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Puede ser que alguna criatura de buena voluntad se encuentre
de cara con quién le crítica el hecho de ser
cristiano, al que le pone mala cara o le sonríe
con sorna cuando dices que eres creyente o vas a
Misa, con el que no se le ocurre otra cosa
que “insultar” a Dios con palabras malsonantes o con quién
pretende negarle el pan y la sal en esta sociedad,
como si no se tuviera derecho a vivir como creyente…,
podría pasar.
Me consta que hay mucho sufrimiento por estos
temas, gente que padece en el alma cuando le pasan
estas cosas. A todos vosotros, hermanos, para todos vosotros os
invito a pensar en las palabras del Señor: “Venid vosotros
conmigo, a un lugar aparte, para descansar un poco”. No
pasáis desapercibidos a Dios, no, conoce vuestros sufrimientos, porque sabe
de vuestra sensibilidad y os dará fuerza, os dará la
Vida: Yo he venido para que tengan vida y la
tengan en abundancia, decía el Señor. Lo maravilloso es que
Jesús no se olvida de los suyos, conoce las fuerzas
que tenemos y sabe de nuestras penas, se porta como
un buen Pastor, no permite que nos falte nada y
cuida con especial cariño de los más débiles. Pero es
que el corazón de Dios es así.
Me viene a
la memoria los gozos del V Encuentro Mundial de la
Familia en Valencia, ¿recordáis?, muchos Medios de Comunicación ya anunciaban
que el Papa iba a venir a ponerle “las peras
a cuarto al Gobierno”, que si iba a decir o
iba señalar con el dedo los errores… y ya ven,
vino a hablar de Dios, a anunciarnos la misericordia divina
y la doctrina de la Iglesia acerca de la Familia,
con sencillez, con toda humildad, pero desde la fuerza de
la verdad y transparencia, ¡qué cosas más bonitas oímos y
con qué claridad!. El Papa no cayó en esa trampa
que le tendió la prensa, tampoco se quedó en las
anécdotas, fue a lo esencial, nos dijo lo que debíamos
oír y nos animó a seguir trabajando esperanzados, confiando siempre
en el poder de Dios.
Lo novedoso de la fuerza
reconciliadora y unitiva de Jesús está en su Cruz, gracias
a su Cruz. Nada extraño, porque la cruz es señal
del amor de entrega. No nos viene mal saber que
la unidad, la paz, la alianza de civilizaciones se consigue
con la fuerza de la cruz, es decir, cuando hay
verdadero amor, como el del Señor. Todo lo que no
vaya por este camino está condenado al fracaso. Que nadie
se engañe, la cruz cuesta. Pero nos basta la gracia…
Este mes podría ser un tiempo propicio no sólo para
descansar, sino también una oportunidad para poner en claro nuestras
ideas y nuestro estilo de vida. Por ser cristianos debemos
ser coherentes, auténticos y verdaderos, alegres y fieles, justos, honrados...
no por aparentar, sino porque nos lo pide el Señor
para poder hablarle a los demás. Ya se que me
diréis que eso cuesta y no os equivocáis, ¡claro que
cuesta!
Preguntadle al Apóstol Santiago, al patrono de España, y
veréis lo que os responde. Se dedicó a predicar a
Cristo, se entregó por completo, sufrió, se fatigó, pero nos
dejó el mayor de los tesoros que conservamos: la FE.
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