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No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien
Aprende a sufrir
Este artículo tiene como finalidad enseñar a los jóvenes a
sufrir.
¡Qué raro! ¿No sería mejor y más natural enseñarles a
no sufrir?
Todos los jóvenes encuentran diariamente ocasión de sufrimiento en
múltiples circunstancias: ansiedades, desganas, monotonía y aburrimiento, violencias y marginaciones,
acusaciones injustas, rivalidades, envidias, rencorcillos, desprecios por sus gustos, opiniones
y opciones, abusos por parte de los mayores y los
más fuertes, horarios fijos, estudios insoslayables, discusiones, insultos, olvidos...
No te
dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal
con el bien (Rom 12, 21). Este es un principio
formativo de valor extraordinario, pero que muy pocas personas saben
o quieren utilizar. Tratar de hacer el bien a todos,
incluyendo a los que hacen mal, es muy difícil de
poner en práctica. ¡Es tan poco razonable!
Devolver bien por mal
es un principio cristiano y, como todo lo cristiano, requiere
de un modo distinto de razonar. ¿Por qué es tan
difícil entender y llevar a la práctica este principio? ¿Por
qué es tan difícil llegar a pensar de esta manera?
Para
formar en nosotros esta manera de pensar es imprescindible leer
mucho el Evangelio y contemplar el ejemplo de su máximo
protagonista. Pero, desgraciadamente, los cristianos leemos muy poco el Evangelio
y el ejemplo admirable de Cristo nos lo sacudimos con
el pretexto de que Él era Dios. ¡Así no se
puede!
La dificultad que ofrece la asimilación de este principio se
observa fácilmente en la manera espontánea que tienen de reaccionar
los jóvenes, y también muchos niños y mayores, cuando se
les llama la atención por molestar o insultar a otro...
La respuesta es automática y a modo de justificación: ¡él
empezó primero!
¡Ya estamos! La venganza hecha razón de proceder. Devolver
mal por mal como razón de justicia, como principio de
paz.
Cuando noto este tipo de reacciones, mi respuesta es contundente:
¡aguanta!
¿Te parece justo devolver la ofensa y crees que así
estáis en paz? NO; la paz se produce si sabes
aguantar. La devolución de la ofensa equivale a una declaración
de guerra. ¿Para qué se necesita más fuerza, para aguantar
o para pelear? ¿Qué es más meritorio?
Los jóvenes sabéis responder
perfectamente a estas preguntas. Es más fuerte el que sabe
aguantar, el que es capaz de mantener su dignidad a
pesar de las circunstancias; es más meritorio el perdón de
las ofensas... De todas formas, en cuanto te descuidas, intentas
devolver la patada.
Las reacciones instintivas y violentas del amor
propio herido son difíciles de controlar, pero la inteligencia percibe
el bien: solamente falta encender una chispa de amor, para
que la voluntad se lance a realizar ese bien que
tanto nos acerca al modo divino de actuar. La voluntad
es rígida como el hierro y sólo se puede doblegar
a base de calor, de una razón poderosa que emane
de la propia capacidad de amar.
Algunas veces se compara la
vida humana a la de una planta, que sometida a
condiciones favorables, se desarrolla con naturalidad. La vida de las
personas no es del todo así. Existe una diferencia sustancial:
tenemos inteligencia y libertad. El joven debe entender su propio
proceso vital, y debe llegar a querer su propio crecimiento
y progreso, la planta no. Y a entender y querer,
no se llega sin renunciar, sin dolor, sin sacrificio, sin
aguante.
Sin sufrir es imposible comprender verdaderamente la vida. Los que
han sufrido por Dios son más humanos, más sencillos, más
felices.
Pero el sufrimiento es, en sí, repelente. Sólo hay una
manera de sufrir con cierto agrado, con ilusión y con
esperanza: sufrir como Jesucristo sufrió y por las razones que
Él sufrió. ¿Y si los jóvenes no tienen a Cristo
a su alcance?, ¿o si no lo entienden? ¿o si
el ambiente en el que se mueven no les ofrece
modelos cristianos pacientes, inteligentes y buenos? Están renunciando a formarse
con integridad.
Cierto, el sufrimiento vendrá... tendrá que aceptarlo sin remisión,
"porque lo digo yo". Tendrá que estudiar o trabajar, le
guste o no, sin ninguna motivación interior. Aprenderá sin saber
por qué. Conocerá muchas cosas, pero... nunca sabrá las dimensiones
de la mente propia y del propio corazón. Aprenderá a
curar a los demás, pero no a sí mismo. Aprenderá
a cobrar por el trabajo, pero no hará un solo
mérito ante Dios. De esta manera no llegará a saber
jamás lo que es integridad.
¿Qué moderna medicina le curará del
sentimiento de impotencia o tristeza? ¿Qué invento mitigará la soledad
del alma y del corazón, fuera de la televisión, la
música, la computadora o el alcohol y las drogas?
Hay que
aprender a hacer méritos ante Dios. Si sólo hacemos lo
que nos parece, nos apetece, nos conviene o manda la
autoridad, ¿dónde queda el mérito personal?
Hay que formar la mente
y el corazón para captar lo que Dios quiere, y
la libertad individual para llevarlo a la práctica con la
certeza de estar realizando lo mejor.
Si yo te digo: "Sé
agradecido con el que te hace algún favor"; "ten cuidado
y sólo presta tus cosas a los amigos"; "haz una
visita a tu amigo enfermo ya que él fue a
verte cuando estabas en el hospital"... estoy dentro de la
normalidad.
Pero si te digo: "cuando te acusen o te pongan
una zancadilla aprovecha para demostrar que eres fuerte y capaz
de aguantarte las ganas de tomar venganza"; "cuando te insulten,
pregunta por qué, pero perdónales y no te rebajes haciendo
lo mismo que ellos"; "si te desprecian, aprovecha el momento
oportuno para darles la mano"; "en casa, no te canses
de hacer favores sin reclamar nada a cambio"...
Para algunos, este
modo de pensar parece una imbecilidad, pero para Jesucristo no.
Jesús tiene otros modos de pensar y actuar y nos
los propone para llegar con mayor rapidez a la felicidad.
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