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Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net La conciencia, una guía en tu camino
Actúa siempre de cara a Dios
"¿Por qué la conciencia de los jóvenes no se
rebela contra el mal en la sociedad? ¿Por qué tantos
se acomodan en comportamientos que ofenden la dignidad humana
y desfiguran la imagen de Dios? Lo normal sería
que la conciencia señalara el peligro mortal que encierra el
hecho de aceptar tan fácilmente el mal y el pecado.
Y en cambio, no siempre sucede así. ¿Será porque la
misma conciencia está perdiendo la capacidad de distinguir el bien
del mal?
Jóvenes, no cedáis a esa falsa moralidad en
la que lo bueno es lo que me gusta o
me es útil y lo malo es lo que me
disgusta.. ¡No asfixiéis vuestras conciencias!"
Juan Pablo II. Homilía a los
jóvenes en Denver 14/8/93
La conciencia: luz que guía mi camino
La
conciencia es la capacidad que Dios nos ha dado de
distinguir el bien del mal y de inclinar nuestra voluntad
a hacer el bien y evitar el mal. La conciencia
es tu propia inteligencia humana cuando juzga prácticamente sobre la
bondad o la maldad de tus actos. Te ordena
en el momento oportuno, practicar el bien y evitar el
mal. Juzga las opciones concretas aprobando las buenas y denunciando
las malas.
La conciencia te dice a cada momento lo que
se debe y lo que no se debe hacer. Cuando
haces algo bueno, la voz de tu conciencia te aprueba,
cuando haces algo malo, esta misma voz te acusa y
condena sin dejarte en paz. Pero su función no se
limita a emitir un juicio después de que ya hiciste
algo, sino que valora tus decisiones antes de que actúes
y es testigo de tus actos.
La conciencia no es algo
que podamos ver o tocar. Sin embargo, podríamos compararla con
los elementos que forman un juicio: en él hay un
juez que da la sentencia, un testigo que dice qué
fue lo que pasó y una ley en la que
el juez se basa para dar el veredicto. La conciencia
es testigo de nuestros actos y para dar su sentencia
como juez, se basa en las leyes naturales que
Dios ha escrito en el corazón del hombre.
La conciencia recta
conoce la verdad. Está atenta para iluminarte en cada momento
de tu vida. Te aplaude cuando haces algo bueno y
te recrimina cuando haces algo malo para abrirte el camino
del arrepentimiento y del perdón. Una conciencia bien formada siempre
te invitará a actuar de acuerdo con tus principios y
convicciones, te impulsará a servir a los hombres, a promover
lo positivo y eliminar lo negativo.
¿Por qué se dice que
la conciencia es la voz de Dios?
Si tienes un momento,
aprovecha para ver dentro de ti y descubrirás que en
lo más profundo existe una ley que tú no escribiste.
Desde pequeño, sabías que ciertas cosas eran malas o no
permitidas, sin que nadie te lo hubiera dicho. Esta ley
fue puesta por Dios en tu corazón y la conciencia
la saca a relucir.
Por eso decimos que la conciencia es
la voz de Dios, porque es el mismo Dios el
que, al crear al hombre, le ha dado las leyes
en las que se basa la conciencia para emitir sus
juicios y dar sus consejos. Así que obedecer a la
conciencia es obedecer a Dios, por eso es importante seguir
siempre lo que ella nos dicta.
¿Puede la conciencia darme indicaciones
falsas?
Desgraciadamente tu conciencia no es infalible, puede equivocarse cuando se
ha deformado. Puede llegar a tener por bueno lo malo
dándote indicaciones falsas o simplemente dejando de dártelas. Esto
puede suceder por ignorancia, por los criterios del ambiente en
el que vives, por criterios falsos que hayas interpretado como
verdaderos o por debilidades repetidas.
Por eso es muy importante que
tu conciencia conozca la verdad. Debes educar tu conciencia,
formarla sólidamente para que te guíe hacia lo mejor: a
crecer hacia la madurez.
¿Cómo se llega a deformar la
conciencia?
Puedes estar seguro de que tu conciencia no se deformará
de un día para otro.
La deformación de la conciencia
generalmente es fruto de malos hábitos:
* Puedes deformar tu conciencia
poco a poco, sin darte cuenta, si aceptas voluntariamente pequeñas
faltas o imperfecciones en tus deberes diarios. A fuerza de
ir diariamente haciendo las cosas "un poco mal", llega un
momento en el que tu conciencia no hace caso de
esas faltas y ya no te avisa de que tienes
que hacer las cosas bien. Se convierte en una conciencia
indelicada, que va resbalando de forma fácil del "un poco
mal" al "muy mal".
* También puede suceder que deformes tu
conciencia a base de repetirle principios falsos como: "No hay
que exagerar", "Tómalo con calma", "Todo el mundo lo hace",
"A cualquiera le puede pasar". Se convierte así en una
conciencia adormecida, insensible e incapaz de darte señales de alerta.
Esto se da principalmente por la pereza o la superficialidad,
que te impiden entrar a ti mismo para analizar lo
que haces.
* Puedes convertir tu conciencia en una conciencia domesticada
si le pones una correa, con justificaciones de
todos tus actos, cada vez que quiera llamarte la atención,
por más malos que estos sean: "Lo hice con buena
intención", "Se lo merecía", "Es que estaba muy cansado", etc.
Es una conciencia que se acomoda a tu modo de
vivir, se conforma con cumplir con el mínimo indispensable.
* También
puede ser que tu conciencia sea una conciencia errónea, es
decir, que te dé señales falsas porque no conoce la
verdad. Esto puede ser por tu culpa o por culpa
del influjo del ambiente en el que vives.
Hay
varios tipos de conciencia errónea:
Conciencia ignorante. Es la que realmente
no sabe si los actos son buenos o malos y
permite que cometas actos malos sin darte cuenta de su
maldad. Es el caso de cuando no conoces una ley
y la quebrantas. Si no la conoces porque no tenías
forma alguna de conocerla, entonces no tienes ninguna culpa; pero
si no la conoces porque no querías conocerla, entonces
pecas como si la conocieras.
Conciencia escrupulosa. Para este tipo
de conciencia todo es malo. Es opresiva y angustiante pues
recrimina hasta una imperfección natural exagerándola como si fuera una
falta horrible.
Conciencia laxa. Es lo contrario de la escrupulosa. Este
tipo de conciencia minimiza las faltas graves haciéndolas aparecer como
pequeños errores sin importancia.
Conciencia farisaica. Es la que se preocupa
por aparentar bondad ante los demás mientras en su interior
hay pecados de orgullo y soberbia. Es hipócrita, quiere que
todos piensen que es buena y eso es lo único
que le importa. Se preocupa de cumplir las normas y
reglas exteriores y se olvida de la caridad y de
la justicia. Reza mucho, pero es la que más critica
a los demás.
¿Cómo puedo darme cuenta de que mi conciencia
está deformada?
Hay tres reglas importantes que debe seguir toda conciencia
recta:
1. Nunca puedes hacer el mal para obtener un bien.
En otras palabras: el fin no justifica los medios.
2.
No hagas a otros lo que no quieres que te
hagan a ti, o visto en forma positiva: trata a
los demás como te gustaría que ellos te trataran.
3. Respeta
siempre los actos de los demás y los juicios de
su conciencia. Esto quiere decir que tu conciencia no debe
juzgar los actos de los demás, sino únicamente los tuyos.
"Cree todo el bien que oye y sólo el mal
que ve."
Si te das cuenta de que tu conciencia viola
alguna de estas reglas y no te avisa en el
momento adecuado, ni te recrimina por ello, es muy factible
pensar que está desviada o deformada.
Al percibir esto, lo
mejor es poner enseguida manos a la obra para mejorar,
teniendo en cuenta los siguientes tres aspectos:
1. Tienes obligación de
formar tu conciencia de acuerdo con tus deberes personales, familiares,
de estudiante y ciudadano; los 10 mandamientos, los mandamientos de
la Iglesia y todas las responsabilidades que hayas contraído libremente.
Esta obligación es tuya y nadie la puede cumplir en
tu lugar.
2. Es necesario que actúes siempre con conciencia cierta,
es decir, que los juicios de tu conciencia sean seguros
y fundados en la verdad. Por ello debes, estudiar y
preguntar cómo actuar correctamente.
3. Nunca olvides que si tu conciencia
está deformada sin que tú seas culpable de ello, como
podría ser porque alguien te aconsejó con criterios falsos, entonces
la responsabilidad de tus actos es menor, pero si tu
conciencia está deformada por tu propia decisión o negligencia, por
no haber puesto los medios para formarla, entonces la responsabilidad
de tus actos y su culpabilidad es mayor.
¿Qué puedo hacer
para formar mi conciencia?
* Estudia el Evangelio y el Catecismo,
infórmate de qué tratan los documentos del Papa y de
la Iglesia. Recuerda que el pretexto de "es que nadie
me lo había dicho", no sirve como excusa ante Dios,
pues es propio de una persona madura formarse e informarse
de las normas que deben regir su vida.
* Reflexiona antes
de actuar. No te guíes por tus instintos o por
los slogans que oyes, sino por convicciones serias y profundas.
Recuerda que tampoco es buen argumento el "creí que era
bueno porque todo el mundo lo hace".
* De vez en
cuando revisa tu vida, buscando lo que Dios quiere de
ti y viendo en qué puedes estar fallando.
* Pide ayuda
y consejo a alguien que conozca bien su fe. Puede
ser un sacerdote. Una visión objetiva y externa de tu
vida siempre será útil. Muchas veces puedes estar ahogándote en
un vaso de agua, pero verdaderamente te estás ahogando. Necesitas
alguien que te diga que es sólo un vaso y
te saque de él.
* Nada mejor que un buen examen
de conciencia seguido por una buena confesión. Si te confiesas
frecuentemente, tu conciencia se irá haciendo más delicada y más
sensible a la voz de Cristo y a tus pequeñas
faltas. Si esperas a tener un pecado "gordo" para confesarte,
tu conciencia irá perdiendo sensibilidad a los detalles será cada
vez más tosca y burda.
* Sé sincero contigo
mismo, con Dios y con la persona que te guíe
espiritualmente. Llámale a cada cosa por su nombre, sin tratar
de justificar lo que haces o de darle nombres disfrazados
que aparentemente le quitan importancia a los fallos y aún
a los pecados graves.
* Actúa siempre de cara a Dios,
con ganas de darle gusto a Él y no a
los demás. Los criterios de los amigos, del "qué
van a pensar de mí" o de "es la moda",
no son criterios que justifiquen una mala acción.
* No te
desanimes ante las caídas, aunque sean muy profundas. Aprende siempre
a comenzar de nuevo. Nunca te dejes llevar por el
"ya no lo voy a intentar, pues siempre vuelvo a
caer en lo mismo".
* Forma hábitos buenos. Programa tu vida
y tu tiempo y no te permitas ninguna imperfección voluntariamente
aceptada.
Algunos grupos que promueven las "dinámicas de grupo" utilizan el
chantaje emocional y tratan de manejar los afectos de los
personas, presionándolos a hacer cosas indebidas y los terminan llevando
a una pérdida total de su identidad y de sus
convicciones personales. Te dirán que eres demasiado radical y "atrasado"
si crees en el pecado. Que eres "mocho" si no
te prestas con ellos para cosas que sabes que te
alejarán de Dios. Si tienes una conciencia clara y
el deseo de ser verdaderamente santo, podrás defenderte y hacer
frente a la presión y chantaje que los demás desean
imponer sobre ti.
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