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El trabajo oculto de Dios
Aprende a Orar /Evangelio Ciclo A, B y C

Por: César Adrián Hernández Morales, LC | Fuente: Catholic.net

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, concédeme una gran confianza en tu providencia.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: ‘Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: ‘De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero’”.

Luego les propuso esta otra parábola: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”.

Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”.

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”.

Jesús les contestó: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga”.

Palabra de Dios.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús sabe lo que hace. El Evangelio de hoy presenta tres parábolas en las que se narra cómo un trabajo oculto, que no podemos ver da siempre fruto. Así es el trabajo de Dios en mi vida. Es un trabajo oculto, el cual no veo y, muchas veces, ni siquiera me doy cuenta qué pasa. Sin embargo, la gracia de Dios va actuando en mi alma.

Jesús sabe cuándo es el momento adecuado. Él actúa siempre en mi alma para acercarla más y más hacia Él. Lo único que tengo que hacer es confiar en Él. Podrán venir dificultades, momentos difíciles, pruebas, pero siempre debo de tener la certeza de que Jesús sabe lo que está haciendo, que Él cuida de mí.

Al igual que una semilla de mostaza o un grano de trigo, mi alma va dando fruto poco a poco, de manera callada y casi invisible. Pero Jesús siempre está ahí para velar por mí, para cuidar de mí. No tengo porque desesperar, porque preocuparme ya que Él nunca me abandona. Su gracia y su amor siempre me acompañan.

«La justicia propuesta por Jesús no es un simple conjunto de reglas aplicadas técnicamente, sino una disposición del corazón que guía a los que tienen responsabilidades. La gran exhortación del Evangelio es establecer la justicia ante todo dentro de nosotros, luchando con fuerza para marginar la cizaña que nos habita. Para Jesús es de ingenuos pensar que podamos arrancar todas las raíces de mal dentro de nosotros sin dañar también el grano bueno (cf. Mt 13, 24-30). Pero la vigilancia sobre nosotros mismos, con la consiguiente lucha interior, nos ayuda a no dejar que el mal predomine sobre el bien».
(Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2020).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Recibir la Eucaristía el día de hoy o hacer una comunión espiritual pidiendo, especialmente, la gracia de una mayor confianza en Cristo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.