidido que sea: “Eucaristía: Reconciliación y Solidaridad”. Alrededor
de él deben girar los encuentros catequísticos y evangelizadores de
esos días, la Palabra de Dios y sus comentarios, la
adoración eucarística y las preces, las celebraciones litúrgicas y las
conferencias, en esa que va a ser una multitudinaria concentración
cristiana.
1. La eucaristía, como sabemos, es un misterio de comunión. No
sólo por el hecho de “comulgar”, sino porque ese comulgar
nos une a Jesús, Pan de Vida, y con Él
nos sumerge en la Trinidad; y también nos une
a todos los hermanos cristianos que comen de ese
mismo pan en cualquier parte del universo (Jn. 17,21).
2. Pero para
esta unión eucarística (con Dios y los hermanos) es necesario,
de acuerdo al tema, ser un varón o una mujer
reconciliados. ¿Qué quiere decir esto? Estar en paz con Dios,
con los hermanos, con uno mismo, y con el medio
ambiente que nos rodea (lo ecológico).
El hombre (varón y mujer)
reconciliado, puede vivir el misterio de comunión con Dios y
los hermanos.
3. Pero, siguiendo el tema propuesto y que va a
dar para muchísimo más, esto no queda ahí: El hombre
reconciliado, que vive unido a Dios y a sus hermanos,
es un varón y una mujer solidario. Produce obras de
solidaridad y de justicia social. Revoluciona la sociedad (en el
sentido de que infunde un cambio de 180 grados en
la apreciación de sus estructuras económicas, políticas, sociales, religiosas).
El hombre reconciliado es sensible con
aquellos que sufren. Se entrega generosamente al servicio de los
demás, comparte la palabra y sus bienes, escucha y se
deja ayudar.
E infunde en las estructuras de que hablábamos en
el párrafo anterior, el que sea “posible repartir y compartir
de un modo más justo y solidario los bienes que
Dios nos ha dado a todos los argentinos”(CEA, convocatoria), “buscando
un proyecto que beneficie a todos, y, en primer lugar,
a los más pobres, desocupados e indigentes”, y no a
unos pocos
Todas estas necesidades tenemos que satisfacer. Por
eso el Señor ahora nos dice a nosotros: “¡Denles ustedes
de comer!”. Veremos que tan bien lo hacemos.
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