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Autor: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma | Fuente: es.catholic.net Eutanasia, ¿por qué no?
¿Por qué no está bien? ¿Por qué no se puede justificar éticamente? ¿Por qué es impracticable en medicina?
Eutanasia, ¿por qué no?
Un historiador griego nos narra que el rey Dámocles
quiso un día mostrar a varios de sus envidiosos consejeros
cómo vivía un rey. Los invitó la banquete de corte:
manjares espléndidos, vinos y perfumes. La vida de rey se
les hacía apetecible. Pero en un momento el rey les
invitó a levantar la mirada. ¿Y qué es lo que
vieron? Una afilada espada pendía sobre sus cabezas y se
balanceaba amenazante. Los invitados dejaron de comer y temblaron. En
ese momento comprendieron lo importante que es la vida.
Esa misma
sensación la prueban quienes, pasados los sesenta años, son internados
en cualquier hospital con una enfermedad grave sobres las espaldas.
Hay dudas, desconfianzas y temores porque otra "espada" cuelga de
sus cabeceras de enfermos: la eutanasia.
Pero, hablemos claro y sin
engaños. ¿Qué es la eutanasia? ¿Por qué no está bien?
¿Por qué no se puede justificar éticamente? ¿Por qué es
impracticable en medicina? Son algunos de los interrogantes a los
que este ensayo pretender responder.
Etimológicamente, la palabra eutanasia significaba
en la antigüedad una "muerte dulce", sin sufrimientos atroces. Hoy
en día nos referimos más bien a la intervención de
la medicina encaminada a atenuar los dolores de la enfermedad
y de la agonía, a veces con el riesgo de
suprimir prematuramente la vida. Se habla de "causar la muerte
por piedad" o del derecho a una "muerte digna".
¿Derecho a
una muerte digna? ¿No es una contradicción? ¿Cómo puede ser
digna la muerte si no lo es primero y principalmente
la vida? Por otra parte, ¿quién es el que determina
los grados de dignidad en la vida? ¿Hay alguna escala,
algún termómetro o báscula que pese y controle los gramos
de calidad?
Aún más, el médico que se atreve a
propiciarla comete perjurio. Desde el siglo IV los médicos, al
terminar sus estudios e iniciar la profesión, suelen realizar un
juramento. Algo así como una promesa de fidelidad profesional. Se
conoce como el juramento de Hipócrates. Y dice así: "En
cuanto pueda y sepa, usaré de las reglas dietéticas en
provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño
y maleficio. Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho
que me lo solicite, ni administraré abortivo a mujer alguna..."
Y
si en la medicina, por medio de este juramento, se
prohíbe la eutanasia, no sé qué éticas podría sostenerla. ¿No
es la ética la ciencia del recto obrar humano? ¿Y
no es la vida el requisito necesario y el fundamento
del obrar y de las acciones? Primero, se enseña en
toda Filosofía es el ser y luego, de éste, se
deriva el obrar. Para que un comportamiento sea humano se
necesita primero al hombre. El comportamiento en abstracto no existe.
Si falta la vida, si no se es, no se
puede obrar ni actuar dignamente.
¿Se puede llamar ética a una
ciencia que defiende "principios morales" para evitarles a los niños
subnormales, a los enfermos mentales o incurables la prolongación
de una vida desdichada que supondría cargas demasiado pesadas a
las familias y a la sociedad? ¿Realmente la muerte provocada
o adelantada es la única solución ante la paradoja de
la enfermedad y del dolor? ¿No habrá en el hombre
algo más, otra dimensión en la que la pregunta por
el sufrimiento obtenga respuesta?
La eutanasia es una derrota radical
de la persona. Pues se trata de alguien que no
encuentra el sentido a la existencia y pide ayuda para
dejar de vivir. La decisión de dejar de existir (llamémoslo
por sus nombres: asesinato o suicidio), es un rechazo de
la vida. Y la persona, optando y eligiendo el mal,
pierde su dignidad. Es una derrota total.
¿Cuál es el
verdadero problema ético de la eutanasia? En que teniendo un
fin bueno: eliminar el dolor, utiliza y se sirve de
un medio malo en cuanto tal: la muerte directa o
indirectamente provocada. Y el fin no justifica los medios. Aquí
el fin es bueno, pero los medios son nefastos: una
inyección, evitar la cura, dar morfina...
El fundamento ético reside en
la persona. La vida física no agota en sí misma
todo el valor de la persona, pero constituye el valor
"fundamental". Precisamente porque sobre la vida física se apoyan y
se desarrollan los demás valores de la persona. Por lo
tanto, la inviolabilidad del derecho a la vida del ser
humano, desde su concepción hasta su muerte, es un signo
y una exigencia de la inviolabilidad misma de la persona.
Y la vida misma se sitúa por encima de la
decisión arbitraria de la voluntad propia o ajena.
¡Nadie! Absolutamente nadie
puede pedir ese gesto homicida para sí mismo o para
otros, ni puede simplemente consentirlo. Se trata de una ofensa
a la dignidad de la persona humana, de un crimen
contra la vida, de una atentado contra la humanidad.
Por lo
tanto, las leyes que autorizan y favorecen la eutanasia se
oponen radicalmente no sólo al bien y dignidad de la
persona, sino al bien común. La negación del derecho a
la vida elimina a la persona. De este modo, si
una ley civil legitimase la eutanasia dejaría de ser una
verdadera ley civil moralmente vinculante, porque legislaría contra sí misma.
¿Qué
sería lo correcto en un caso terminal? ¿Hasta qué punto
se puede llegar con los tratamientos? Es evidente que cada
respuesta es diversa y que habrá que considerar muchos factores.
Pero como norma general, como indicación ética, se pueden usar
analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo cuya muerte es
inevitable, incluso con el riesgo de abreviar sus días, si
la muerte no es pretendida, ni como fin ni como
medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. En este
caso ya no es eutanasia.
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alguna consulta utiliza este enlace para escribirle al autor
P. Marcelino de Andrés
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