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Gustavo Daniel D'Apice
| colaborador de catholic.net
Profesor
Universitario de Teología graduado
en la Pontificia Universidad
Católica Argentina adscripta
a la Gregoriana de Roma. Enseña
en la Universidad Católica de
Cuyo, en un Instituto de Teología
y Catequesis, hace aportes periodísticos
gráficos y conduce programas
teológicos de radio y TV. Laico
consagrado y con dedicación
especial a la investigación
teológica, en comunión con el
Obispo Diocesano y, por supuesto,
el Magisterio de la Iglesia,
compartiendo lo descubierto
través de los distintos medios
mencionados (àulicos, gráficos,
TV, radio FM, Internet). Cuenta
con el Auspicio Cultural de
la Subsecretaría de Cultura
de la Provincia de San Juan,
Argentina.
Autor: Gustavo Daniel D´Apice, Bachiller en Teología (UCA) Ecumenismo: diálogo y oración
Para lograr la unidad en una sola Iglesia visible, el ecumenismo reúne a los cristianos para orar juntos
Ecumenismo: diálogo y oración
El ecumenismo es ese movimiento en el cual todo
bautizado está inmerso, que busca la unidad entre las diversas
Iglesias cristianas, ya que comparten la misma fe en la
Santísima Trinidad, tienen a Jesús como Rey y Señor de
sus vidas, el Bautismo como sacramento de la justificación cristiana
que nos hace hijos de Dios y entrar a
formar parte de la Iglesia, la Sagrada Escritura (La Biblia)
como libro revelado por Dios.
Incluso, entre muchos de ellos, cristianos
de distintas denominaciones, “hermanos separados”, pero hermanos al fin, hay
cierta comunión en los sacramentos. Las Iglesias cristianas ortodoxa y
católica poseen los mismos sacramentos válidos, y en ausencia de
Iglesia o ministro de su denominación, pueden solicitarlos al ministro
de la otra Iglesia con plena libertad.
Con las distintas Iglesias
cristianas de occidente, se tiene por lo general como válido
el Bautismo, llegando incluso a convenios entre la Iglesia Católica
(por medio del Pontificio Consejo para la Unidad de
los Cristianos) y las diversas Iglesias cristianas Evangélicas, agrupadas en
el Consejo Mundial de Iglesias Evangélicas, para no repetirlo en
caso de que se haya efectuado válidamente, es decir, con
agua, en el nombre de la Santísima Trinidad y teniendo
a Jesús como Salvador. Incluso pueden recibir algún otro sacramento
si tienen “fe católica” en ellos. A esto se lo
llama comunión “in sacris” (en lo sagrado, en las cosas
santas). Quieren hacerse eco del pedido de Jesús en Jn.
17, 21: “Que todos sean uno, para que el
mundo crea”: católicos, evangélicos, anglicanos, ortodoxos, orientales, bautistas, metodistas, luteranos,
calvinistas, hermanos libres, algunas iglesias pentecostales, etc., no son de
distinta religión: Todos ellos son cristianos, y buscan constituirse en
una sola Iglesia Visible de Jesucristo.
Para lograr la unidad en
una sola Iglesia visible, el ecumenismo reúne a los cristianos
para orar juntos, teniendo a Jesús como Único y Eterno
Sacerdote, mediador entre Dios y los hombres. Leen y estudian
juntos la Biblia. Realizan apostolados de caridad que surgen de
la presencia del Espíritu de Jesús en medio de
ellos. Se alegran de los elementos que los unen.
También los
teólogos y pastores cristianos se reúnen para determinar las circunstancias
históricas que causaron heridas en la unidad, para observar la
realidad de las cosas que parece separarlos, muchas veces por
errores mutuos de interpretación, otras por falta de caridad recíproca,
otras porque falló el espíritu de oración, y muchas más.
Por lo que queda mucho por orar, estudiar, amar.
Y
requiere, además, este esfuerzo cristiano de unidad, una conversión
constante, para ser fieles al espíritu del Evangelio y a
las enseñanzas de Jesús, aceptando al otro, cristiano de distinta
denominación, como es, sin despreciarlo ni desestimarlo porque piensa
o profesa su fe de manera distinta, u ora de
otra forma. Sino, estaríamos generando una nueva especie de
marginados o excluidos: Los que no creen como yo,
los que se vinculan con Jesús de manera distinta,
aún teniendo muchos elementos de fe cristiana en común. (CEC
820-822)
Debemos, los hermanos cristianos, “separados” por ahora, conocernos recíprocamente, sin
temor, en forma fraterna, compartiendo momentos de oración, dialogando en
el Amor del Señor, colaborando en el servicio caritativo
hacia los demás; y formarnos ecuménicamente, tanto los fieles como
los pastores, presbíteros y diáconos de las Iglesias.
Recuerdo a mi
Profesor de Biblia, el presbítero Luis Rivas, quien revisa la
edición de la Biblia del “Libro del Pueblo de Dios”,
que actualmente se utiliza para las lecturas de la Palabra
de Dios en las celebraciones litúrgicas católicas, en la carrera
de Teología de la Pontificia Universidad Católica, que solía decir
en las reuniones ecuménicas que, leyendo el Nuevo Testamento, había
más diferencias en la forma de vivir su cristianismo en
las comunidades de la Iglesia cristiana primitiva, que entre las
diferentes denominaciones cristianas de la Iglesia de hoy. Y no
andaban separados, ni cada uno siguiendo su propio camino, sino
que conservaban la comunión y la unidad entre ellos.
Otro hecho
alentador es que, entre la Iglesia católica y otras Iglesias
cristianas, se leen, meditan y proclaman, las mismas lecturas bíblicas
para cada día.
En el hemisferio norte, hay una semana de
oración por la unidad de los cristianos en torno a
la fiesta de San Pablo.
En el hemisferio sur, en torno
a la Solemnidad de Pentecostés.
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