La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: n/a | Fuente: www.mensajespanyvida.org No se guarda una lámpara debajo de un cajón
La sociedad del mañana ha de saber gracias a nosotros, por la alegría que dimana de nuestra fe cristiana vivida en plenitud
No se guarda una lámpara debajo de un cajón
La evangelización es un acto de AMOR. Los
mandamientos que nuestro Señor Jesús nos dejó fueron "amarás
a Dios por sobre todas las cosas" y "amarás a
vuestro prójimo como a ti mismo".
El amor al
prójimo consiste en entregarle todo el bien posible, desearle
lo mejor. Cuando vos podés crear un espíritu tan lindo
como éste miras que la evangelización se convierte en un
compromiso de amor al prójimo, pues ¿qué mayor bien
podés otorgar que la dicha de conocer la palabra
de Dios, la dicha de vivirla, experimentarla y dar un
sentido profundo a nuestras vidas?
La evangelización, tarea
primordial, misión y vocación propia de la Iglesia, nace
precisamente de la fe en la Palabra, que es la
luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a
este mundo.
Es fundamental iniciar con este supuesto perfectamente comprendido.
No evangeliza el que no ama, el que es capaz
de mantenerse indiferente ante tanto vacío y necesidad de Dios
entre nuestros hermanos. Si entiendes esto, el siguiente paso sería
vencer las dificultades que ello implica. Los cristianos del
siglo XXI tenemos una fuente inagotable de inspiración en
las comunidades eclesiales de los primeros siglos, quienes habían convivido
con Jesús o escuchado directamente el testimonio de los Apóstoles,
sintieron sus vidas como transformadas e inundadas de una nueva
luz. Pero debieron vivir su fe en un mundo indiferente
e incluso hostil.
Hacer penetrar la verdad del Evangelio,
trastocar muchas convicciones y costumbres que denigraban la dignidad humana,
supuso grandes sacrificios, firme constancia y una gran creatividad.
Sólo con la fe inquebrantable en Cristo, alimentada constantemente por
la oración, la escucha de la Palabra y la participación
asidua en la Eucaristía, las primeras generaciones cristianas pudieron superar
aquellas dificultades y consiguieron fecundar la historia humana con
la novedad del Evangelio, derramando, tantas veces, la propia sangre.
No digo que la evangelización sea una labor titánica.
De acuerdo, si lo es, pero la evangelización más
importante es aquella que precisamente tenemos a nuestro alcance: en
nuestros hogares, nuestros colegios, nuestras grupos de amigos. El Señor
va mostrando poco a poco los pasos a seguir, iniciar
con El un peregrinar por los lugares a dónde quiso
que llevara su imagen que El mismo inspira para
dibujarla y luego mostrarla.
Así empiezas a darte cuenta de
los problemas que se viven en cada hogar, en cada
familia, en cada personalidad.
Las experiencias cotidianas que Jesús va
mostrando nos envían a diferentes actividades como el llevar palabras
de consuelo a los angustiados, atender a enfermos, orar por
los moribundos, escuchar ancianos, hablarles del amor de Jesús a
familias alejadas de la oración, invitar a familiares y vecinas
para asistir al taller de oración y vida, colaborar por
Internet con reflexiones y a través del correo electrónico, llevando
ropa y alimentos a la iglesia para los necesitados,
o personalmente a los niños de la calle y lo
más importante que se ha convertido en algo necesariamente indispensable
para mí como es el asistir a la COMUNIÓN con
Dios en la Eucaristía, porque El me fortalece espiritualmente en
esa unión; en fin sigo haciendo lo que el Señor
me manda a través de la lectura de su
palabra durante mis oraciones diarias y según las circunstancias que
me va presentando; simplemente es ponerle atención, dejándonos guiar por
su Espíritu Santo.
Tal vez piensas, ¿pero dónde está la
palabra de Dios en esto? Te diré donde: en nuestros
actos. La palabra viva,la palabra en acción evangeliza mejor que
la palabra escrita. Sólo transmitís un mensaje si podes comprobar
que es real. Ahora bien, es muy cierto que
existirán muchas piedras en el camino. En Marcos 16,20 dice
"Y los discípulos salieron a predicar por todas partes
CON LA AYUDA DEL SEÑOR, el cual CONFIRMABA su
mensaje CON LAS Señales que lo acompañaban."
En
esta parte de la Palabra, se nota claramente que la
Predicación acompañada por hechos se convierte en un signo. Los
milagros, sanaciones, etc. son los signos en los que el
Señor muestra no sólo su amor por nosotros, sino también
es la forma en la cual el Señor CONFIRMA
la autenticidad del mensaje, es la AYUDA que el Señor
da a los que predicamos el Evangelio y damos testimonio
de la resurrección del Señor. Las promesas son actuales
son para hoy. Y son para vos. Levanta tú que
duermes y pedí a Dios GRAN PODER para evangelizar,
pide GRAN PODER para dar testimonio de que Jesús
resucitó y que vive en vos, en tu corazón. Que
tiemble la Tierra al escuchar tu oración como tembló con
la de los discípulos.
El mundo necesita testigos que
prediquen y testifiquen con GRAN PODER. En esta época
nos preguntamos ¿Dónde está el Dios de Elías? que realizaba
enormes prodigios, con su debida diferencia también nos preguntamos ¿Dónde
está el Dios del P. Emiliano Tardiff? ¿Dónde? y la
pregunta correcta no es esa, sino ¿Dónde hay más
Elías? ¿Dónde hay más Emilianos Tardiff?. Repito, las promesas son
actuales, son para hoy y son para vos. Levántate tú
que duermes y sigue al Señor y pide su Poder
para Evangelizar.
Este milenio ha conocido el encuentro
entre dos mundos, marcando un rumbo inédito en la historia
de la humanidad. Es el milenio del encuentro con Cristo,
de las apariciones de Santa María de Guadalupe en el
Tepeyac, de Nuestra Señora en Luján, la primera evangelización
y consiguiente implantación de la Iglesia en América. Esta fe,
vivida cotidianamente por numerosos creyentes, será la que anime
e inspire las pautas necesarias para superar las deficiencias
en el progreso social de las comunidades, especialmente de
las campesinas e indígenas; para sobreponerse a la corrupción
que empaña tantas instituciones y ciudadanos; para desterrar el
narcotráfico, basado en la carencia de valores, en el ansia
de dinero fácil y en la inexperiencia juvenil; para poner
fin a la violencia que enfrenta de manera sangrienta
a hermanos y clases sociales.
Sólo la fe en Cristo
da origen a una cultura opuesta al egoísmo y a
la muerte.
¿Es verdad que el mundo en el que
vivimos es al mismo tiempo grande y frágil, excelso pero
a veces desorientado? ¿Se trata de un mundo avanzado en
unos aspectos pero retrógrado en tantos otros? Y sin embargo,
este mundo -nuestro mundo- tiene necesidad de Cristo, Señor de
la historia, que ilumina el misterio del hombre y con
su Evangelio lo guía en la búsqueda de soluciones a
los principales problemas de nuestro tiempo.
Porque algunos poderosos
volvieron sus espaldas a Cristo, este siglo que concluye
asiste impotente a la muerte por hambre de millones
de seres humanos, aunque paradójicamente aumenta la producción agrícola
e industrial; renuncia a promover los valores morales, corroídos progresivamente
por fenómenos como la droga, la corrupción, el consumismo desenfrenado
o el difundido hedonismo; contempla inerme el creciente abismo entre
países pobres y endeudados y otros fuertes y opulentos;
sigue ignorando la perversión intrínseca y las terribles consecuencias
de la "cultura de la muerte"; promueve la ecología,
pero ignora que las raíces profundas de todo atentado a
la naturaleza son el desorden moral y el desprecio del
hombre por el hombre.
La evangelización, tarea primordial, misión
y vocación propia de la Iglesia, nace precisamente de la
fe en la Palabra, que es la luz verdadera que
ilumina a todo hombre que viene a este mundo.¿Cuántos hoy
se encuentran unidos a Cristo?,¡siéntanse responsables de difundir esta luz
que han recibido! Los discípulos de Cristo deseamos que prevalezca
la unidad y no las divisiones; la fraternidad y no
los antagonismos; la paz y no las guerras. Esto es
también un objetivo esencial de la nueva evangelización.
Como
hijos de la Iglesia, debemos trabajar para que la sociedad
global que se acerca no sea espiritualmente indigente ni herede
los errores del pasado. Para ello es necesario decir sí
a Dios y comprometerse con Él en la construcción
de una nueva sociedad donde la familia sea un
ámbito de generosidad y amor; la razón dialogue serenamente con
la fe; la libertad favorezca una convivencia caracterizada por
la solidaridad y la participación. En efecto, quien tiene al
Evangelio como guía y norma de vida no puede permanecer
en una actitud pasiva, sino que ha de compartir y
difundir la luz de Cristo, incluso con el propio sacrificio.
La nueva evangelización será semilla de esperanza para el nuevo
milenio si nosotros, católicos de hoy, nos esfuerzamos en transmitir
herencia de valores humanos y cristianos que han dado
sentido a nuestra vida.
Hombres y mujeres que con
el paso de los años han acumulado preciosas enseñanzas de
la vida tienen la misión de procurar que todos los
necesitados del divino mensaje, de la buena nueva de
Dios, reciban una sólida formación cristiana durante su preparación
intelectual y cultural, para evitar que el pujante progreso
les cierre a lo trascendente. En fin, preséntense siempre como
infatigables promotores de diálogo y concordia frente al predominio
de la fuerza sobre el derecho y a la indiferencia
ante los dramas del hambre y la enfermedad que
acucian a grandes masas de la población.
Los jóvenes y
muchachos que miramos hacia el mañana con el corazón lleno
de esperanza, estamos llamados a ser los artífices de la
historia y de la evangelización ya en el presente y
luego en el futuro. Una prueba de que no hemos
recibido en vano tan rico legado cristiano y humano será
la decidida aspiración a la santidad, tanto en la
vida de familia que muchos formarán dentro de unos años,
como entregándose a Dios en el sacerdocio o la vida
consagrada si somos llamados a ello.
El Concilio Vaticano
II nos ha recordado que todos los bautizados, y no
sólo algunos privilegiados, están llamados a encarnar en su existencia
la vida de Cristo, a tener sus mismos sentimientos y
a confiar plenamente en la voluntad del Padre,entregándose sin reservas
a su plan salvífico, iluminados por el Espíritu Santo,llenos de
generosidad y de amor incansable por los hermanos, especialmente los
más desfavorecidos.
El ideal que Jesucristo propone y enseña
con su vida es ciertamente muy alto, pero es el
único que puede dar sentido pleno a la vida. Por
eso, desconfiemos de los falsos profetas que proponen otras metas,
más confortables tal vez, pero siempre engañosas.¡No se conformen con
menos! Nosotros, jóvenes de México y de Argentina, hemos
de procurar que el mundo que un día se nos
confiará esté orientado hacia Dios, y que las instituciones políticas
o científicas, financieras o culturales se pongan al servicio
auténtico del hombre, sin distinción de razas ni clases sociales.
La sociedad del mañana ha de saber gracias a
nosotros, por la alegría que dimana de nuestra fe cristiana
vivida en plenitud, que el corazón humano encuentra la paz
y la plena felicidad sólo en Dios.
Como buenos cristianos, hemos
de ser también ciudadanos ejemplares, capaces de trabajar junto con
los hombres de buena voluntad para transformar pueblos y
regiones, con la fuerza de la verdad de Jesús y
de una esperanza que no decae ante las dificultades. Traten
de poner en práctica el consejo de San Pablo: "No
te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al
mal con el bien" (Rm 12, 21).
"Yo estoy con
Ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt
28, 20). En nombre del Señor, vayamos decididamente a evangelizar
el propio ambiente para que sea más humano,fraterno y solidario;
más respetuoso de la naturaleza que se nos ha encomendado.
Contagiemos la fe y los ideales de vida a todas
las gentes del Continente, no confrontando inutilmente, sino con el
testimonio de la propia vida.
Revelemos que Cristo tiene palabras de
vida eterna, capaces de salvar a los hombres de
ayer, de hoy y de mañana. Revelemos a nuestros hermanos
el rostro divino y humano de Jesucristo, Alfa y Omega,
Principio y Fin, el Primero y el Último de toda
la creación y de toda la historia, también de la
que estamos escribiendo con nuestras vidas.
Si tienes alguna duda, conoces algún caso que
quieras compartir, o quieres darnos tu opinión, te esperamos en
los FOROS DE CATHOLIC.NET donde siempre encontrarás a alguien
al otro lado de la pantalla, que agradecerá tus comentarios
y los enriquecerá con su propia experiencia.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR