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Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net Todos a urgencias
Se le quitan a uno las ganas de comer, de sonreir, de vivir...
Todos a urgencias
La gripe es la enfermedad infecciosa más frecuente del
mundo, una de las diez principales causas de muerte en
los países de zona templada. Se estima que unas 50.000
personas han muerto en los últimos veinte años durante las
epidemias de esta enfermedad.
Entre sus síntomas principales figuran el malestar
general, los escalofríos, la fiebre, las náuseas y el dolor
muscular intenso que obliga al enfermo a postrarse en cama.
El
único medio eficaz para prevenir la gripe es la vacunación.
Con ella se desarrollan los anticuerpos del organismo humano y
le confieren inmunidad suficiente para neutralizar los virus. También se
aconseja huir del contacto con personas contagiadas, no compartir vasos
o cepillos de dientes, no visitar los hospitales durante las
epidemias, seguir una dieta rica en vitamina C (limones y
naranjas), no fumar ni consumir bebidas alcohólicas, y evitar cambios
bruscos de temperatura.
Me extraña que los profesionales de la salud
no hayan detectado todavía un virus mortal que cruza las
fronteras de los países y las puertas de las casas
con extrema rapidez: el pesimismo. Se han despistado un poco
porque los síntomas campean por doquier: suicidios, hastío, droga.
Desde hace
tiempo la tele, los periódicos y las revistas han colaborado
para transmitir el contagio. Se han dedicado, con lupa y
microscopio, a la caza de lo negativo, de las catástrofes,
de la corrupción, de las guerras.
Parece que el mejor remedio
contra las náuseas será no comprar el periódico o apagar
la televisión. Se le quitan a uno las ganas de
comer, de sonreir, de vivir.
¿Cuándo podremos respirar aire puro? Los
niños se lo van a pensar dos veces antes de
venir al mundo. Inventarán la vacuna contra el pesimismo. Tendremos
que pasar todos por urgencias para que nos inyecten ganas
de vivir. Se pondrán de venta en las farmacias: contra
el suicidio y sus allegados, "ganas de vivir", de venta
en todas las farmacias, sin receta médica.
- ¿Qué ves aquí?
-le preguntas a un pesimista, mostrándole una enorme sábana blanca
con un puntito negro casi imperceptible.
- Un punto
negro -te responde.
¡Vaya, otro con gripe!
Podríamos organizar una excursión
por todo el mundo, e invitar a los afectados por
la gripe del pesimismo para ver si se curan.
En el
itinerario se podrían incluir visitas a todas las familias unidas,
donde impera la ley del amor y de la comprensión,
donde los hijos son el mejor regalo divino.
No vendría mal
un recorrido por los lugares más bellos de nuestro planeta:
cataratas, puestas de sol, selvas amazónicas, noches estrelladas, produndidades de
los océanos, arco iris, montañas y monumentos artísticos.
Sería confortable un
día de estancia en todos los países que se encuentran
en paz y concordia, y una pasadita por algunos hospitales
con enfermos graves que se encuentran, en medio del duro
calvario, acompañados y asistidos de todo corazón, y en cuyos
labios florece una sonrisa regada por la esperanza y las
ganas de vivir.
Hasta podríamos realizar una entrevista a todos esos
hombres que viven dedicados, gratuitamente y a tiempo completo, a
asistir a los más necesitados.
Se nos rompería el corazón si
nos acercáramos, de puntillas, la noche del cinco de enero
a todos los hogares del mundo, para presenciar la cita
anual de los sabios de Oriente. Contemplar cómo dejan sus
regalos, en algún rincón de la casa, con mucho sigilo.
Penetrar los pensamientos de los pequeños que viven con emoción
esas tensas horas de espera. Y, por supuesto, dejarnos contagiar
por el entusiasmo palpitante de los niños, capaz de sanar
todo pesimismo. "Si no os hacéis como niños..."
El itinerario sería
interminable y el tiempo muy escaso. Además resulta difícil viajar
tanto, pero los medios de comunicación nos podrían ahorrar esta
correría, si aprovecharan las horas de transmisión, el papel, la
voz y la tinta para mostrarnos el rostro amable del
mundo. Que las "caras de la noticia" y los "sucesos"
nos hablen de la gente que se empeña en la
construcción de un mundo mejor, donde se pueda respirar, vivir
y presumir de felicidad. Pronto disminuiría el número de pesimistas,
suicidas, drogadictos y afectados por la gripe del hastío y
de la tristeza.
Así, hasta tú y yo nos animaríamos a
construir la civilización de la justicia, de la paz y
del amor, con la esperanza de salir algún día en
las "caras de la noticia".
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