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Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Software de santidad cristiana
Si después del mes no consigues ser santo, revisa si has cumplido todas las instrucciones
Software de santidad cristiana
Manuel no lo podía creer: ¡un programa de computación para
ser santos!. Además, según decía la presentación, “de modo seguro
y con dificultades, en un mes”. Lo normal es que
te digan “de modo fácil”, pero lo de las dificultades
estimuló a aquel joven de 17 años.
Tomó en seguida aquella
caja. Fue a la computadora. Introdujo el cdrom y empezó
a correr la presentación. Como saludo inicial, aparecieron un Cristo
crucificado, una tumba abierta y una silueta de la Virgen.
Sonaban las notas de una música desconocida pero serena, como
un Ave María lleno de lirismo.
En la parte superior derecha
brillaba de modo intermitente una especie de corona como esa
que ponen a los santos en las imágenes. Manuel apretó
allí, y apareció una nueva pantalla:
“Es muy fácil ser santo,
pero exige mucha voluntad. ¿Te atreves?” El sí y el
no se encendieron a los lados.
Manuel apretó el sí. “¿Seguro
que tienes voluntad? Este programa no vale para personas inconstantes”.
Con
un nuevo sí entró en el siguiente menú: “Condiciones de
uso”. El preámbulo era severo:
“Para iniciar el camino hacia la
santidad hay que recordar lo que Dios nos pide en
los Mandamientos y lo que Jesús nos enseña en el
Evangelio, especialmente las bienaventuranzas. ¿Sabes cuáles son los Mandamientos?
¿Conoces las bienaventuranzas?” Al final, una flecha permitía pasar al
siguiente menú.
Manuel pudo leer así los diez mandamientos (Deuteronomio 5,
6-21) y las bienaventuranzas (evangelio según san Mateo, capítulo 5).
El programa parecía exigente: “Amarás al Señor tu Dios...” Cada
mandamiento tenía un tono claro y comprometedor. Luego, las bienaventuranzas:
felices los que tienen hambre de la justicia, los mansos,
los limpios de corazón, los misericordiosos...
Acabada esta parte del software,
apareció un texto:
“Ya conoces el programa de Cristo en sus
líneas generales. Te falta por leer todo el Evangelio y
el Catecismo de la Iglesia Católica. ¿Te comprometes a hacerlo?”
Después de dar el sí, brilló una nueva pregunta: “¿Estás
seguro? Te advierto que no es fácil, que tendrás que
dejar cosas que te gustan y que muchos empezarán a
reírse de ti”. Manuel volvió a apretar el sí.
“Te quedan
dos pasos importantes. El primero consiste en vivir muy cerca
del Espíritu Santo, dialogar continuamente con Él, tomar todas las
decisiones bajo su consejo. ¿Aceptas?” Tras apretar el sí Manuel
se encontró con una pantalla imprevista: “¿De verdad sabes quién
es el Espíritu Santo? Si no lo sabes, lee el
Catecismo” (con un enlace que permitía acceder a una explicación
sobre el Espíritu Santo).
Manuel, que había estudiado algo de religión,
que había ido a clases muy buenas de catequesis para
prepararse a la confirmación, dijo que sí. Entonces el programa
le llevó a la última etapa.
“El segundo paso es que
tienes que comprometerte a vigilar y rezar. Vigilar para no
caer en tentación. Si caes alguna vez, aprieta aquí [y
se habría una pantalla en la que se explicaba el
sacramento de la confesión]. Luego, rezar, porque sólo Dios es
Santo, sólo Dios puede darte la santidad”. [Y aparecía un
enlace que llevaba a la explicación de la oración cristiana].
“¿Estás
listo para empezar?” Manuel volvió a decir que sí. La
penúltima pantalla decía así:
“¡Felicidades por tu valor! Ahora te queda
un mes para probar. Si después del mes no consigues
ser santo, revisa si has cumplido todas las instrucciones. Si
las has llevado a cabo y aún no eres santo,
tienes derecho a que te devuelvan el dinero, pero te
aseguramos que no habrás perdido tu tiempo...”
Un cuadro en el
centro de la parte inferior brillaba con estas palabras: “No
olvides que...” Manuel apretó encima y apareció el último menú,
con una hermosa imagen de la Virgen:
“Recuerda: la Virgen María
es nuestra Madre. No dejes de tratarla con cariño. Ella
es la más buena y más santa entre los seres
humanos. Ser santos consiste, simplemente, en cogerse de su mano
y repetir como Ella, en cada momento, en cada situación:
‘He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según
tu palabra’”.
Postdata: Algunos usuarios han enviado observaciones para mejorar el
software. Una es sumamente importante: para ser santo hay que
tener corazón de niño... Si Dios quiere y el tiempo
lo permite, en un futuro se podría lanzar a la
red la versión 2.0 del programa...
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