La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Demasiadas seguridades...
Vale más sufrir por culpa de un gesto de amor que morir de pena en una burbuja de seguridades
Demasiadas seguridades...
El mundo tecnológico quiere seguridades, garantías. Una nevera está asegurada
por 3 años, una computadora por 1 año, una caja
de pastillas nos recuerda la fecha de caducidad, y un
libro no nace sin haber recibido un número extraño y
ser registrado en una oficina de derechos de autor, para
que todo esté “bajo control”.
En el mundo de los médicos
es cada vez más frecuente que el paciente tenga que
firmar documentos que no entiende del todo. Firma que acepta
que se registren sus datos en una computadora. Firma que
sabe que tal operación tiene unos riesgos. Firma (quizá no
muy seguro) que no es alérgico a este tipo de
anestesia. Incluso alguna vez le pedirán que firme que, si
muere, ni él (obviamente) ni su familia harán ningún juicio
contra el hospital por los daños sufridos...
Lo mismo está pasando
con los juguetes, el puesto de trabajo, la comida o
los coches. Se obliga a algunas fábricas a introducir en
las cajas de regalos tarjetas como esta: “No dejar en
manos de niños menores de tres años”. “No permitir que
los niños introduzcan este juguete en la boca”. Si algún
producto no ha dado el aviso, no faltará quien acuse
a la fábrica porque un niño se clavó en la
garganta la espada de un soldadito de plomo, o se
tragó una canica con sabor desconocido... Habrá compañías que obliguen
a sus empleados a firmar que aceptan el riesgo de
caerse por la escalera, o de perder parte de su
vista por pasar 7 horas diarias delante de una computadora,
o de contaminarse por estar trabajando con una nueva sustancia
química.
Desde luego, cierta prudencia es no sólo útil sino necesaria.
Si existen peligros, hay que avisar. Pero no debemos llevar
las cosas al extremo. Sería ridículo que llegue el día
en el que antes de tomar un ascensor tengamos que
firmar un documento en el que aceptemos todo lo que
pueda pasar en el trayecto de subida o de bajada;
o que en algunos restaurantes nos entreguen una ficha con
estos avisos: “el cliente asume los riesgos anexos a la
deglución de cada uno de los alimentos que le sean
ofrecidos...”
En el fondo, tenemos que confesar que mil garantías no
son capaces de eliminar los peligros más imprevistos de la
jornada. Las salidas de emergencia no son suficientes para evitar
que mueran decenas de personas en el incendio de una
discoteca. Los extintores no pueden hacer nada ante un avión
que cae sobre unas casas. Los cinturones de seguridad sirven
de muy poco cuando nos embiste un camión a 120
kilómetros por hora...
Con realismo y con prudencia hay que promover
medidas de seguridad, pero sin ahogar la vida social, sin
pretender que todo quede bajo control. Son más los peligros
imprevistos que los que puedan ser prevenidos. Tal vez el
querer tenerlo todo bajo control puede producir más problemas que
soluciones.
Por eso, cuando ocurra una desgracia, en algunas ocasiones habrá
que buscar responsabilidades, analizar fallos, revisar leyes. En otras, simplemente,
habrá que aceptar que el mismo bajar una escalera implica
un poco de riesgo y de aventura. Quedarse encerrado en
casa para evitar peligros imprevistos es perder la posibilidad de
amar y de construir un mundo mejor. Tal vez un
día nos rompamos una pierna por ir a visitar a
un familiar enfermo, pero vale más sufrir por “culpa” de
un gesto de amor que morir de pena en una
burbuja de seguridades y garantías que no nos dejen hacer
nada...
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR