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Autor: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledezma Más feliz
La felicidad no está en hacer lo bueno, sino lo mejor
Más feliz
¿El momento más feliz de tu vida? ¿Y el
más lleno, el más redondo, ése que te ha marcado
para siempre?
“El rey del aborto” vivía sus primeros años en
Nueva York en el seno de una familia judía. Nunca
probó el cariño. La religión tampoco entró como ingrediente en
su educación. Dios era para el pequeño Nathanson “una
figura amenazadora, majestuosa y barbuda como el Moisés de Miguel
Ángel. Sentado en su trono, considerando mi destino y
a punto de lanzar su condena contra mí. Así era
mi Dios judío: terrible, despótico e implacable”.
Los años transcurren en
la vaciedad. La balanza de la vida sigue sin pensar.
En las horas muertas del servicio militar en la aviación,
se adentra en la lectura de la Biblia.
Pero su vida
sigue sin transformarse. Nathanson participa en la campaña que legislará
el aborto en el decenio de lo setentas. Directa o
indirectamente, se ve implicado en más de 75.000 abortos.
Su alma comenzaba a sobrevolar otros rumbos. Su imagen de
Dios cambia. En el Evangelio encuentra una figura amable, bondadosa
y cariñosa. Sin apenas percibirlo alguien va transformando y modelando
su alma. La misma ciencia le convence simple y llanamente
de que “aquellos números” operados eran seres y vidas humanas.
Su existencia da un vuelco. Se convierte en el mayor
defensor pro-vida de los Estados Unidos.
¿Qué ha sucedido? ¿Cómo
se puede dar un giro tan grande? ¿Qué le motivó
a transformar su vida? En su libro, el mismo Nathanson
revela que fueron la oración y el ejemplo de sus
amigos y colegas quienes le motivaron a dar ese paso
definitivo. No fue fácil. Atrás quedaba un pasado manchado de
miseria y de pecado; el eco silencioso de miles de
voces mudas, invisibles. Pero cambió.
Y no es el único. Hay
muchísimos testimonios. Tantos, me atrevería a decir como vidas. Todos
tenemos muchísimas oportunidades de dar ese salto, de romper el
cascarón. Muchas veces la felicidad está más a la mano
de lo que nos imaginamos. Basta romper el anillo de
la rutina, del conformismo y cambiar. “La felicidad -enseñaba un
sabio- no está en hacer lo bueno, sino lo mejor”.
Toda decisión responde a un llamado, a una atracción
inexplicable hacia un valor para mi vida. No es un
simple instante pasajero, caprichoso. La felicidad es un gusanillo que
no nos deja tranquilos. Octavio Paz dice que “el llamado
es interior y puede ser instantáneo o paulatino... El corazón
del llamado, no es el conocer sino el hacer. Es
un hacer inseparable de nuestros ser más íntimo”.
Encontrando la verdad
no hay vuelta de hoja. Opción de vida. Elección. Decisión.
Tomar la vida entre las manos. Fajarse bien y asumir
responsabilidades. Ser responsable de las acciones. Medir las motivaciones y
consecuencias de nuestros actos. Eso es la madurez. Eso es
la felicidad. En ese momento nacerá otro hombre. La conciencia
dejará de pesar como una piedra. Y los años que
nos queden -muchos o pocos- serán plenos.
Eugene Ionesco, famoso
dramaturgo rumano, dijo antes de morir: “Se vive niño, se
crece; muy pronto se comienza a envejecer y, sin embargo,
es difícil imaginarse un mundo sin Dios... Creo en Dios
a pesar de todo, porque creo en el mal. Si
hay mal, hay también Dios”. Y yo me aventuro a
decir que si hay vida, hay posibilidad de cambiar, de
mejorar. No es tanto el mal hecho, sino el bien
que todavía me queda por hacer.
¿Ya has vivido el día
más feliz de tu vida?
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