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La felicidad | tema
Autor: Marcelino de Andrés
Todos queremos ser felices
Todos buscamos ser felices porque llevamos dentro una tendencia irresistible a la felicidad
 
Un día se le ocurrió a un profesor decirnos en plena clase: "levante la mano el que no quiera ser feliz". Nadie la levantó. Todos queríamos ser felices. Esa sentencia que afirma: "todo hombre busca ser feliz" nos ha sonado siempre a verdad indiscutible.
Todos experimentamos una clara tendencia natural a la felicidad. El hecho de que nos atraiga y apetezca aquello que nos va a aportar algo de felicidad, es lo más normal del mundo. Nos sale espontáneo.
Cuando tú decides comerte un plátano, o salir a dar una vuelta con los amigos, o jugar un partido de baloncesto, o irte a dormir, lo haces porque en cualquiera de esas actividades ves un bien para ti. Es decir, confías en que la realización de lo que vas a hacer te brindará al menos algo de felicidad.
No nos entra en la cabeza que alguien pueda realizar libremente algo sabiendo que le acarrea única y exclusivamente un mal, del que no podrá extraer más que unas cuantas gotas amargas de insatisfacción y tristeza.


Profundicemos un poco

Creo que nos conviene profundizar un poco en esto. Trata de seguirme. Verás que no es tan difícil (y menos para alguien inteligente como tú...).
La voluntad (esa capacidad que tiene toda persona normal para elegir, desear, amar) ha sido ideada para dirigirse hacia el bien. Igual que los ojos para ver o los oídos para oír. Por eso, cuando tú y yo elegimos, queremos o deseamos cualquier objeto, lo haremos siempre porque hemos descubierto en él un bien.
Por más que acerquemos un pedazo de plomo a un imán potentísimo, no se dará ninguna fuerza de atracción entre ambos. Algo semejante sucede con nuestra poderosa voluntad. No se moverá ni un milímetro hacia ningún objeto, por más que lo aproximemos a ella, ni lo deseará, ni lo amará, si no ve en él un bien para sí misma. Porque el bien constituye el objeto propio de nuestra voluntad. Está hecha para el bien.
Bueno, pues de entre todos los bienes a nuestro alcance la felicidad se lleva el primer puesto. Para cualquier persona gozar de la felicidad representa el deseo más intenso y profundo de su vida. La felicidad constituye nuestro máximo bien. De aquí que tendamos siempre y con una fuerza especial, irresistible, hacia ella.


A veces no resulta tan claro

Pero me dirás quizá -y con mucha razón- que esto no se percibe tan claramente en algunos casos. Está por ejemplo el caso típico de los que se suicidan. ¿Acaso ellos buscan un bien y la felicidad en lo que hacen?
Antes de responder, consiénteme una confidencia. Desde que yo era un chaval, el tema del suicidio me ha hecho pensar mucho.
Recuerdo muy bien que cuando estrenaba mis 14 años, una edad verdaderamente preciosa -aunque bastante difícil de entender y también de vivir- recibí una carta que recogía una triste noticia. Un chico, conocido y amigo mío, con el que había pasado parte de ese mismo verano, había muerto "extrañamente". Según refería la carta, se marchó de casa. Todo por algún problema de entendimiento con sus padres. A los tres días, lo encontró un pastor en el monte, pero ya estaba muerto. Tenía 15 años.
Y desde ese día hasta ahora, no han parado de llegar a mis oídos, semana tras semana, relatos de jóvenes y adolescentes que deciden en un momento dado de su vida, poner fin a la misma.
Cuesta creerlo, pero, ahí están los hechos. Un crío de 12 años se quita la vida porque no le iba bien en el colegio. Un joven de 17 años se tira de un séptimo piso después de discutir con su padre sobre una vanalidad. Otra de 16 lo hace desde un décimo porque su madre le ha prohibido salir con el chico que ella quiere. Una joven de 21 años, por no encontrar ya motivos para vivir, se ahorca en el interior de un baño público en plena capital. Otro de 18, ante la derrota de su equipo favorito, se arroja al vacío desde la parte superior de un estadio de fútbol. Un comerciante se pega un tiro en la cabeza al salirle mal uno de sus negocios. Una psicóloga se envenena en su propia habitación después de un fracaso amoroso.
Este panorama desconcierta a cualquiera. ¿Qué ha ocurrido con todas estas personas (y con muchas más que no terminaría nunca de enumerar aquí)? ¿Acaso todas ellas ya no ansiaban la felicidad? ¿Es que ya no se sentían atraídas hacia ningún bien, y por eso se han suicidado? ¿Puede, por tanto, alguien llegar un día a buscar un mal en lo que hace?
Si te respondo afirmativamente, caería por tierra la certeza de que todos buscamos siempre ser felices. Ya tendríamos al menos un caso, el de los suicidas, en el que parece que alguien no lo busca. Y si te contesto negativamente, ¿no estaría con ello aprobando el suicidio como un camino viable hacia la felicidad?



¿Qué responder?

Todos esos interrogantes surgen legítimamente en nuestra mente y no podemos -ni deberíamos- acallarlos. Pero tampoco hemos de dejar que la humareda que han levantado en nuestro interior nuble la claridad de la nuestra evidencia anterior.
He podido conocer de cerca algunos casos de personas que, por desgracia, han acabado voluntariamente con su vida, y de otras que lo han intentado alguna vez, pero sin éxito (¡menos mal!). Y puedo decirte que todas han obrado así en un momento especialmente difícil de su vida. Todas lo han hecho en un instante de inmensa vaciedad y hastío, de profundo desconsuelo y desesperación personal. No lo han hecho por haber desistido ya de buscar y querer el bien y la felicidad. Han obrado así precisamente buscando en esa opción -ciertamente equivocada- el bien y la felicidad que no habían sabido encontrar en otros sitios.
Todas ellas, en el fondo, han llegado a creer que lo único que podía poner fin a sus sufrimientos y malestar, lo único que podía, en definitiva, hacerles felices, era dejar de vivir. Por eso han elegido quitarse la vida, para dejar -según ellos- de ser infelices.
Así que, los que voluntariamente se quitan la vida o tratan de hacerlo, también buscan en lo que hacen el bien de su felicidad. Pero lo hacen -repito claramente- equivocándose.
El que se quita la vida elige el suicidio como un bien aparente. Y precisamente por eso su voluntad decide equivocadamente; porque se trata de un bien sólo aparente, que en realidad es un mal. La felicidad buscada por el suicida se queda en pura ilusión. Consigue tan sólo cortar de un tajo toda opción al bien y a la felicidad misma. Es como si para quitarme un dolor de cabeza, decidiese cortármela. Lo único que logra el suicida es congelar para siempre el estado de angustia y desesperación que le llevó a quitarse la vida.

Bueno, lo dicho basta para reafirmar que todos buscamos siempre la felicidad. Unos lo hacen de una forma y otros de otra, unos con acierto y otros con desatino. Pero todos la buscan. Incluso los que dicen pasar de todo, no pueden pasar de la felicidad. No pueden pasar de ser personas humanas. En su mismo pasotismo están buscando ser pasotas felices.



RESUMIENDO

Todos buscamos ser felices porque todos llevamos dentro una tendencia irresistible a la felicidad.


 
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