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Lo cotidiano
Humanismo Cristiano /Humanismo Cristiano

Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net

En un mundo de tecnología y de prisas, de mil opciones y mensajes, perviven, como rocas indestructibles, esas actividades rutinarias que forman lo cotidiano.

Porque en la era de las bombas atómicas, de las naves espaciales, de los móviles y de los trenes de alta velocidad, hay que limpiar la mesa, lavar los platos, planchar la ropa y otras acciones “tradicionales” y, según algunos, “inútiles”.

En realidad, la utilidad de un acto no se mide solo por la satisfacción que pueda producir. Hay acciones que no agradan en absoluto pero que protegen la propia salud, como lavarse las manos, o mejoran las relaciones, como un adiós educado al salir de casa.

En ocasiones, lo cotidiano parece quitar el tiempo que nos gustaría dedicar a cosas que anhelamos, como probar un nuevo programa electrónico o ver un concierto online.

Pero lo cotidiano, vivido con sencillez, con alegría, como servicio a los demás, puede tener un valor que no puede compararse a algunas conversaciones inútiles en un chat de amigos.

Lo importante es saber invertir el propio tiempo en aquello que realmente ayuda a la propia paz interior (la auténtica, la que nos acerca a Dios), y nos permite reencontrar modos concretos y sencillos para ayudar a otros.

Tal vez lo cotidiano no suba al WhatsApp (aunque algunos sí lo suben), ni se vea en Youtube, ni tenga una serie de “likes” en otros lugares de internet.

A pesar de su aparente “invisibilidad”, lo cotidiano permite que tengamos un plato de comida en la mesa, que disfrutemos de un poco de aire fresco en la oficina, y que podamos extasiarnos ante una flor en un parque público regado todos los días por un jardinero generoso.

Lo cotidiano conserva, hoy como en el pasado, una frescura y una belleza que hacen al mundo un poco más humano y más sencillo: porque toca dimensiones esenciales de la vida, y porque nos permite acercarnos a Dios y a los hermanos...