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Autor: P. Carlos Miguel Buela, V.E. ¿Jugarse porque sí?
¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte?
¿Jugarse porque sí?
¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte?
Una correcta
valoración de la vida lleva necesariamente a una correcta valoración
de la muerte: aquel momento supremo en que la vida
misma se sacrifica por algo que vale la pena o,
en todo caso, aquel momento de "pasaje" a hallarse solo
de frente a Aquel que nos conoce más y mejor
de lo que nosotros mismos nos conocemos: muchos pueden "engañarse"
a sí mismos; a Jesucristo nadie lo podrá engañar.
Hay jóvenes
que no saben por qué viven. No saben por qué
vivir. Tampoco saben por qué morir.
Es notable el incremento que
han tenido desde hace unos años los accidentes de tránsito,
muchas veces fatales, protagonizados por jóvenes. Por jóvenes como tú.
Hace
unos pocos meses me enteré de un chico de 16
años protagonizó un choque impresionante, que no tuvo, a Dios
gracias, consecuencias muy serias, por milagro. Iba acompañado de dos
chicas. ¿Se creen que tomó conciencia de lo que había
hecho? Aparentemente, no. Tal vez por los nervios, tal vez
por amor propio, cuando un periodista le fue a preguntar
algo se levantó para pegarle. Evidentemente, no podía: estaba con
la cabeza rota... Pero lo notable es que el muy
"vivo", en vez de bajar la cabeza y reconocer que
se había equivocado, no sólo no lo hizo, sino que
les dijo de todo a los periodistas, para seguir mostrando
que... "se la aguantaba".
Puede ser que los nervios lo hayan
llevado a eso. No obstante, de hecho, si bien puede
ser esta la explicación para este caso concreto, no lo
es, ciertamente, para la mayoría de los casos. Es lógico.
El que no entiende nada de lo que significa la
vida, tampoco comprende, ni es capaz de medir, la medida
de los riesgos innecesarios que corre cuando decide vivir un
par de instantes de su vida a unos 140 km/h
en una avenida...
Conozco un caso de un joven de 23
años, sumamente imprudente. Jamás tomó conciencia de lo que hacía;
cada vez que se hablaba con él, es como si
todo "resbalase"... Una vez iba con la novia por una
avenida o calle rápida. Tenía un poco suelto el asiento
del conductor. La cosa es que iba bastante rápido. De
repente tuvo que volantear para esquivar un vehículo y el
asiento se le fue hacia atrás... Chocó contra una camioneta
que estaba estacionada, contra un árbol y terminó chocando contra
una pared. Se salvó de milagro... A ese chico lo
conozco; ¿se creen que cambió después del accidente? No.
Cuando se
buscan las explicaciones sobre el por qué de muchas cosas
es posible a veces encontrar muchas, a veces pocas; en
general todas se reducen a una principal. Sobre el por
qué de arriesgar por nada la vida pueden encontrarse varias
explicaciones. La fundamental es, ciertamente, el eclipse que sufre la
conciencia de muchos jóvenes en lo que respecta al valor
de la vida: un eclipse que no les permite "rebobinar",
frenar, poner el embrague y "marcha atrás"... Y vivir según
el sentido verdadero de la vida.
Otra causa se puede
ver en el mismo deseo de aventuras, característico del joven;
pero no así como así, sino mal encaminado, por decirlo
de algún modo, "fuera de foco". Un deseo de aventuras
sometido a las pasiones y a la dominación de lo
inferior..., que no se mueve por grandes ideales, sino sólo
por lo que causa placer. Y manejar es placentero. Y
mucho más, manejar rápido: un joven que anda a 140
km/h se siente omnipotente. La adicción a la velocidad, que
algunos llaman "motorismo", es también un camino a la nada.
Más
peligrosas son aún las motos. Para un joven que sabe
conducir más o menos bien, y que le gusta, será
un punto indiscutible que una moto es más fácil de
manejar y, por hallarla más "blanda de maniobra", no tendrá
reparos en afirmar que es más segura. Lo hemos escuchado.
Grave error. Es, muchas veces, esa falsa confianza la que
termina convirtiéndose en la causante de los más terribles accidentes.
El paragolpe de la moto es el motociclista.
Otras causas más:
eventuales apuestas entre barritas o entre amigos o, simplemente, el
querer "figurar", sobresalir..., sin caer en el pequeño detalle de
que es mucho mejor sobresalir de otra manera, antes de
hacerlo con la cabeza rota por el parabrisas.
Ya lo hemos
dicho; pero conviene insistir. Se trata de un problema que
atañe, sobre todo, a los jóvenes. Jóvenes que de esta
manera arriesgan de un modo inútil sus vidas, jóvenes que
en carreras clandestinas son capaces de perder la única carrera
que merece ser corrida: la vida. Los que se arriesgan
de un modo tan absurdo no comprenden, no saben o
no entienden el valor de la vida, ni el destino
final que nos espera. Prefieren lo efímero a lo perdurable,
lo instantáneo a lo permanente; eso muestra lo equivocada que
está la orientación que dieron a sus vidas. Lo mejor
que les podría pasar, a veces, es un buen golpe,
que los lleve por un rato a "boxes" y les
dé tiempo de pensar, para no llegar a concretar su
vocación de ser velados en un radiador.
A la muerte por
los accidentes de tránsito la llaman "muerte blanca".
Hay jóvenes que
en la vida se conducen con tanta despreocupación como conducen
sus vehículos.
El fin de esas vidas en algún caso tal
vez se la pueda llamar "muerte eterna".
Las muertes
violentas son la principal causa de fallecimiento entre los jóvenes;
el factor predominante son los accidentes de tránsito.Te invitamos a
leer esta interesante información sobre cómo conducir para
evitar accidentes a pesar de las acciones incorrectas de los
demás y de las condiciones adversas.
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