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Autor: P. Jorge Loring, S.I. | Fuente: Catholic.net ¿Hasta cuándo se debe obedecer a los padres?
Algunos hijos se creen que desobedeciendo dan muestras de independencia y personalidad
¿Hasta cuándo se debe obedecer a los padres?
Honrar a los padres es obedecer, si se
vive bajo su potestad, sus mandatos; mientras no manden lo
que es pecado, pues «es preciso obedecer a Dios antes
que a los hombres». (Catecismo de la Iglesia Católica n.
626). También asistirlos en sus necesidades y reverenciarlos con amor.
«Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le
gusta al Señor» (Catecismo de la Iglesia Católica n. 627).
En
algunas traducciones del Evangelio hay una frase que puede entenderse
mal. Dice Jesucristo: «El que no odia a sus padres
no es digno de Mí»(Catecismo de la Iglesia Católica n.
628). Hay que tener en cuenta que la palabra «odiar»
en hebreo no tiene el mismo sentido que en castellano.
En hebreo significa «tener en menos». Por lo tanto el
sentido de la frase es: «El que antepone sus padres
a Mí, no es digno de Mí».
La desobediencia a
los padres es más grave cuando se trata de cosas
relacionadas con el bien de nuestra alma : deberes religiosos,
amistades, diversiones, etc.
La obediencia a los padres cesa con la
emancipación de los hijos, pero no el respeto que les
es debido, el cual permanece para siempre.
Tus padres lo son
todo para ti. Aunque sean viejos y achacosos, debes conservarles
el respeto y el cariño. No seas jamás un hijo
desagradecido . Todo lo que tienes, a ellos se lo
debes. Dice la Biblia: «Cómo podrías pagarles lo que han
hecho por ti?». Piensa en los pobres niños abandonados que
no conocen a su padre, ni saben lo que es
el cariño de una madre. A los padres no basta
quererlos, hay que manifestárselo. No hay en el mundo amor
más desinteresado que el de los padres: no es mucho
pedir que ellos reciban alguna cálida manifestación de cariño de
sus hijos, que tanto agradecen.
Hoy se habla poco de obedecer
a los padres. Incluso algunos hijos se creen que desobedeciendo
dan muestras de independencia y personalidad. Es decir, que consideran
la desobediencia como una valor. Esto es una equivocación. Esos
mismos jóvenes que no obedecen a sus padres que les
aman, luego obedecen a los amigos, a las modas, o
a sus caprichos que les tiranizan. Cambian de obediencia :
la buena por la mala. Ser libre no es hacer
lo que me da la gana. Ése es esclavo de
sus caprichos. Libre es el que voluntariamente cumple con su
deber. La persona más libre fue Jesucristo , que era
Dios. Sin embargo cumplió con la voluntad de su Padre.
Hoy
día es muy fácil que los hijos se contagien del
espíritu de rebeldía y libertad desenfrenada del ambiente. El P.
César Vaca, O.S.A. escribió en el periódico "Ya" de Madrid:
Criticar los falsos maestros, los malos educadores, los padres incomprensivos
y egoístas, está bien; pero rechazar la disciplina familiar en
globo, menospreciar sin compasión a cuantos ejercen la ardua tarea
de la educación y la enseñanza, presentando como la mejor
de las escuelas la anarquía de una libertad incontrolada, es
colocarse al borde de la ruina.
Los problemas que destacan en
las páginas frontales de los periódicos de todo el mundo,
son un reflejo de la falta de disposición de nuestra
juventud para someterse a ningún sistema de valores que no
sea la jerarquía de valores de su propio criterio. (...)
Todos somos testigos de casos de adolescentes que son advertidos
y aconsejados una y otra vez por padres experimentados y
responsables, pero ellos prefieren "discurrir por su cuenta", para descubrir
demasiado tarde lo que su padre le predecía certeramente.
Por
desgracia, son muchos los jóvenes que no quieren escuchar consejos.
Semejante hostilidad de la gente joven hacia la autoridad paterna
supone que ellos se oponen irrazonablemente a los beneficios de
la experiencia Los hijos deben ayudar en la vida de
familia. En todas las familias se necesita la colaboración de
los hijos. Entre todos se puede conseguir una vida familiar
agradable y alegre. En nuestra sociedad el número de personas
que alcanza una edad avanzada es cada vez mayor. Los
ancianos se encuentran con problemas que hacen más dura su
ancianidad: ya no pueden trabajar, algunos están enfermos, otros solos.
Todos los miembros de la sociedad deben sentirse responsables de
la atención a los ancianos, especialmente los hijos.
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