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Autor: P. Clemente González | Fuente: es.catholic.net ¿Son una lata?
Un pesimismo "made in" siglo XX
¿Por qué no protestan? ¿No se merecen acaso un
poco de gratitud y consideración? Sin embargo, la juventud ya
se quedó muy atrás, ya han perdido las fuerzas para
organizar una huelga o un golpe de estado. Tendrán que
resignarse y aguantar, son ancianos. ¡Menudo premio!
Si lees la Celestina,
una obrilla española del siglo XV, te tropezarás con frases
que al hablar de la vejez, se codean con el
colmo del pesimismo, un pesimismo made in siglo XX. Ahí
te van algunas de ellas: "mesón de enfermedades, posada de
pensamientos, amiga de rencillas, llaga incurable, continua congoja, cayado de
mimbre, mancilla de lo pasado, pena de lo presente, cuidado
triste de lo porvenir, vecina de la muerte". El autor
se ha pasado un poquito ¿no crees? Parece el anuncio
de una oficina "Pro-eutanasia". ¿No serán mayoría quienes conciben así
la vejez? Pregúntales a tus vecinos a ver qué opinan.
Tal
vez no sólo tus vecinos piensen así. Pululan por las
calles y por los bares muchos ancianos contagiados por este
pesimismo. Sí, ancianos de ésos que se pasan el día
sumidos en la tristeza, sentados en un parque con el
bastón en la mano, sin hacer nada, terriblemente solos. De
ésos que consumen sus últimos años jugando al dominó, a
los bolos o a las cartas. ¿No será la gripe
del pesimismo la causa de miles de enfermedades, achaques y
arrugas interiores? Habría que inventar un "pesimismómetro". Y recetar a
esos viejitos una buena dosis de optimismo.
Nuestra sociedad les ha
pegado sobre la chaqueta del traje o sobre el jersey
una etiqueta: "pasado de moda, inútil, ya no sirve". A
veces no nos conformamos con eso y les mandamos a
un asilo para que no estorben ni molesten. "Son una
lata", diría el chulito de turno.
Quizá se nos haya olvidado
que Goethe acabó su segundo "Fausto" a los ochenta y
tres años; que Verdi compuso el "Te Deum" a los
ochenta y cinco; que Tiziano pintó la "Batalla de Lepanto"
a los noventa y cinco; que Juan Rulfo escribió su
obra cumbre "Pedro Páramo" a los setenta años, que don
Pepe, Jacinto y Ramón y....
Échale unas gotitas de optimismo a
tus consideraciones sobre la vejez y verás qué maravilla representa
cada anciano para la humanidad. Hasta ahora, habías pasado de
largo sin prestarles atención, sin valorar la caravana de rasgos
dignos de admiración, gratitud y aplauso que les acompaña en
el ocaso de la vida.
Fíjate en ellos por unos
momentos. La experiencia de la vida les ha llenado, a
muchos de ellos, de sabiduría, de buen sentido y de
profundidad en los juicios. Con el pasar de los años
se han convertido en modelo de fidelidad al amor para
tantos y tantos matrimonios destruidos o a punto de sucumbir.
El tiempo les ha enseñado a no dar tanta importancia
a lo fugaz y pasajero y a pensar más en
la eternidad, en su alma, en Dios.
Como señala Cabodevilla en
su libro "32 de diciembre": "Hay una porción de cosas
muy preciadas a las que el tiempo añade valor: la
plata, los violines, el cuero, las pipas, la madera, el
tabaco, los barriles, la amistad". ¿Y la vida del hombre?
¿No nos habremos equivocado al enviarlos al asilo, al repetir
una y otra vez: "son una lata"?
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