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Cuaresma un tiempo para aprender a amar mejor
Aprende a Orar /Evangelio Ciclo A, B y C

Por: Bertha Del Toro Rodríguez, CRC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Me dispongo a iniciar esta cuaresma haciendo mi oración con especial amor, comprendiendo que Tú quieres que te acompañe con mi corazón muy unido al tuyo. Durante esta oración enciende en mí el deseo de amarte y aumenta mi fe para encontrarte en el hermano a quien veo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús, en este Evangelio interpretas a tus discípulos el verdadero sentido que tienen las obras más comunes en el judaísmo: la limosna, la oración y el ayuno. Inicias haciendo una advertencia “cuidad de no practicar vuestra justicia para ser vistos”. Estas prácticas quieres que sean realizadas con autenticidad y pureza para unirnos a ti.

Es verdad que se puede desvirtuar una buena obra. Quizás para mí sea un reto no tanto hacerlo para ser visto sino esconder mis prácticas para no ser criticado. La verdad, ser auténtico y libre en expresar la propia fe es algo que quiero hacer mejor esta cuaresma. ¿Cuáles obras me cuesta más realizar por miedo a ser criticado o porque no les doy importancia?

Tu nos enseñas también que el Padre que ve en lo secreto me recompensará. Es impresionante la fuerza que tiene esta verdad. Deseo tomar más consciencia de que estoy en presencia tuya todo el tiempo, de que estás presente y el Padre ve mi intención, ve mi corazón, no lo que aparento.

Si algo me cuesta, quizás, es acercarme a los que tienen necesidad. Dar limosna es una obra que necesito valorar, que necesito mirarla como Tú, el hacer un bien al que lo necesita es hacerte el bien a ti. Las personas necesitan amor y bienes también, pero sobre todo sentir que tienen dignidad. Gracias por renovar mi deseo de hacer y vivir mis obras por ti y para ti.

«Cada uno de nosotros puede preguntarse: «¿Soy capaz de pararme y mirar a la cara, mirar a los ojos, a la persona que me está pidiendo ayuda? ¿Soy capaz?». No debemos identificar, por tanto, la limosna con la simple moneda ofrecida deprisa, sin mirar a la persona y sin detenerse para hablar y entender qué necesita realmente. Al mismo tiempo, debemos distinguir entre los pobres y las distintas formas de mendicidad que no hacen ningún bien a los verdaderos pobres. En resumen, la limosna es un gesto de amor que se dirige a los que encontramos; es un gesto de atención sincera a quien se acerca a nosotros y pide nuestra ayuda, hecho en el secreto donde solo Dios ve y comprende el valor del acto realizado».
(S.S. Francisco, Catequesis del 9 de abril de 2016).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Cuidaré que el lugar donde realice mi oración me ayude a estar contigo y a escuchar al Espíritu Santo para hacer mis buenas obras como fruto de una escucha en la oración.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.