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Gustavo Daniel D'Apice
| colaborador de catholic.net
Profesor
Universitario de Teología graduado
en la Pontificia Universidad
Católica Argentina adscripta
a la Gregoriana de Roma. Enseña
en la Universidad Católica de
Cuyo, en un Instituto de Teología
y Catequesis, hace aportes periodísticos
gráficos y conduce programas
teológicos de radio y TV. Laico
consagrado y con dedicación
especial a la investigación
teológica, en comunión con el
Obispo Diocesano y, por supuesto,
el Magisterio de la Iglesia,
compartiendo lo descubierto
través de los distintos medios
mencionados (àulicos, gráficos,
TV, radio FM, Internet). Cuenta
con el Auspicio Cultural de
la Subsecretaría de Cultura
de la Provincia de San Juan,
Argentina.
Autor: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Catholic.net Ángeles caídos
Allí donde ve duda, desazón, falta de seguridad y de paz, carencia del sentido de la vida y de los valores, el diablo aprovecha para reinar
Ángeles caídos
Los ángeles fueron creados con una naturaleza buena, eran libres,
bellos e inteligentes, según la categoría de cada cual. Ante
el primer acto libre se determinaban: Con Dios para siempre,
en el estado de gloria, o contra Él, también por
toda la eternidad.
Lucifer era uno de los ángeles más bellos
y hermosos (su nombre significa "lucero", la estrella radiante de
la mañana), y su inteligencia también era aguda y fascinante.
A tal punto que en el momento de la elección
se prefirió a sí mismo; prefirió buscar la felicidad, la
realización, la dicha, autocontemplándose, como iba a hacer Narciso que,
autocontemplando su belleza en las aguas del lago, cayó en
él y pereció ahogado.
Del mismo modo Lucifer, prefiriendo buscar su
felicidad en sí mismo y no en su Creador, consiguió
su eterna desdicha y desventura.
¿Pero es que no podía
preveerlo, ya que era tan aguda su inteligencia?
Sí, lo
preveía, pero lo cegó lo inmediato.
Como a nosotros: Sabemos
las consecuencias nefastas, personales y sociales, de abandonar los caminos
de Dios, pero nos ciega el placer y la conveniencia
de lo inmediato, sin darnos espacio a recapacitar sobre las
consecuencias posteriores: así la fornicación, el adulterio, el robo, la
mentira, la coima, el ser corrupto... Sabemos que así la
cosa no va, pero hay una aparente "conveniencia" que nos
ciega en lo inmediato y perturba la serena reflexión del
momento del después.
Así pasó con quien ahora llamamos el
Demonio.
Jesús, en el evangelio de Lucas, capítulo 10 versículo 18
(Lc. 10, 18), dice que lo vió caer desde el
cielo como un rayo. Claro que lo vió como Hijo
eterno de Dios, igual al Padre, con Quien coexiste desde
siempre, antes de la creación corpórea de los seres, luego
de haber creado el mundo "invisible" (que son los ángeles).
En
el último libro del Nuevo Testamento y, por lo tanto,
de la Biblia, se narra su caía (la de Satanás),
la vista por Jesús antes de que las cosas comenzaran
a ser: Es en el Apocalipsis, capítulo 12, versículos 7
al 9 (Ap. 12, 7-9): Narra que hubo una gran
batalla en el cielo, donde el Arcángel Miguel combatió contra
el Demonio (a quien también se le dá el nombre
de Satanás, o Dragón. y se lo llama el seductor
del mundo entero), ambos al frente de grupos de ángeles.
Lucifer fué precipitado hacia la tierra, y luego de perseguir
a la Madre del Mesías, va a hacer la guerra
al resto de sus hijos, "los que guardan el testimonio
de Jesús", es decir, a los cristianos de cualquier denominación,
y aún a los hombre de buena voluntad que siguen
la verdad testificada por su conciencia, sagrario de Dios, pues
siguiendo la Verdad que ella les dicta, siguen al que
es la Verdad, el Camino y la Vida, es decir,
a Jesús, aunque sea implícitamente.
El profeta Isaías, unos
seis siglos antes de la venida de Jesús, también hace
referencia a su caída. Recordemos sus palabras, que podemos meditar
en el capítulo 14, versículos 12 al 15 (Is 14,
123-15): "¡Cómo has caído del cielo, Lucero de la aurora,
y estás tirado por tierra! Tú que decías: Escalaré los
cielos, pondré mi trono por encima de las estrellas, y
me sentaré en el monte más alto, en la cima
de la montaña celeste; escalaré las nubes, seré igual que
Dios. ¡Has caído en el Abismo, en lo más hondo
de la fosa!"
Se dice que arrastró a la tercera parte
de los ángeles, los que ahora llamamos demonios. La Biblia
hace referencia a ello cuando dice que "arrastró a la
tercera parte de las estrellas del cielo", teniendo por "estrellas
del cielo" a estas creaturas celestes.
Siempre las personas bellas y/o
inteligentes tienen cierto ascendiente sobre las demás, que muchas veces
las siguen y admiran, y más cuando poseen las dos
cualidades a la vez: Esto pasó ciertamente con los
ángeles de Dios que se dejaron "seducir" por Satanás. Pero
los buenos son los más, y ellos son los que
nos auxilian y acompañan, no permitiendo que "el enemigo del
género humano" (que querría ver nuestra eterna desdicha y destrucción),
tenga dominio sobre nosotros, si nos entregamos a Dios.
El libro
de la Sabiduría, en su capítulo 2 versículo 24, dice
que por envidia del Diablo entró la muerte en el
mundo, y la experimentan los que le pertenecen: muerte espiritual
y muerte física, que Jesús Resucitado vence con el don
de la gracia y la santidad, y con la vida
corporal eterna fruto de la Resurrección, de la Pascua: De
ambas cosas se hacen partícipes los que pertenecen a Jesús,
es decir, los cristianos.
Envidia de que el varón y la
mujer, siendo de naturaleza inferior (compuesto de materia y espíritu,
cuerpo y alma), sea elevado al estado de familiaridad con
Dios, destinado a la vida de la gracia y de
la gloria. De ahí deriva su "persecución infernal" para tratar
de "perder" al hombre.
Fué una caída (la de Satanás) fruto
de la soberbia y de la vanidad: Eligiéndose a sí
mismo quiso tener dominio sobre los demás. Buscó el poder
de Dios sin ser Dios. Fijémonos si muchos de nosotros
no lo tomamos actualmente como modelo, y le rendimos honor
y pleitesía, tratando de con-formarnos con sus antivalores, aunque no
lo digamos explícitamente.
Y su naturaleza quedó desequilibrada, repleto de odio
en su voluntad, "pervertido y pervertidor", como solía decir el
venerado Pablo VI, que aprovecha las "grietas de la psicología"
para influír en la naturaleza humana.
Allí donde ve duda,
desazón, falta de seguridad y de paz, carencia del sentido
de la vida y de los valores, aprovecha para reinar.
"Fue creado bueno por Dios, pero a sí mismo se
hizo malo".
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