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Un misterio de amor
Aprende a Orar /Evangelio Ciclo A, B y C

Por: Abraham Cortés Ceja, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, creo que estás presente realmente en el sacramento de la Eucaristía; te pido me concedas la gracia de unirme a ti experimentado y contemplando tu amor que se esconde y me revelas en este sacramento.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 10, 24-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores!

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les diga al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajaritos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no le permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Las palabras que los judíos escuchan de Ti, Señor, no las pueden aceptar; su corazón y su mente son incapaces de comprender y aceptar la verdad que revelas. Son palabras que, desde una mirada y escucha humana, no pueden ser entendidas, al contrario, parecería algo absurdo, ilógico e incluso imposible. Nos encontramos ante un misterio. No se trata de un misterio que es incomprensible, sino de un misterio que trasciende nuestra mirada, nuestra comprensión, nuestra escucha. Es un misterio que nos revela una verdad inabarcable, que nunca puede ser comprendida por completo, sino que siempre nos revela algo nuevo y en mayor profundidad.

Gracias al don de la fe podemos abrir nuestro corazón y nuestra mente a este misterio; gracias a ella podemos acoger esta verdad, descubrir la grandeza y belleza que se esconden en ella. Por el don de nuestra fe, el día de celebramos este misterio y esta verdad: Corpus Christi, solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Jesucristo, la Iglesia nos invita a contemplar el inmenso e infinito amor de Dios a través de este misterio y esta verdad. Nos invita a poner nuestro corazón, nuestra vida, todo nuestro ser y existir en el Corazón de nuestro Señor, para que sea Él quien nos revele de modo personal e íntimo la profundidad de su amor que se esconde en el misterio de su Cuerpo y de su Sangre. Nuestro Señor, al venir a este mundo, tenía clara su misión: rescatarnos y liberarnos de la esclavitud del pecado; su amor, y sólo su amor, lo llevó a encarnarse y entregar su vida, para darnos vida, libertad y plenitud. Ese cuerpo que se entregó en una cruz y que derramó su sangre en ella, se ha quedado con nosotros, le recibimos y adoramos. No fue suficiente para el amor de Dios, entregar su vida por amor a nosotros, sino que desea permanecer en nosotros, oculto en el sacramento de la Eucaristía, donde nos revela cuánto nos ama.

Creo que lo más hermoso ante este misterio que hoy celebramos, no consiste en comprenderlo cada vez más, sino más bien descubrir y experimentar el amor misericordioso, infinito, íntimo y personal de Dios en nuestras vidas y en todos los hombres. Por ello, la Eucaristía es alimento espiritual para nuestra vida, para nuestra fe, pues en ella recibimos al verdadero amor que nos ha creado, redimido y santificado.

«La fiesta del Corpus Christi nos invita cada año a renovar nuestro asombro y la alegría ante este maravilloso don del Señor, que es la Eucaristía. Recibámoslo con gratitud, no de manera pasiva, rutinaria. No tenemos que habituarnos a la Eucaristía e ir a comulgar como por costumbre, ¡no! tenemos que renovar verdaderamente nuestro “amén” al Cuerpo de Cristo, cuando el sacerdote nos dice, el “Cuerpo de Cristo”, nosotros decimos “amén”: pero que sea un amén que venga del corazón, convencido. Es Jesús el que nos ha salvado, es Jesús el que viene a darme la fuerza de vivir. Es Jesús, Jesús vivo. Pero no tenemos que acostumbrarnos: cada vez como si fuera la Primera Comunión».
(Ángelus de S.S. Francisco, 23 de junio de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

El día de hoy viviré la Santa Misa con fervor como respuesta de amor.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.