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La calidez humana
Humanismo Cristiano /Humanismo Cristiano

Por: Adriana Franco Sampayo | Fuente: Semanario Al├ęgrate

Toda persona tiene una grandeza en su interior llamada propósito, lo que le permite trascender y dejar huella en las personas. La grandeza de las personas está dibujada en sus corazones, en su capacidad para darse a los demás, a través de actos de bondad dejando un legado de amor, respeto, disciplina, carácter y ser entendido y saber entender a los demás con la única intención de hacerlos más felices.

Porque no hay nada más grande, ni que reconforte tanto que ayudar. Hay personas que ponen su corazón en todo lo que hacen. Las delata el brillo de sus ojos, el color de su sonrisa y la intención vestida de amor en cada uno de sus actos.

Son esas que siempre aparecen para arroparte, cuando ni siquiera te has dado cuenta de que temblabas de frío, las que te proponen un trueque de risas por tristezas y las que siempre están dispuestas a ayudarte a cambiar de color los días nublados. Las buenas personas son artífices del amor más genuino y sincero que podamos encontrar; tesoros que apreciar y cuidar desde lo más profundo de cada uno de nosotros. Así son las buenas personas, las delata la bondad como signo de superioridad y la paciencia como estrategia para comprender a los demás.

La calidad está en el corazón del hombre, nace espontáneamente y aflora como un río, la calidad es voluntad, es trato, es un comportamiento, una actitud, una forma de dar y darse a los demás.

La calidad humana es una vocación que da excelencia a quienes tienen el don de practicarla. ¡Gracias personas bonitas, gracias por hacernos uno de los mayores regalos: su compañía! “He aprendido que la gente olvidará lo que dijiste, también olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir”. -Maya Angelou-.