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Gustavo Daniel D'Apice
| colaborador de catholic.net
Profesor
Universitario de Teología graduado
en la Pontificia Universidad
Católica Argentina adscripta
a la Gregoriana de Roma. Enseña
en la Universidad Católica de
Cuyo, en un Instituto de Teología
y Catequesis, hace aportes periodísticos
gráficos y conduce programas
teológicos de radio y TV. Laico
consagrado y con dedicación
especial a la investigación
teológica, en comunión con el
Obispo Diocesano y, por supuesto,
el Magisterio de la Iglesia,
compartiendo lo descubierto
través de los distintos medios
mencionados (àulicos, gráficos,
TV, radio FM, Internet). Cuenta
con el Auspicio Cultural de
la Subsecretaría de Cultura
de la Provincia de San Juan,
Argentina.
Autor: Gustavo Daniel D´Apice, Profesor Universitario de Teología (UCA) El Diálogo Interreligioso
Dialogar y buscar la unidad, algo que no es utopía, a lo que está obligado todo bautizado, todo creyente y todo hombre de buena voluntad
El Diálogo Interreligioso
El diálogo interreligioso, a diferencia del ecumenismo, (que es
la búsqueda de la unidad entre los hermanos cristianos de
distinta denominación), es entre personas de distinta religión:
Son de otra
religión que los cristianos, en primer lugar, y más cercano,
los judíos, que comparten con los cristianos el mismo
Dios del Antiguo Testamento y la espera del Mesías; los
judíos en su primera venida, los cristianos en
la segunda.
Son de otra religión los bienamados musulmanes, con su
Dios Alá, justo y misericordioso, cuyo profeta es Mahoma, sus
sacerdotes los imanes, y sus santos y místicos los sufis.
Su libro sagrado es el Corán.
También lo son los hindúes,
con su Dios Krishna, a veces también manifestado como Rama.
El budismo cuyo profeta y maestro en el camino del
encuentro con Él es Buda Gautama, hijo noble de príncipes
que dejó todo para conseguir primero él, y enseñar después
a otros, el camino de la iluminación espiritual que da
sentido a la vida, primero con las Cuatro Nobles Verdades,
y luego con el óctuple sendero de perfección, que por
su equilibrio entre los excesos, no está lejos de las
virtudes cristianas. Su libro sagrado es el Bagavad Ghita, y
su interpretación se hace a través de los vedas, o
comentarios de los sabios. Buda sostiene que la vida es sufrimiento,
éste está producido por el “apego” (a las cosas y
a las personas), este apego es una “ilusión” (en el
sentido de fantasioso) para conseguir la felicidad. Entonces el camino
de la realización, del Nirvana, es el “desapego”, para poder
así entrar en la “iluminación”.
El desapego es también una virtud
cristiana. Y para desapegarse propone su Óctuple sendero de perfección,
sobremanera virtuoso. Estas cuatro grandes religiones (cristianos, judíos, musulmanes y
budistas e hindúes), son monoteístas, es decir, tienen un solo
Dios. Y las tres primeras colocan a Abraham, salido de
Mesopotamia (Ur de los caldeos, entre Irak y Siria actuales),
como su padre en la fe. Los hermanos de distinta religión
que los cristianos, se ordenan al único Pueblo de Dios
de distintas maneras, pero no buscan la unidad en una
única Iglesia Visible de Jesucristo, porque los elementos que se
comparten son más amplios y generales: la oración a un
único Dios, el amor universal, la revelación de textos sagrados
por parte de Dios, los atributos del mismo, etc. Pero
esto no quita el diálogo amistoso, la oración al Dios
Único, la caridad sincera, recíproca y hacia los demás,
el enriquecimiento mutuo con las distintas tradiciones místicas y espirituales.
Prueba de ello es el encuentro anual que el Sumo
Pontífice tiene con representantes de otras iglesias cristianas (ecumenismo) y
de otras religiones (diálogo interreligioso), todos los años en Asís,
para encontrarse y orar por la paz. Hasta el Papa
ha querido peregrinar hasta allí en tren, e invitar luego
a un ágape fraterno a los distintos representantes de los
credos cristianos y no cristianos, elaborando luego entre todos líneas
de convivencia y de actuación justas, pacíficas y solidarias (CEC
839-842).
Dialogar y buscar
la unidad, algo que no es utopía, a lo que
está obligado todo bautizado, todo creyente y todo hombre de
buena voluntad. Entonces la vida será diferente, aunque en última
instancia, el lograrlo, es un Don de Dios. Aunque
debemos predisponernos para acogerlo.
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