La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno! [Expandir]
> Inglés
> Francés
> Italiano
El lugar de encuentro de los católicos en la red
 
 
Tus Favoritos   |   Página de Inicio   |   Recomiéndanos   |   Opiniones   |   Suscríbete
Jóvenes | comunidad
Mis valores | categoría
El sacrificio y las pruebas | tema
Autor: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma | Fuente: Catholic.net
La hermana muerte
Uno de los grandes enigmas de la vida del hombre es la muerte
 
La hermana muerte
La hermana muerte
El caballero oye un ruido y se acerca. Tras el enrejado aparece fugaz el rostro de la Muerte.

El caballero toma la palabra: -Vivo en un mundo de fantasmas.

La Muerte le responde: -Y sin embargo no quieres morir.

-Sí quiero.

-¿Quieres garantías?

-Llámalo como mejor te plazca. ¿Es tan cruelmente inconcebible entender a Dios con los sentidos? ¿Por qué debe ocultarse en una bruma de milagros que no se ven? ¿Cómo podemos tener fe en los que creen, cuando no podemos tener fe en nosotros mismos? ¿Qué les ocurriría a aquellos de nosotros que desean creer, pero no pueden? ¿Y qué destino tendrán los que ni quieren creer ni son capaces de creer?

Reina un silencio completo. Ni la Muerte ni el caballero hablan. Entonces el caballero prosigue: -¿Por qué no puedo matar a Dios dentro de mí? ¿Por qué sigue viviendo en esta forma dolorosa y humillante, aun cuando deseo arrancarlo de mi corazón? ¿Por qué a pesar de todo, Él es una realidad desconcertante que no puedo sacudirme de encima? Quiero sabiduría, no fe ni suposiciones, sino sabiduría; que Dios extienda su mano hacia mí, que se revele y me hable.

Entonces, la muerte, con mueca irónica: -Si embargo, permanece en silencio...

-Lo llamo en la oscuridad, pero no parece haber nadie ahí.

-Tal vez no haya nadie...

-Entonces la vida es un espantoso horror. Nadie puede vivir y enfrentarse a la muerte sabiendo que todo es la nada...

¡La nada! ¡La vida! ¡Todo! ¡Dios! Y en ese forcejeo se nos presenta la muerte cortante como una espada, profunda como un pozo. El máximo enigma de la vida humana es la muerte, la aparente disolución eterna. Al mismo tiempo, se resiste en nuestro interior esa semilla de inmortalidad que todos llevamos. No es posible aceptar el fatal desenlace, la ruina total, el adiós definitivo.

Sería una tragedia vivir la existencia humana sabiendo que todo acaba con el tajo de la muerte. No es posible embarcar a la humanidad en un viaje sin retorno, en un avión sin piloto. El hombre no puede ser simplemente el sueño de una sombra descarnada.

Poetas como Shakespeare han cantado la tragedia de la muerte: “¡Morir..., dormir, no más! ¡Morir..., dormir! ¡Dormir!... ¡Tal vez soñar! ¡Sí, he ahí el obstáculo!”. Otros, como Cervantes han puesto en boca de Sancho Panza la certeza de este momento: “Que como vuestra merced mejor sabe, todos estamos sujetos a la muerte; y que hoy somos y mañana no; y que tan presto se va el cordero como el carnero, y que nadie puede prometerse en este mundo más horas de vida de las que Dios quisiere darle. Porque la muerte es sorda, y cuando llega a llamar a las puertas de nuestra vida, a siempre va de prisa y no le harán detener ni ruegos, ni fuerzas, ni cetros, ni mitras, según es pública voz y fama”.

Y el hombre de hoy sigue enarbolando la bandera de la felicidad eterna. Se resiste al sabor amargo de las lágrimas o al vuelo tenebroso de los cuervos. “Nada”, “nadie”, “nunca” no pueden ser sinónimos de “muerte”. El momento final va acompasado siempre por sentimientos humanos muy intensos. La experiencias de la muerte abren en nuestras vidas llagas de dolor: un conocido, un amigo, un ser querido, nosotros... A veces la vida parece un niño: débil, temeroso, vulnerable.

Meses antes de morir, François Mitterand, ex-presidente de Francia, comentaba en una entrevista: “¿Quién no necesita ayuda y seguridad? La sociedad de los hombres no puede nada. De repente, uno se siente solo, perdido en la inmensidad. Está uno ahí, con su cuerpo frágil que se va a romper muy pronto; y hay algo en uno que le hace aspirar a la pervivencia y a la eternidad”.

Aun los menos creyentes vislumbran rayos de esperanza en el más allá. La vida terrena no puede terminar y romperse como una porcelana, porque la muerte no consuela, no elimina el miedo. Es como ese sol otoñal, pálido y enfermizo, que ilumina pero no produce calor; da luz, pero no quita el frío. Aperece terrible, amenazadora. ¿Por qué? Porque se abre el abismo entre la inmortalidad y lo desconocido.

La muerte tiene otra cara, como las monedas. Si de una lado es tragedia, ruptura, desazón; del otro es seguridad, certeza, gozo.

La vida no acaba con la muerte. Toda persona humana está llamada a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena: la participación de la vida misma de Dios. Lo sublime de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal y terrena. Nuestra vida, nuestra existencia en el tiempo es condición básica, momento inicial y parte integrante de todo el proceso de la vida humana.

La vida de ahora, en este lugar y tiempo concreto, en este año, en esta ciudad, en este preciso momento no lo «último», sino «penúltimo». Cada momento de mi vida es sagrado, pues implica responsabilidad.

Somos seres mortales y tenemos el deber y el derecho de sentir nuestra mortalidad. Somos mortales, pero a pesar de ello, nuestra muerte no significa destrucción y aniquilación, porque hay Alguien que ya ha vencido a la muerte, que ya ha triunfado.

Los grandes emperadores romanos festejaban sus victorias construyendo arcos de triunfo. Un majestuoso desfile seguía la larga fila de carros, repletos del botín y de cuantiosos trofeos. Roma celebraba con alborozo la fiesta. Insignias arrebatadas al enemigo, prisioneros de guerra encadenados, toros y animales para los sacrificios,...

El emperador debía atravesar el arco de triunfo, montando en su carroza de caballos blancos. Debía vestir una túnica bordada con palmas de oro y un manto de púrpura lo envolvía. En la cabeza, una corona de laurel, símbolo del triunfo y en su mano derecha, un cetro de marfil. Detrás le seguían sus hijos. Un esclavo le ofrecía reverentemente una corona de oro y le susurraba: recuerda que eres un simple mortal.

Quienes creen en Cristo, atraviesan con Él el arco de triunfo. La resurrección de Cristo manifiesta la vida más allá del límite de la muerte, la vida y el amor que es más fuerte que la muerte. «No habrá ya muerte», exclama la voz potente que sale del trono de Dios en la Jerusalén celestial (Ap 21, 4). Y san Pablo nos asegura que: "La muerte ha sido devorada en la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?"» (1 Co 15, 54-55).

Por eso, desde esta visión, que es la más certera, qué fácil resulta repetir con San Francisco de Asís:

“Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana Muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueren en pecado mortal!
Bienaventurados aquellos que acertasen a cumplir
tu santísima voluntad,
pues la muerte segunda no les hará mal”.


  • Preguntas y comentarios al autor de este artículo


  • Consultorios en línea. Dudas personales, asesoría doctrinal y espiritual, vocacional, problemas familiares...

  • Foros de Catholic.net



  •  
    Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos. Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes. Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red. Ayúdanos, Dios te lo recompensará.
    DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
     
         Herramientas del Artículo:
    Arriba
    .
    Ver más artículos del tema
    .
    Preguntas o comentarios
    .
    ¿En donde estoy?
    .
    Hacer un donativo
    Envíalo a un amigo
    .
    Formato para imprimir
    .
    Descargar en PDF
    .
    Descargarlo a tu Palm
    .
      Suscripción canal RSS

    Escribir un comentario sobre este artículo

     Nombre

     Email Formato invalido. (no será publicado)

     País

    Comentario




    * Gracias por su comentario. El número de mensajes que pueden estar en línea es limitado. La longitud de los comentarios no debe exceder los 500 caracteres. Catholic.net se reserva el derecho de publicación de los mensajes según su contenido y tenor. Catholic.net no se solidariza necesariamente con los comentarios ni las opiniones expresadas por sus usuarios. Catholic.net no publicará comentarios que contengan insultos o ataques y se reserva el derecho de publicar direcciones de correo o enlaces (links) a otras páginas.

     
    Inicio | Secciones | Comunidades | Servicios | Consultorios | Alianzas | Foros | Contacto

    Servicios por email Servicios por email
    Foros Foro de Jóvenes católicos
    Mapas Mapa de Jóvenes
    Opiniones ¿Qué opinas de Catholic.net?
    Comentarios Comentarios al editor de esta sección
    Biblioteca Documentos de apoyo de Jóvenes
    Preguntas frecuentes Preguntas Frecuentes
    Donativos Hacer un donativo
    Encuentros juveniles
    Mi formación
    Mi vocación
    Mi tiempo libre
    Mis valores
    La vida
    La familia
    La Iglesia y la religión
    La virtud
    La felicidad
    La amistad
    El sacrificio y las pruebas
    Noviazgo y matrimonio
    La sexualidad en los jóvenes
    Grupos de jóvenes
    Conócete a ti mismo
    Envíalo a un amigo
    Los Testimonios
    Sí para jóvenes. Revista mensual
    Lista de correo
    Temas actuales e interesantes para ti, que aclararán tus dudas, y te ayudarán a defender tu fe en un ambiente cada día más adverso. ¡Además puedes compartirlos con tus amigos!

    Suscribir
    Cancelar suscripción
    Consultores de la comunidad
    Consejo y asesoría espiritual, psicológica y médica especializada para jóvenes. Dudas de cuestiones sexuales y adicciones
    Ver todos los consultores
    Apoyan a la comunidad
    FOC, Movimiento Apostólico de los colegios Pureza de María
    Fundación Universitaria Católica del Norte
    Asociación Católica de la Juventud Mexicana
    Chavales
    Chicos perdidos.org

    Ver todas las alianzas que apoyan a la comunidad
    Encuesta
    Noviembre es el mes de la Esjatología. ¿Has aprovechado para pensar en el más allá?
    Sí, creo que es importante pensar en el "después de la muerte" para vivir mejor.
    No, no me gusta pensar en la muerte ni en lo que vendrá después
    Suelo meditar acerca del Cielo, pero no en el Purgatorio ni el Infierno
    No creo en la vida eterna, así que no medito en nada de eso
    No sabía que Noviembre es el mes de la Esjatología
    > Ver resultados
    > Ver todas las encuestas
    Foro de Jóvenes católicos
    ¡Participa!
     |   Homenajes  |   Condiciones de uso   |   Donativos   |   Política de privacidad   |   Publicidad   |   Contáctanos   |  RSS
    © 2009 Catholic.net Inc.
    Todos los derechos reservados
    El lugar de encuentro de los católicos en la red
     
    Publicidad: