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Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net No somos lo que queremos ser
La vida da muchas vueltas, y nosotros, en ella, nos sentimos a veces arrastrados por las circunstancias
No somos lo que queremos ser
“Y una lucecita que apenas se ve cuando estoy a
solas va diciéndome que no soy yo, que aun no soy
yo”.
Reflexionamos sobre estos versos de una famosa canción. Hay algo
en nuestros corazones que nos interroga continuamente, que nos pone
ante lo que hacemos, lo que nos preocupa, lo que
queremos, lo que soñamos, y nos dice que todavía hay
que caminar, hay que conquistar nuevas metas, hay que ir
hacia montañas lejanas.
No somos nunca en plenitud lo que quisiéramos
ser. Ese es uno de nuestros grandes problemas. A la
vez, ese problema es una gran esperanza: lo más triste
en la vida es sentarse sobre lo alcanzado sin ninguna
ilusión por superarse, porque hemos sepultado esa ilusión como si
se tratase sólo de algo transitorio, de un síntoma de
la adolescencia.
Pero con más profundidad que esa inquietud interna, que
esa insatisfacción por lo que puede ser lo monótono de
cada día, nos toca, nos ilusiona, nos proyecta, esa mirada,
esa cercanía de un Dios que desea la vida, la
plenitud, la felicidad, la superación de cada uno de sus
hijos.
Hay momentos en los que esa mirada se hace más
fuerte, más intensa. Un acontecimiento, la sonrisa inesperada de quien
pensábamos era enemigo, la llamada por teléfono de mamá o
de papá que nos vuelven a recordar que somos hijos
y que podemos ser buenos, la noticia de un acontecimiento
imprevisto que cambia nuestros planes y nos recuerda lo caduco
que es todo aquí abajo.
La vida da muchas vueltas, y
nosotros, en ella, nos sentimos a veces arrastrados por las
circunstancias. Dejamos de lado lo esencial y perdemos de vista
el horizonte, la plenitud que nos espera. Mientras, a lo
largo del camino, una lucecita nos sigue diciendo, con respeto,
pero con insistencia, que no acabamos de ser lo que
Dios desea de nosotros, que nos falta mucho para mirarnos
en el Sagrario y alcanzar esa plenitud a la que
nos invita Jesús de Nazaret, Hombre perfecto y Dios amigo.
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