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Ve y vende lo que tienes y sígueme
Hispanos Católicos en Estados Unidos /Homilías Mons. Enrique Díaz

Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net

Uno de los peligros que el Papa Francisco nos señala en nuestra vida cristiana y de discípulos es la asedia, el acostumbrarse, el hacer las cosas de forma inconsciente y por rutina. Perdemos la alegría y el entusiasmo para vivir y proclamar el Evangelio. Este tiempo ordinario no debería ser significar tiempo aburrido o sin entusiasmo, al contrario, el tiempo ordinario es el trabajo constante de cada día que debemos llenar de sentido y de amor.

Es sembrar para un día poder cosechar. Hoy, al iniciar su primera carta, San Pedro nos ofrece pistas para dar sentido a la vida de cada día: “Alégrense, aún cuando ahora tengan que sufrir un poco por adversidades… porque su fe es más preciosa que el oro, y el oro se acrisola con el fuego”. Preciosas palabras para quienes debemos afrontar cada día y encontrarnos con dificultades que muchas veces nos doblegan.

Pero si el oro se acrisola, nuestra fe y nuestra caridad tendrán que acrisolarse en el dolor de cada día, pero un dolor vivido con entusiasmo porque nos unimos a Cristo y a su resurrección. También el evangelio de San Marcos nos ofrece pistas muy valiosas para retomar el camino de cada día. Primeramente, nos recuerda cuál es lo mínimo que tenemos que hacer para darle valor a nuestra existencia: cumplir los mandamientos.

Es la respuesta que le da Jesús a aquel joven. Y es verdad que cumpliendo los mandamientos podremos alcanzar la felicidad porque en los mandamientos se encierran las normas básicas para llevar una vida digna, cristiana y humana. Pero a Jesús le gusta siempre pedir más y a aquel joven, y también a cada uno de nosotros, nos ofrece y nos pide más: “Si quieres tener más, ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme” Nos pide mucho más, pero nos ofrece mucho más. Si participamos de su entrega participaremos de su resurrección.

Si no necesitamos de los bienes materiales para ser felices, tendremos más libre el corazón. ¿Qué respondemos a la propuesta de Jesús? ¿Nos iremos tristes como aquel joven o tendremos el valor de seguirlo?