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Autor: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Catholic.net 14 de febrero, día del ser humano
Los actos de amor sólo los produce y percibe el alma
14 de febrero, día del ser humano
Nadie ha visto al amor caminando por París. Nadie ha
visto al amor gastar la vida en un arduo y
agotador trabajo con tal de llevar pan y vestido al
hogar donde esperan los hijos. Nadie ha visto al amor
acariciar una nueva vida que abre los ojos al mundo
ni nadie ha visto tampoco al amor dar el último
adiós a la persona amada tras años felices de matrimonio.
No, al amor no lo ha visto nadie. Y es
que al amor nadie lo puede ver con los ojos
externos; se percibe, pero no con los ojos del cuerpo,
sino con los del alma.
Sí hemos visto a dos enamorados
pasear tomados de la mano regalándose besos como si estuvieran
en oferta y sabemos que ahí hay amor. También hemos
visto al padre de familia que trabaja de sol a
sol, incluyendo los días nublados, hasta el cansancio por
sus hijos, su esposa, sus padres, porque a ello le
mueve el amor. También hemos visto la inigualable caricia materna
al niño que abandona el seno para entrar en la
escena de este mundo. Hemos visto la mano de uno
de los cónyuges enjugando las propias lágrimas que expresan, en
un sentido adiós, la gratitud por la fidelidad vivida, los
momentos tristes y alegres en que estuvieron unidos.
No hemos visto
el amor pero sí sus manifestaciones. Por eso festejamos al
amor no en abstracto sino en lo concreto del único
ser capaz de amar: la persona humana. Tan importante es
festejarlo que se le ha dedicado un día. Esta celebración,
en última instancia, nos deja ver nuestro gozo convertido en
fiesta, nuestra intención, a veces empequeñecida por el utilitarismo, la
publicidad y la mercadotecnia, que busca decir que el hombre
no es pura materia sino que la trasciende, que tiene
aspiraciones, que sabe que su vida no se agota en
este paso fugaz por la tierra. Y es que somos
capaces de amar y esta capacidad no es propia de
nuestras manos, lengua, oídos: de ningún sentido físico. Los actos
de amor sólo los produce y percibe el alma; alma
que nos habla de la magnitud, de la estatura, del
valor del ser humano; alma que nos lleva a defender
y pregonar el valor y dignidad del hombre.
Cada vida es
única e irrepetible. Toda vida es digna de amor y
fuente de amor. El 14 de febrero no celebramos al
amor en abstracto sino al amor en concreto. Y esto
vale lo mismo para la nueva vida recién concebida, para
el feto de 12 semanas, que para el enfermo postrado
en cama y el ancianito que regala sus últimas sonrisas.
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