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Autor: Rodrigo Saucedo | Fuente: es.catholic.net A Dolly, una ovejita histórica
No puedo dejar de recordarte sin sentir la extraña emoción de quien sabe que tu muerte quizá haya sido inútil...
A Dolly, una ovejita histórica
Recordada Dolly:
No hace mucho me enterado de tu final
nada feliz. El mundo entero se ha conmovido al conocer
el lastimoso estado en que te encontrabas. Sólo nos habían
dado a conocer tu fabulosa historia desde el punto de
vista científico, donde obviamente, todo era positivo. Sería difícil poder
reunir aquí todo lo que he pensado y repensado sobre
tu desenlace fatal; “sufría mucho” es la excusa que han
dado los científicos que te han quitado la vida, quizá
con el mismo derecho con el que te la habían
dado... Ciertamente es complicado imaginar lo que sentirías con esos
problemas en el pulmón además de tu ya antes acusada
vejez prematura. Pero quiero sentirme solidario contigo, quiero que sepas
que hoy casi rezo por ti. Y que no puedo
dejar de recordarte sin sentir la extraña emoción de quien
sabe que tu muerte quizá haya sido inútil...
Es cierto
que eres toda una precursora. Tu nombre aparecerá al lado
de tantos otros animales insignes y nobles como Rintintín, Platero,
Lassy... Y más noble e insigne, porque has sido sacrificada
en aras de la humanidad, como lo fue “Laika”,
una simpática perrita enviada al espacio con pocas reservas de
oxígeno... No te quisiera decir esto. Pero me recorre un
escalofrío el pensar que son estos mismos científicos quienes piden
permisos y se frotan las manos esperando, anhelando que la
ley les permita trabajar clonando seres humanos... A ti te
han matado sin más. Tu padre, o ¿debería decir, tu
creador? que se manifestó orgulloso de haberte dado la vida
y que supuestamente te consideraba casi su hija, te ha
sacrificado en el altar de la diosa ciencia. No nos
engañemos Dolly querida, científicamente es igual clonarte a ti otra
vez o clonar un elefante o a un tomate. Y
agradezcamos que no se pueden clonar a los minerales, porque
no faltaría quien les diera dignidad y derechos en orden
a su antigüedad. Hoy está de moda pensar que, en
aras de la ciencia, se puede sacrificar todo, lo que
es todo... hasta algo tan elemental y básico (y no
por ello trivial) como es la dignidad del hombre, por
la que ha venido luchado desde que apareció sobre la
tierra.
Sé muy bien que todo esto se te hará complicado
de entender, pues tuviste una cabecita de borrego, y ciertamente
no se te puede pedir mucho. Se te puede pedir
que sigas una campana, que reconozcas la voz de tu
pastor, que te alejes de los peligros de barrancos, que
no comas cualquier hierba. Todo eso lo sabrías hacer. Pero
es difícil que entiendas que has vivido en vano. Sé
que ni con toda tu inteligencia “borreguna” algún día lo
entenderías. Pero ya que estamos hablando de esfuerzos inútiles, haré
yo uno para intentar explicártelo.
Hace muchos años, un viejo abad
se dedicó con especial cariño al cultivo de su huerta.
Y hete aquí que descubrió ciertas leyes que regulaban la
reproducción de sus vegetales. De modo que, tras un largo
tiempo de observación y experimentación, logró mejorar sus cosechas. Mendel,
que así se llama nuestro monje, jamás se hubiera imaginado
eso que hoy conocemos con el nombre de la clonación.
Pero te aseguro que, si le hubieran dado el tiempo
y el apoyo económico que les han dado a todos
los científicos y genetistas de nuestros días, hubiera revolucionado los
vegetales en modo de poder dar de comer a la
hambrienta África, al menos 3 veces al día.
Esto, Dolly
preciosa, no lo entiendes. Tu raza sólo sabe retozar y
ser feliz yendo y viniendo por los pastizales, sin preocuparse
más que de comer y estar tranquila, sin importarle si
hay otros rebaños en otras latitudes del mundo que pasan
apuros de hambre o frío...
No sé ni como explicarte con
palabras lo que siento, delante de lo que un día
fue una linda ovejita risueña y suave, sólo quisiera decir
que quizá la causa de la clonación animal, y por
lo tanto la humana, está condenada a un monumental fracaso,
y si no, al menos al mayor de los derroches
de toda la historia. Esto equivaldría a una victoria pírrica,
donde ambos combatientes quedan casi aniquilados... ¿De qué servirá clonar
animales? sean cuales fueren: vacas, pollos, cerdos, avestruces, koalas, wombats
u ornitorrincos... Si es por querer mejorar la raza: obtener
mayor producción y calidad, eso ya lo hacía Mendel hace
siglos y sin tanto cuento de aparatos y tecnología... Si
es por sentirnos mini dioses, creadores de un mundo nuevo,
mal hecho, pero nuevo, preferimos quedarnos con nuestro viejo planeta,
parte de un inmenso y maravilloso cosmos que, con seguridad,
nos sobrevivirá a todos... incluso a los científicos.
Para una información
más completa acerca de la clonación, visita la Comunidad de Bioética
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médico con especialidad en genética humana, maestría en bioética
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