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Autor: Germán Sánchez Griese Los nuevos enemigos: los kamikazes
Jóvenes que dan la vida por un ideal equivocado
Las llamas se alzaban en el rascacielos de una
de las torres gemelas de Nueva York. Los ojos del
mundo estaban sobre ella. Cámaras de televisión, reporteros, Internet. Todos
los medios de comunicación movilizados para captar lo impensable. Minutos
después, ante el horror y la impotencia de millones de
testigos que seguían los acontecimientos, un avión se abate sobre
la segunda torre del World Trade Center. Deja tras de
sí una bola de fuego en el aire y una
conmoción indescriptible. ¿Qué está sucediendo? ¿Es el fin del mundo?
¿La tercera guerra mundial ha comenzado? Y para confirmar los
vagos presentimientos que merodean en la mente de quienes asistían
a esta caricatura de lo real un tercer avión cae
en el Pentágono.
Los Estados Unidos se apresuran a declarar la
guerra. ¿Contra qué, contra quiénes? ¿Son los kamikazes los nuevos
enemigos de la democracia y de la libertad? ¿En dónde
se esconden? ¿Dónde maquinan sus planes perversos? ¿Quiénes los ayudan
o los encubren para llevar a cabo sus acciones? ¿Irán
a castigarlos a Afganistán? ¿Se encontrarán en los bazares de
Teherán, en la franja de Gaza o a orillas del
Nilo? ¿Habrá resucitado Libia sus antiguos planes? ¿No tendrán conexión
con la ETA o el IRA? ¿Se dará por fin
un duro golpe al terrorismo? ¿A cuál terrorismo? ¿Al árabe,
al mundial?
El mundo entero se une con extraordinaria solidaridad al
pueblo que ha probado en su propia casa el terror
de los kamikazes, jóvenes la mayoría de ellos que en
aras de un patriotismo se inmolan en un acto sanguinario
para sembrar la confusión y el desorden. Jóvenes sin pasado
y sin futuro pero con un ideal muy claro y
muy fuerte en sus vidas. Jóvenes que dan su vida
por ese ideal. Cierto. Un ideal equivocado. Un ideal nefasto.
Pero un ideal que da sentido a su actuar y
a su vivir.
Un kamikaze no se improvisa de la
noche a la mañana. En España, Irlanda o en el
mundo árabe cada día se incuban nuevos kamikazes dispuestos a
sacrificar sus vidas por estos ideales. El joven, lo sabemos,
es un campo fecundo para sembrar cualquier ideal. Basta cultivarlo
y abonarlo. Basta presentar con fuerza y convicción un ideal
del cual se convenza y así lo veremos realizar lo
que parece imposible: encadenarse a las vías de un tren
para impedir el paso de un vagón con deshechos nucleares
en Alemania, esgrimir un extintor y lanzarlo contra una patrulla
de carabineros en Génova, cubrirse la cara con una máscara
negra y lanzarse a las calles de Belfast para plantar
bombas en los bares, preparar cócteles molotov en pisos de
España.
El nuevo enemigo: los kamikazes. ¿Será cierto? Cuando el
espíritu vaga en la materia y los jóvenes se lanzan
a la calle para matar las horas, o pasan el
tiempo frente al televisor para comentar al día siguiente los
últimos avances de la programación de moda, cuando corren en
sus autos para no perderse la fiesta del fin de
semana y sus mentes vegetan en la nada porque han
hecho de la nada su estilo de vida; cuando confunden
placer y bienestar con felicidad... es que no hay ideal
en sus espíritus y por eso están marchitos en la
plena juventud de sus vidas. Campo propicio para el cultivo
de ideales materialistas y violentos.
Y sin embargo la tierra es
fértil. Hay que cultivarla y abonarla. Presentar a su espíritu
una idea, una doctrina, una persona y motivar, motivar,
para que se convierta en un ideal. También recuerdo otros
jóvenes kamikazes, los del Encuentro Mundial de la Juventud, que
en agosto de 2000 en el encuentro con el Papa
mostraban un rostro diferente de la juventud. ¿Cuántos jóvenes no
han dado su vida por el Evangelio? ¿Cuántos jóvenes no
se han lanzado a tierras de misión por escuchar una
voz que dijo que faltaba gente para sembrar? ¿Cuántos han
dejado a sus espaldas padre, madre, hermanas y hermanos por
seguir a una persona y luchar por el ideal de
la evangelización? ¿Qué diferencia hay entre los jóvenes de la
ETA, del IRA, del Antiglobal, del Greenpeace, los “skinheads” y
los jóvenes de Tor Vergata del cálido ferragosto romano del
Jubileo?
Y me vuelvo a preguntar: ¿quién es el verdadero enemigo?
¿Los kamikazes? ¿El terrorismo? ¿No será más bien la falta
de ideales, de valores, en pocas palabras la falta de
Cristo en el mundo, de jóvenes que sepan dar su
vida por la persona de Cristo?
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