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Autor: Juan Verdejo | Fuente: Catholic.net ¿Cómo puedo yo estar llamado a la santidad, si soy una calamidad?
La santidad a la que estamos llamados todos los seres humanos se puede dar en muchos frentes y en un gran abanico de posibilidades
¿Cómo puedo yo estar llamado a la santidad, si soy una calamidad?
¿Podemos ser todos santos?, ¿Estamos todos llamados a la
santidad?... es una cuestión que me da vueltas en la
cabeza, y que anoche no me dejó dormir bien.
¿Cómo es
posible que pueda yo estar llamado a la santidad, si
soy una calamidad?
Después de mucho pensar, llegué a la conclusión
de que sí, pues desde el momento en que leí
la vida de San Agustín, me identifiqué un poco con
su vida. Ahora la cuestión es si será demasiado tarde
para pavimentar este camino y si encontraré los medios necesarios
para llegar al final de este recorrido.
La santidad a la
que estamos llamados todos los seres humanos se puede dar
en muchos frentes y en un gran abanico de posibilidades,
pues no necesariamente se debe llevar a cabo en la
vida consagrada religiosa o sacerdotal, también es un muy buen
medio la vida marital, la vida laboral, en la vida
cotidiana; con el ejemplo de rectitud de vida, de conciencia,
de actos, hacer las cosas sin un doble sentido, pensando
en que si yo estuviera en la posición de la
otra persona no me gustaría ser tratado de tal o
cual manera.
Cristo, en sus tres años de vida pública, me
dice esto mismo, pues a todos los trataba de una
forma digna, a veces dura, pero sin faltar al respeto;
en sus parábolas nos dice que tenemos que morir a
nosotros mismos para dar frutos y en esto veo otro
medio de santificación. Cristo llévame de tu mano en este
camino, para que nunca más pueda apartarme de tu lado,
pues tú nunca me dejaste y yo si me aleje
de ti.
Todos estamos llamados a ser santos de una forma
u otra, ahora el tema es saber aceptarlo y asumir
esta realidad que nos toca vivir, pues es un llamado
fuerte y claro, con el cual no podemos hacernos los
sordos, ciegos y mudos ante esta verdad.
Tenemos que ser obreros
de la vid del Señor
Tenemos que ser el administrador que
vela mientras el amo no está
Tengo que ser como el
trabajador que duplicó los dones entregados por su Señor
Tengo que
ser como la mujer que tenía una hemorragia y confia
en el señor y la sana
Tengo que ser como Juan
El Bautista identificado con el reino de los cielos
Tengo que
ser como María que siempre dijo sí a la voluntad
de Dios
Tengo que ser como Pedro con su ímpetu para
con su Señor
Tengo que ser sabio como San Pablo
Tengo que
ser dócil como un niño
Tengo que tener una fe ciega
en Dios y un espíritu dócil para escuchar su voz
y sin duda alguna me santificaré.
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