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Gustavo Daniel D'Apice
| colaborador de catholic.net
Profesor
Universitario de Teología graduado
en la Pontificia Universidad
Católica Argentina adscripta
a la Gregoriana de Roma. Enseña
en la Universidad Católica de
Cuyo, en un Instituto de Teología
y Catequesis, hace aportes periodísticos
gráficos y conduce programas
teológicos de radio y TV. Laico
consagrado y con dedicación
especial a la investigación
teológica, en comunión con el
Obispo Diocesano y, por supuesto,
el Magisterio de la Iglesia,
compartiendo lo descubierto
través de los distintos medios
mencionados (àulicos, gráficos,
TV, radio FM, Internet). Cuenta
con el Auspicio Cultural de
la Subsecretaría de Cultura
de la Provincia de San Juan,
Argentina.
Autor: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice El Cuerpo y la Sangre de Jesús Resucitado.
Benedicto XVI expresa su devoción eucarística en elevada intensidad.
El Cuerpo y la Sangre de Jesús Resucitado.
La Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Jesús y
el pensamiento de Benedicto XVI, el papa teólogo.
Qué mejor
que prepararnos para la Fiesta de Corpus Christi
con algunos pensamientos homiléticos
de Benedicto XVI:
CORPUS CHRISTI: EL SEÑOR ESTE PRESENTE EN NUESTRA
VIDA
El Santo Padre afirma que en esta fiesta
, "la Iglesia revive el misterio del Jueves Santo a la
luz de la Resurrección.
También en el Jueves Santo hay una
procesión eucarística, con la que la Iglesia repite el éxodo de
Jesús del Cenáculo al Monte de los Olivos. (...)
Jesús
entrega realmente su cuerpo y su sangre.
Atravesando el umbral de la
muerte, se convierte en Pan vivo, auténtico maná, alimento inagotable por
todos los siglos.
La carne se convierte en pan de vida".
"En la
fiesta del Corpus Christi –continúa el Papa actual-, reanudamos esta
procesión, pero con la alegría de la Resurrección.
El Señor ha resucitado
y nos precede.
(...) Jesús nos precede ante el Padre, sube
a la altura de Dios y nos invita a seguirle.
(...)
La verdadera meta de nuestro camino es la comunión con Dios".
El
Sumo Pontífice señala que en el sacramento de la Eucaristía
"el Señor se encuentra siempre en camino hacia el mundo.
Este aspecto
universal de la presencia eucarística está presente en la procesión de
nuestra fiesta.
Llevamos a Cristo, presente en la figura del pan,
por las calles de nuestra ciudad.
Encomendamos estas calles, estas casas, nuestra
vida cotidiana, a su bondad.
¡Que nuestras calles sean calles de
Jesús!
¡Que nuestras casas sean casas para él y con él!
Que en
nuestra vida de cada día penetre su presencia.
Con este gesto, ponemos
ante sus ojos los sufrimientos de los enfermos, la soledad de
los jóvenes y de los ancianos, las tentaciones, los miedos, toda
nuestra vida.
La procesión quiere ser una bendición grande y pública para
nuestra ciudad: Cristo es, en persona, la bendición divina para el
mundo.
¡Que el rayo de su bendición se extienda sobre todos
nosotros!".
Refiriéndose al mandato de Cristo: "Tomad y comed...
Bebed todos de él", Benedicto XVI subraya que "no se puede
"comer" al Resucitado, presente en la forma del pan, como un
simple trozo de pan.
Comer este pan es comulgar, es entrar
en comunión con la persona del Señor vivo.
Esta comunión, este
acto de "comer", es realmente un encuentro entre dos personas, es
un dejarse penetrar por la vida de Aquel que es el
Señor, de Aquel que es mi Creador y Redentor.
El objetivo de
esta comunión es la asimilación de mi vida con la suya,
mi transformación y configuración con quien es Amor vivo.
Por
ello, esta comunión implica la adoración, implica la voluntad de seguir
a Cristo, de seguir a quien nos precede. Adoración y procesión
forman parte, por tanto, de un único gesto de comunión; responden
a su mandato:
"Tomad y comed".
El Vicario de Cristo
concluye poniendo de relieve que "nuestra procesión acaba ante la basílica
de Santa María la Mayor, en el encuentro con la
Virgen, llamada por el querido Papa Juan Pablo II "mujer eucarística".
María, la Madre del Señor, nos enseña realmente lo que es
entrar en comunión con Cristo. (...)
Pidámosle que nos ayude a
abrir cada vez más todo nuestro ser a la presencia de
Cristo; que nos ayude a seguirle fielmente, día tras día,
por los caminos de nuestra vida. ¡Amén!".
LA HOSTIA CONSAGRADA ES REALMENTE
EL PAN DEL CIELO
En otra circunstancia relativa
al Corpus, el Benedicto afirma que la Hostia consagrada es
"el alimento de los pobres" y "fruto de la tierra
y del trabajo del hombre".
Sin embargo, "el pan no es
simplemente y solo un producto nuestro, algo hecho por nosotros;
es fruto de la tierra y por tanto, un don.
(...)
Presupone la sinergia de las fuerzas de la tierra y
de los dones del cielo, es decir, del sol y
de la lluvia".
"En un período en que se
habla de la desertificación y oímos denunciar cada vez más el
peligro de que hombres y bestias mueran de sed en
las regiones que no tienen agua, nos damos cuenta de la
grandeza del don del agua y de que somos incapaces de
conseguirla por nosotros mismos.
Entonces, mirando desde más cerca este pequeño
trozo de Hostia blanca, este pan de los pobres, es como
una síntesis de la creación".
El Santo Padre pone
de relieve que "cuando al adorar miramos la Hostia consagrada, nos
habla el signo de la creación.
Entonces encontramos la grandeza de
su don; pero también encontramos la Pasión, la Cruz de
Jesús y su resurrección".
"En la fiesta del Corpus Christi
vemos sobre todo el signo del pan, que nos recuerda también
la peregrinación de Israel durante los cuarenta años en el desierto.
La Hostia es nuestro maná, con el que el Señor
nos nutre; es realmente el pan del cielo, mediante el que
se dona a sí mismo.
En la procesión seguimos este signo
y así le seguimos a El mismo".
Benedicto XVI
pide al Señor:
"¡Guíanos por los caminos de nuestra historia!
¡Muestra
a la Iglesia y a sus pastores siempre de nuevo
el justo camino!
¡Mira a la humanidad que sufre, que
vaga insegura entre tantos interrogantes; mira el hambre físico y psíquico
que la tormenta!
¡Da a los seres humanos pan para
el cuerpo y para el alma!
¡Dales trabajo, dales luz, dales
Tú mismo!
Purifícanos y santifícanos!".
"Haznos comprender que sólo
mediante la participación en tu Pasión, mediante el "sí" a la
cruz, a la renuncia, a las purificaciones que nos impones, nuestra
vida puede madurar y alcanzar su verdadero cumplimiento.
¡Reúnenos de todos
los confines de la tierra! ¡Une a tu Iglesia, une a
la humanidad lacerada! ¡Danos tu salvación!".
Adaptación de Gustavo Daniel D´Apice Profesor
Universitario de Teología Pontificia Universidad Católica
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