La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic net Tener amigos
La amistad empieza precisamente allí donde el trato descubre que el otro vale, que es un “tesoro”, que merece todo mi amor.
Tener amigos
Otra vez suena el portátil. ¿Quién será? Veo el número,
el nombre. Una sonrisa aparece en mis labios: ¡un amigo!
Muchas
veces quisiéramos tener un buen amigo: alguien que piense en
nosotros, que esté a nuestro lado, que comparta los propios
sueños y aventuras, al que podamos ayudar y que sea
el primero en darnos una mano.
La amistad implica siempre, como
mínimo, a dos personas: no hay amigos si solamente es
uno el que ama a otro. La amistad exige, por
lo tanto, correspondencia: dos para los buenos y malos momentos,
dos que caminan juntos, dos dispuestos a dar y recibir,
dos que saben ayudar y acoger la mano que viene
a levantar al caído.
La amistad empieza precisamente allí donde el
trato descubre que el otro vale, que es un “tesoro”,
que merece todo mi amor, mi tiempo, mis cansancios, mis
consejos. Porque su vida es maravillosa, porque “estoy hecho” para
amar, porque no puedo vivir solo, porque él también necesita
de mis manos y de mis sueños.
La Biblia canta la
belleza del amigo. Especialmente en el libro del Sirácide, donde
podemos leer estos versos:
“Si te echas un amigo, échatelo probado, y
no tengas prisa en confiarte a él. Porque hay amigo que
lo es de ocasión, y no persevera en el día de
tu angustia. Hay amigo que se vuelve enemigo, y descubrirá la disputa
que te ocasiona oprobio. Hay amigo que comparte tu mesa, y no
persevera en el día de tu angustia. Cuando te vaya bien,
será como otro tú, y con tus servidores hablará francamente; mas si
estás humillado, estará contra ti, y se hurtará de tu presencia. De
tus enemigos apártate, y de tus amigos no te fíes. El amigo
fiel es seguro refugio, el que lo encuentra, ha encontrado un
tesoro. El amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida
su valor. El amigo fiel es remedio de vida, los que temen
al Señor lo encontrarán. El que teme al Señor endereza su
amistad, pues como él es, será su compañero” (Sirácide 6,7-17).
Es especialmente
conmovedor el relato de la amistad entre Jonatán y David.
El primero, hijo de Saúl, vence la rabia de su
padre, está dispuesto a perder el trono con tal de
darse al amigo. El segundo, un hombre de campo, abre
su corazón al amigo, con la certeza de que no
será traicionado (cf. 1Sam 18,1-20,42).
El modelo más perfecto del verdadero
amigo es Cristo. Para Él, el Señor, no somos siervos,
sino amigos: por eso nos enseña todo lo que ha
escuchado del Padre. No busca sólo caminar entre los hombres,
sino que muestra su amor hasta dar la vida por
nosotros, para salvarnos, para el perdón de los pecados. Por
eso puede pedirnos que le amemos, que vivamos según su
doctrina y sus mandatos (cf. Jn 15,9-17). Jesús nos permite
descubrir que, realmente, Dios es amigo de los hombres (cf.
Sab 7,23 y Catecismo de la Iglesia católica nn. 1371
y 2665), que busca nuestro bien y desea nuestra correspondencia,
nuestra entrega de amor.
Tener amigos es un modo profundo y
rico para desarrollar y vivir la virtud de la castidad.
Así lo explica el Catecismo de la Iglesia católica (n.
2347):
“La virtud de la castidad se desarrolla en la amistad.
Indica al discípulo cómo seguir e imitar al que nos
eligió como sus amigos (cf. Jn 15,15), a quien se
dio totalmente a nosotros y nos hace participar de su
condición divina. La castidad es promesa de inmortalidad. La castidad
se expresa especialmente en la amistad con el prójimo. Desarrollada
entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la
amistad representa un gran bien para todos. Conduce a la
comunión espiritual”.
Tener amigos. Hoy puede ser un momento para recordar
tantos rostros, tantas sonrisas, tanto afecto recibido. Hoy, sobre todo,
puede ser un día dedicado a no pensar en si
soy querido, en si me han llamado más o menos
amigos al móvil.
Esta vez me toca a mí buscar, llamar,
ofrecer, esperar. Tomaré el teléfono, cogeré las llaves de casa,
saldré a ver a ese amigo, tal vez pobre o
enfermo, deseoso de mi mirada, de mi sonrisa, de mi
esperanza, de mi amor (que es caridad cristiana) sincero y
pleno. A ese amigo que lo merece todo, porque también
Cristo lo ha amado, y porque el mismo Cristo desea
que mi amor, pequeño y pobre, se una al Suyo,
capaz de redimir y de otorgar el gran don de
la paz y la alegría.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR