P. José Ibañez: misionero paúl que fue martirizado en dos ocasiones
Santoral /Especiales

Por: José Calderero de Aldecoa | Fuente: Alfa y Omega

El padre José Ibáñez Mayandía –que el próximo 11 de noviembre será beatificado en Madrid junto a otros 59 mártires de la familia vicenciana– ejercía de superior de la Casa Provincial de Madrid de la Congregación de las Misiones en el año en que se desató la persecución religiosa en España.

Por aquel entonces, el religioso era también el capellán del Hospital Asilo de Convalecientes de las Hijas de la Caridad en el que se atendía a 200 enfermos. Hasta allí acudió, vestido de seglar, el domingo 26 de julio a las 6 de la mañana a celebrar Misa para las religiosas. Cuando el sacerdote entró en el centro médico fue detenido de inmediato por los milicianos, que días antes habían incautado el edificio y lo habían convertido, parcialmente, en una checa (cárcel improvisada en la que se confinaba y torturaba a los presos).

– «¿A dónde vas?», le preguntaron los milicianos

– «A celebrar Misa en las Hermanas», respondió él.

Acto seguido, uno de los captores simuló registrar al padre Ibáñez y le metió una pistola en el bolsillo. Al encontrarla, el miliciano preguntó: «¿Esto para qué lo llevas, para repartir avemarías?». Inmediatamente, fue conducido a la checa sin oponer ninguna resistencia. En aquel momento, el religioso tenía 59 años.

Torturas y asesinato

Tras su detención, el padre José Ibáñez fue sometido a toda clase de vejaciones. Fue obligado, por ejemplo, a pasear completamente desnudo y con las manos atadas a la espalda junto a los grandes ventanales de las Escuelas Católicas para que fuera visto por todos, incluidos los enfermos del hospital en el que era capellán. Detrás de él, un grupo de jóvenes de entre 12 y 14 años le iban azotándole con correas y palos.

El mismo domingo 26 de julio de 1936 varios milicianos del Ateneo Libertario de Chamberí llevaron al superior provincial a la Dehesa de la Villa, donde lo fusilaron. Un día después, el lunes 27 de julio, sus asesinos fueron a matar a otro religioso al mismo lugar y se encontraron que el padre Mayandía venía deambulando, herido, por la calle Francos Rodríguez. Perplejos, lo volvieron a llevar al Ateneo de Chamberí y allí, uno de los dirigentes –que era carnicero– lo descuartizó todavía con vida.

Artículo originalmente publicado por Alfa y Omega

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